El mercado del petróleo enfrenta la mayor disrupción de oferta de su historia reciente. En el Oil Market Report de marzo de 2026 de la Agencia Internacional de Energía, el organismo proyectó que la oferta global caerá en 8 millones de barriles diarios durante marzo, mientras los flujos de crudo y productos por el estrecho de Ormuz pasaron de alrededor de 20 millones de barriles diarios antes de la guerra a un nivel residual.
Ormuz pasó de ruta clave a cuello de botella crítico
La señal central del informe es que el estrecho de Ormuz dejó de operar como un corredor normal para el comercio energético. La IEA indicó que los flujos de crudo y derivados por esa vía cayeron “a un hilo”, con exportaciones prácticamente detenidas y capacidad limitada para desviar cargamentos por otras rutas.
Ese punto ya venía acumulando tensión desde semanas previas, como mostró este análisis sobre el riesgo que Ormuz representa para cerca de una quinta parte del petróleo mundial. La diferencia ahora es que el shock ya no es solo una amenaza geopolítica: se tradujo en menores exportaciones, saturación de almacenamiento y recortes efectivos de producción en el Golfo.
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La proyección de la IEA distingue entre el recorte que ya se observa en la región y el impacto neto esperado a escala global. Según el informe, los países del Golfo han recortado al menos 10 millones de barriles diarios de producción total ante la imposibilidad de exportar con normalidad, pero parte de esa pérdida sería compensada por mayor bombeo en productores fuera de OPEP+, especialmente Kazajistán y Rusia. Por eso, la caída neta estimada para la oferta mundial en marzo se ubica en 8 millones de barriles diarios.
El ajuste se concentra en los principales productores del Golfo:
- Arabia Saudita
- Irak
- Kuwait
- Emiratos Árabes Unidos
- Qatar
La IEA añadió que la crisis no golpea solo al crudo. En 2025, los productores del Golfo exportaron 3,3 millones de barriles diarios de productos refinados y 1,5 millones de barriles diarios de GLP, volúmenes que hoy están expuestos a una interrupción severa. Además, más de 3 millones de barriles diarios de capacidad de refinación ya se habían detenido por ataques y por falta de salidas viables para exportar.
El shock ya se refleja en precios y en el rediseño de flujos
El mismo informe consignó que el Brent llegó a rozar los US$120 por barril tras el inicio de las hostilidades el 28 de febrero y luego retrocedió hacia la zona de US$92 al momento de su publicación, con un alza mensual de US$20. Después de eso, la volatilidad siguió. En la sesión del lunes 16 de marzo, el Brent cotizaba en torno a US$102,22 y el WTI en US$95,26, todavía con un avance de más de 40% en el mes.
Ese encarecimiento también empezó a mover los flujos comerciales. Asia ya comenzó a buscar barriles alternativos fuera del Golfo, un giro que se aprecia en el mayor interés de India y China por crudo ruso con descuento en medio de la tensión en Ormuz.
La liberación de reservas da tiempo, pero no resuelve el problema
La respuesta de los países miembros de la IEA fue acordar el 11 de marzo una liberación récord de 400 millones de barriles desde reservas de emergencia. El objetivo es amortiguar el impacto económico del shock y evitar una escalada mayor en los precios.
Según el detalle informado el domingo sobre la ejecución del plan, los barriles comenzarán a llegar de inmediato desde Asia-Oceanía y desde fines de marzo desde Europa y las Américas. Del total comprometido, 271,7 millones de barriles provienen de reservas gubernamentales, 116,6 millones de inventarios obligatorios de la industria y 23,6 millones de otras fuentes.
La propia IEA advierte que ese volumen funciona como colchón temporal, no como solución estructural. Mientras no se normalice el tránsito por Ormuz, el mercado seguirá operando con restricción física, mayores costos logísticos y presión sobre refinación, combustibles y petroquímica.
La demanda también se enfría por el impacto del conflicto
El deterioro no se limita a la oferta. La IEA recortó en 210 mil barriles diarios su previsión de crecimiento de la demanda mundial de petróleo para 2026, hasta 640 mil barriles diarios. Para marzo y abril, además, redujo en más de 1 millón de barriles diarios su estimación previa de consumo por el efecto combinado de cancelaciones de vuelos, menor disponibilidad de GLP y un escenario económico más frágil.
Los segmentos más sensibles son el combustible para aviación, el GLP y la petroquímica. El informe sostiene que la caída de suministros ya está obligando a plantas petroquímicas a moderar producción y que los mercados de diésel y jet fuel figuran entre los más expuestos si la interrupción se prolonga.