NovaAndino Litio comenzó su vida operativa en Chile con un dato que ya está ordenando el tablero: un pago a Codelco por hasta US$80 millones asociado al desempeño 2025 y proyectado en escenarios de precio del litio que todavía dividen al mercado. La nueva sociedad —que toma el relevo de SQM Salar en el Salar de Atacama— no partió con discursos, sino con estructura: directorio de seis integrantes, comités definidos y una hoja de ruta interna que busca asegurar continuidad productiva mientras se instala un gobierno corporativo capaz de convivir con reguladores, comunidades y el escrutinio político. En paralelo, el traspaso operacional se mueve en escala industrial: 3.333 trabajadores, equipos técnicos históricos y un organigrama que combina experiencia de décadas en litio con perfiles especializados en hidrogeología, procesos y operación en salares. Todo ocurre con el telón de fondo de la Estrategia Nacional del Litio y la promesa de que Chile aumente su peso en la cadena global de baterías sin perder control estatal. Lo que se decida en estas primeras semanas —comités, controles, prioridades y flujo de caja— puede influir más que cualquier anuncio, porque define cómo se administrará la producción, el riesgo y la legitimidad del proyecto desde el primer día.
El hito: la sociedad conjunta ya está formalizada y apunta al Salar de Atacama hasta 2060
La creación de NovaAndino Litio no quedó en intención: fue formalizada como una sociedad conjunta tras la fusión de filiales de Codelco y SQM, dando origen a una empresa que realizará exploración, explotación, producción y comercialización de litio en el Salar de Atacama hasta 2060, según el comunicado oficial de Codelco sobre la materialización de NovaAndino Litio. A fines de diciembre se realizó la primera sesión de directorio y el Gobierno lo trató como un hito país: la Presidencia informó el evento encabezado por el Presidente Gabriel Boric que marcó el inicio de la sociedad conjunta en este comunicado oficial de la Presidencia. En el trasfondo regulatorio, la alianza venía avanzando con autorizaciones clave, incluyendo la aprobación de la Fiscalía Nacional Económica con medidas de mitigación, descrita en el documento público de la FNE sobre la operación Codelco–SQM. El mensaje de arranque fue continuidad operacional con control y gobernanza reforzada, en un negocio donde cada mes de incertidumbre se paga en producción y reputación.
Directorio y comités: seis nombres, un mapa de control y la lógica detrás de la gobernanza
En su primera sesión, NovaAndino Litio definió un directorio de seis integrantes, repartidos por partes iguales entre Codelco y SQM. Por Codelco: Máximo Pacheco, Josefina Montenegro y Alfredo Moreno; por SQM: Ricardo Ramos, Hernán Uribe y Manuel Ovalle, según el comunicado “Chile da un paso histórico” publicado por Codelco tras la primera sesión del directorio. La estructura no es decorativa: el directorio define comités y reglas de información para evitar conflictos competitivos y cumplir exigencias regulatorias. En esa línea, el reporteo económico detalló que la empresa partió con comités ya resueltos y con una instalación diseñada para asegurar continuidad y control interno durante el cambio de etapa, de acuerdo con el artículo de Pulso en La Tercera sobre la primera semana de Nova Andino Litio. La lectura de mercado es clara: el mayor riesgo inicial no es técnico, sino de coordinación y compliance, y por eso los comités se vuelven el “centro nervioso” donde se decide qué se prioriza, cómo se controla y qué información circula.
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Qué suele concentrar el trabajo de comités en una empresa de este tipo
- Control y auditoría (riesgo, cumplimiento y trazabilidad).
- Operaciones y seguridad (continuidad productiva y estándares).
- Finanzas e inversiones (capex, caja, dividendos).
- Sustentabilidad y relacionamiento (agua, comunidades, permisos).
