Minerales críticos: alerta por nueva dependencia global tras crisis petrolera en Ormuz

La creciente tensión energética mundial, gatillada por la interrupción del flujo de hidrocarburos en el Golfo Pérsico, está reconfigurando el debate sobre la transición energética. En este contexto, el presidente de Guyana, Irfaan Ali, lanzó una advertencia que resuena con fuerza en la industria minera: el rápido abandono de los combustibles fósiles podría generar una nueva dependencia estructural, esta vez de minerales críticos como el cobre, el litio y el cobalto. El planteamiento surge en medio del impacto global provocado por la crisis en el Estrecho de Ormuz, ruta por donde circula cerca del 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo. La disrupción elevó los precios del crudo a máximos de varios años, obligando a gobiernos y mercados a replantear sus estrategias energéticas en un escenario donde la seguridad de suministro vuelve al centro de la agenda.

De la dependencia del petróleo a la presión sobre los minerales

Durante su intervención en la Offshore Technology Conference en Houston, Ali planteó que el mundo no está eliminando la dependencia energética, sino trasladándola desde los combustibles fósiles hacia los recursos minerales. “No estamos eliminando la dependencia, la estamos reubicando”, afirmó, enfatizando que la transición energética implica pasar de un sistema intensivo en combustibles a uno intensivo en minerales.

Este cambio tiene implicancias directas para países productores de recursos naturales, especialmente en América Latina, donde se concentra una parte significativa de las reservas globales de cobre y litio. La creciente electrificación de la economía —impulsada por energías renovables, almacenamiento y electromovilidad— demanda volúmenes crecientes de estos insumos, tensionando cadenas de suministro que ya enfrentan desafíos geopolíticos y regulatorios.

Energías renovables: avance acelerado con riesgos emergentes

Mercados como China y la Unión Europea han intensificado sus inversiones en energía eólica y solar, en parte como respuesta a la volatilidad de los combustibles fósiles. Estas fuentes ofrecen ventajas en términos de generación local y reducción de emisiones, pero también implican una dependencia creciente de materiales estratégicos.

El cobre, fundamental para redes eléctricas, se mantiene cerca de máximos históricos, reflejando la presión de la demanda. En paralelo, minerales como el litio y el níquel —clave para baterías— muestran mayor volatilidad, aunque siguen siendo esenciales para la transición energética.

Ali advirtió que este escenario ya está impulsando fenómenos de nacionalismo de recursos, donde países buscan asegurar el control doméstico de minerales críticos. Esta tendencia podría traducirse en restricciones a la exportación, cambios regulatorios y una mayor competencia global por asegurar suministro.

Guyana: beneficiario del petróleo, pero con estrategia dual

En contraste con la presión por acelerar la transición, Guyana emerge como uno de los ganadores fiscales del actual ciclo alcista del petróleo. El país sudamericano, que produce cerca de 900.000 barriles diarios apenas seis años después de iniciar su explotación, proyecta un aumento significativo de ingresos públicos gracias al alza del crudo.

Sin embargo, su estrategia no apunta a abandonar los hidrocarburos. Ali delineó un enfoque de “doble vía”, que combina la explotación de petróleo y gas con el desarrollo de energías renovables y de menor huella de carbono. El objetivo es asegurar el suministro actual mientras se construyen las bases del sistema energético futuro.

Seguridad energética y el concepto de “equilibrio”

Más allá del debate sobre transición, el mandatario propuso reemplazar ese concepto por el de “equilibrio energético”, subrayando que el desafío global no es solo descarbonizar, sino también garantizar suficiente energía para sostener el crecimiento económico y el bienestar social.

Entre los factores críticos que marcarán esta nueva etapa destacan:

  • Aumento sostenido de la demanda de minerales críticos

  • Mayor competencia geopolítica por recursos estratégicos

  • Riesgos de concentración de oferta en pocos países

  • Necesidad de inversión en exploración y desarrollo minero

  • Integración de energías tradicionales y renovables

La advertencia de Guyana instala una tensión clave para la minería global: el mismo proceso que impulsa la descarbonización podría abrir un nuevo ciclo de dependencia, esta vez anclado en la disponibilidad y control de los minerales que hacen posible la transición energética.

Compartir este artículo