El Brent cerró en US$82,49 por barril después de que una comisión parlamentaria iraní comenzara a revisar restricciones y sanciones para determinadas embarcaciones. La volatilidad vuelve a presionar los costos de energía, transporte y operación de industrias intensivas como la minería.
El precio del petróleo registró una fuerte recuperación este jueves 6 de agosto, impulsado por nuevas tensiones sobre el futuro del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más relevantes del mundo.
Los futuros del crudo Brent cerraron con un avance de US$3,04, equivalente a 3,83%, hasta US$82,49 por barril. El West Texas Intermediate, referencia del mercado estadounidense, aumentó US$2,07, o 2,75%, y terminó la sesión en US$77,29 por barril.
El movimiento ocurrió después de conocerse que una comisión del Parlamento de Irán está revisando un proyecto preliminar que prohibiría el paso por Ormuz de embarcaciones estadounidenses, israelíes y de otros países considerados hostiles por Teherán.
La propuesta también contempla multas de hasta 20% del valor de la carga transportada para los buques que incumplan las restricciones. Aunque el texto todavía se encuentra en revisión y no constituye una norma vigente, bastó para devolver al mercado una prima de riesgo que había disminuido durante las jornadas anteriores.
El mercado vuelve a incorporar el riesgo de Ormuz
El petróleo venía de una secuencia de retrocesos asociada a las expectativas de un eventual entendimiento entre Estados Unidos, Irán y Omán que permitiera normalizar el tráfico comercial por el estrecho.
Durante la madrugada del jueves, el Brent llegó a cotizar bajo los US$80 por barril. Sin embargo, el escenario cambió cuando surgieron detalles sobre las condiciones que Teherán estaría evaluando para controlar, restringir o cobrar por el tránsito de embarcaciones.
Antes del inicio del conflicto con Irán a fines de febrero, cerca de una quinta parte del suministro diario mundial de petróleo y gas natural licuado circulaba por el Estrecho de Ormuz. La relevancia de esa ruta explica por qué cualquier amenaza regulatoria, militar o logística tiene efectos inmediatos en los precios internacionales.
El mercado no necesita que el estrecho sea cerrado completamente para reaccionar. El aumento de los seguros marítimos, los desvíos de rutas, las inspecciones adicionales, las demoras portuarias y la posibilidad de sanciones pueden elevar el costo final del crudo incluso cuando los embarques continúan operando.
La volatilidad observada durante los últimos días refleja esa sensibilidad. Las señales de negociación reducen rápidamente el precio, mientras que nuevos proyectos legislativos, advertencias militares o ataques a infraestructura energética vuelven a impulsar las cotizaciones.
Irán busca mayor control sobre el tránsito marítimo
Además del proyecto que restringiría el paso de determinados buques, Irán y Omán han discutido un esquema para reorganizar las rutas de entrada y salida del Golfo Pérsico.
La propuesta permitiría que Teherán intervenga sobre el tráfico que ingresa al golfo, mientras las embarcaciones que salen utilizarían corredores coordinados con Omán. El mecanismo incluiría procesos de autorización y notificación entre ambos países.
También se han evaluado cobros asociados al tránsito. Irán buscaría aplicar tarifas de entre 5% y 7% del valor de las cargas, mientras Omán discutiría un porcentaje cercano a 3%. Estados Unidos mantiene una posición contraria a cualquier pago obligatorio por circular por el estrecho.
El esquema enfrenta dificultades operativas, jurídicas y financieras. Las sanciones estadounidenses sobre organismos iraníes vinculados a la administración de Ormuz podrían impedir que navieras, aseguradoras y operadores internacionales realicen pagos sin exponerse a bloqueos de activos o penalidades.
A ello se suman las restricciones introducidas en el mercado asegurador. Determinadas cláusulas de cobertura por riesgo de guerra podrían dejar sin protección a los buques que paguen peajes, tasas o cargos exigidos para atravesar el estrecho.
En la práctica, una embarcación podría quedar atrapada entre la obligación iraní de pagar por el tránsito y la posibilidad de perder su seguro o infringir sanciones internacionales al efectuar el pago.
Impacto sobre transporte, combustibles y minería
Para Chile, una subida sostenida del petróleo tiene efectos que van más allá del precio de los combustibles para consumidores. El país importa la mayor parte de los hidrocarburos que utiliza, por lo que los movimientos del Brent se transmiten a la cadena logística, al transporte terrestre y marítimo, a la generación térmica y a numerosos procesos industriales.