El pago “hasta US$80 millones” a Codelco: de dónde sale y qué implica para la caja del proyecto
El dato que encendió el interés financiero fue el anuncio de un pago a Codelco que, en escenarios, puede llegar a US$80 millones. Según el reportaje de Pulso en La Tercera, se trata de un dividendo extraordinario por el ejercicio 2025, y se cita una estimación de S&P que lo ubica entre US$60 millones y US$80 millones hasta 2027, considerando supuestos de precio del litio. En términos simples, el número no es solo un “cheque”: es una señal de diseño financiero del acuerdo, porque establece cómo se reparte valor en la etapa de transición hacia la nueva estructura y cómo se remunera a la estatal en el arranque. Para Codelco, la caja importa por su carga de inversión y su agenda de proyectos estructurales; para NovaAndino, porque fija expectativas de flujo en un momento donde aún se están amarrando gobernanza, permisos y estrategia operativa. Por eso el mercado mira dos cosas: si la continuidad productiva se mantiene sin fricción y si el acuerdo logra blindarse ante ciclos de precio del litio, que han mostrado volatilidad relevante en los últimos años.
3.333 trabajadores y 14 ejecutivos clave: el traspaso operativo que define la “primera semana real”
Más allá de la mesa directiva, la primera semana se juega en la operación. La cobertura empresarial indicó que la nueva sociedad parte con 3.333 trabajadores y una línea ejecutiva que combina continuidad histórica y especialización técnica, según el reportaje de Pulso en La Tercera. En paralelo, un perfil detallado del equipo directivo identificó 14 ejecutivos clave, incluyendo expertos en litio, perfiles con trayectoria extensa en SQM y un foco técnico que incluye hidrogeología, de acuerdo con Diario Financiero. El mensaje implícito es continuidad operacional con control de conocimiento: en salares, los aprendizajes de bombeo, manejo de salmuera, evaporación/procesos y variables ambientales no se improvisan. También es una señal hacia reguladores y comunidades: el diseño inicial intenta reducir el riesgo de “curva de aprendizaje” y sostener la producción mientras la empresa instala su nueva gobernanza. En este punto, el organigrama pesa tanto como el directorio, porque ahí se decide qué se ejecuta, con qué métricas y con qué nivel de transparencia frente al entorno.
Por qué el mercado mira el equipo operativo al inicio
- Continuidad productiva sin “baches” por cambio institucional.
- Gestión de agua y salmuera con trazabilidad técnica.
- Capacidad de respuesta ante exigencias ambientales y sociales.
- Control de costos en un ciclo de precios incierto.
El debate político ya llegó: Pacheco defiende la alianza y crece el escrutinio sobre el modelo
La sociedad conjunta nació bajo aplausos en parte del mercado, pero también con críticas en el plano político y académico. En una entrevista difundida por BioBioChile, Máximo Pacheco defendió el acuerdo como una “tremenda oportunidad de negocio”, en medio de cuestionamientos por el mecanismo de negociación y por la lectura reputacional que arrastra SQM. En paralelo, voces críticas han puesto el foco en el modelo de desarrollo y en si la alianza empuja una política industrial más profunda o mantiene un esquema extractivo tradicional; esa discusión aparece, por ejemplo, en análisis y entrevistas publicadas por Radio Universidad de Chile. Para NovaAndino, el desafío inmediato es doble: operar con continuidad y, al mismo tiempo, construir legitimidad pública con señales claras de estándares ambientales, transparencia y beneficios país. En un negocio tan sensible, el “permiso social” no se gana con un comunicado, sino con datos, trazabilidad y gobernanza que resista auditoría externa.
Qué falta por mirar: reguladores, China, comunidades y el punto más delicado del Salar
Aunque la empresa ya está formalizada, el tablero completo del acuerdo se ha movido históricamente con aprobaciones regulatorias y condicionantes internacionales. Reuters reportó que el regulador chino otorgó una aprobación condicional al joint venture, con exigencias relacionadas con suministro a compradores chinos, en este despacho de Reuters. Antes, la aprobación de competencia en Chile se formalizó con medidas de mitigación, descritas por la FNE, en un negocio donde la información sensible y la coordinación con el mercado global son temas críticos. A esto se suma el elemento local más delicado: el Salar de Atacama es un ecosistema con presiones hídricas y alta sensibilidad comunitaria, por lo que cualquier expansión o cambio de tecnología suele requerir procesos de consulta y evaluación. En el corto plazo, la señal que más importará no será el nombre del próximo comité, sino la capacidad de NovaAndino para mostrar continuidad productiva con estándares ambientales y sociales verificables. Para seguimiento local, REDIMIN ya venía cubriendo los hitos de la compañía y el acuerdo, como en esta nota sobre la formalización de NovaAndino Litio y su impacto en el litio chileno.