La minería es especialmente sensible a este escenario. Las faenas de cobre, oro, hierro y litio operan con una elevada demanda de transporte, maquinaria pesada, explosivos, lubricantes, neumáticos y servicios logísticos. Parte relevante de esos costos está directa o indirectamente vinculada al petróleo.
Un mayor valor del diésel encarece la operación de camiones de extracción, equipos auxiliares y vehículos que trasladan trabajadores, insumos y concentrados. También aumenta el costo de mover materiales desde las faenas hacia puertos, fundiciones, plantas de procesamiento y centros de distribución.
En las operaciones remotas, donde las distancias son mayores y la infraestructura logística es limitada, la exposición puede ser todavía más significativa. Los contratistas y proveedores suelen incorporar estas variaciones en sus tarifas, generando una presión adicional sobre los costos operacionales de las compañías mineras.
El efecto también alcanza al transporte marítimo de concentrados, cátodos, ácido sulfúrico, combustibles y equipos. Las navieras pueden enfrentar mayores gastos de combustible, seguros por riesgo de guerra y modificaciones de rutas, costos que posteriormente se trasladan a los contratos de flete.
Riesgo inflacionario y presión sobre los márgenes
El repunte del crudo ocurre en un momento en que las empresas mineras ya enfrentan mayores costos en energía, remuneraciones, mantenimiento, agua, servicios especializados y cumplimiento regulatorio.
Una permanencia del Brent sobre los US$80 por barril podría reforzar las presiones inflacionarias y dificultar la reducción de costos en operaciones con menores leyes minerales o altos requerimientos de movimiento de material.
Las compañías con contratos de suministro de largo plazo o coberturas financieras pueden amortiguar temporalmente la volatilidad. Sin embargo, una alteración prolongada de los flujos por Ormuz terminaría afectando las renovaciones contractuales y los precios de referencia utilizados por proveedores y transportistas.
El impacto no sería uniforme. Las faenas con mayor electrificación, sistemas trolley assist, equipos autónomos o una menor dependencia del diésel tendrían una exposición relativa más baja. En cambio, los yacimientos que todavía concentran gran parte de su consumo energético en combustibles fósiles podrían enfrentar un deterioro más rápido de sus márgenes.
Dos corredores energéticos bajo presión
La tensión en Ormuz coincide con nuevos episodios de inseguridad en el Mar Rojo. Los hutíes de Yemen han reivindicado ataques contra posiciones vinculadas a Arabia Saudita y contra embarcaciones petroleras próximas a rutas utilizadas para desviar exportaciones energéticas.
Arabia Saudita ha utilizado infraestructura terrestre para trasladar petróleo desde sus zonas productoras orientales hacia el puerto de Yanbu, en el Mar Rojo, evitando parcialmente el Estrecho de Ormuz. La aparición de amenazas en esa segunda ruta reduce la efectividad de las alternativas logísticas disponibles.
Los ataques reportados hasta ahora no han provocado una interrupción significativa del suministro de petróleo y gas. No obstante, el mercado observa el riesgo de que una escalada simultánea en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo limite dos corredores esenciales para el comercio energético.
Las exportaciones de crudo y condensado de los países del Golfo se mantuvieron relativamente estables durante julio, pero permanecieron cerca de 40% por debajo de los niveles previos al conflicto. Esa menor disponibilidad mantiene al mercado expuesto a cualquier nuevo incidente.
Qué observará la industria
La dirección del petróleo dependerá de la evolución de las negociaciones y de la capacidad de las partes para acordar un sistema de tránsito que pueda ser utilizado por navieras, aseguradoras y compradores sin vulnerar sanciones internacionales.
La industria también seguirá la tramitación del proyecto iraní, los eventuales cobros por utilizar Ormuz, las condiciones de las aseguradoras y la seguridad de las rutas alternativas del Mar Rojo.
Para la minería chilena, el principal riesgo no es un salto puntual del precio, sino que la inestabilidad se transforme en un período prolongado de combustibles, seguros y fletes más caros. En ese escenario, el conflicto en Medio Oriente volvería a incorporarse directamente en los costos de producción de cobre y otros minerales, justo cuando las compañías buscan contener gastos y recuperar productividad.









