PFAS es el nombre que agrupa a las “sustancias químicas eternas” que hoy aparecen en agua, suelo y aire por su alta persistencia. Un equipo liderado por la Universidad Rice reportó un material filtrante capaz de capturar estos compuestos con una velocidad inusual —hasta 100 veces mayor que filtros comerciales de carbón— y luego degradarlos con un tratamiento térmico controlado, con la mira puesta en integrarlo a sistemas de tratamiento ya existentes.
Qué son los PFAS y por qué se volvieron un problema de agua potable
Los PFAS (per- y polifluoroalquiladas) son compuestos sintéticos usados desde mediados del siglo XX por su resistencia al calor, la grasa y el agua. Esa misma estabilidad explica por qué se les llama “químicos eternos”: se degradan muy lentamente y tienden a acumularse en el ambiente.
La preocupación sanitaria está asociada a la exposición crónica. La Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. resume evidencia científica que vincula la exposición a ciertos PFAS con efectos adversos, incluyendo alteraciones reproductivas y del desarrollo, cambios en el sistema inmune, interferencias hormonales, aumento del colesterol y mayor riesgo de algunos cánceres, entre otros impactos descritos en estudios revisados por pares. Esa síntesis está disponible en la guía de la EPA sobre riesgos para la salud y el ambiente.

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El “hidróxido doble en capas” que acelera la captura
La base del desarrollo es un material tipo LDH (layered double hydroxide o hidróxido doble en capas) formulado con capas de cobre y aluminio. En la práctica, opera como una plataforma de adsorción: atrae y retiene PFAS en su estructura con alta rapidez, incluso en condiciones que se alejan del laboratorio.
En la comunicación institucional de la universidad, el equipo reporta remociones “en minutos” y un desempeño cercano a 100 veces más rápido que filtros comerciales de carbón activado, además de ensayos en agua de río, agua de red y aguas residuales. El detalle del enfoque y los resultados divulgados por la institución están en el reporte Rice leads breakthrough in eco-friendly removal of toxic ‘forever chemicals’ from water.
En paralelo, en Chile el interés por tecnologías de remoción específica ya se instala en la conversación local: un ejemplo es el seguimiento a alternativas que apuntan a desfluorar o degradar estos compuestos, como se ha revisado en este análisis sobre una propuesta que reporta 94% de desfluoración de PFAS.
De capturar a destruir: el punto crítico está en el “qué hacer después”
En PFAS, remover no resuelve por sí solo el problema: el contaminante queda concentrado en un medio (carbón, resina, membrana) que luego debe gestionarse. Ahí aparecen los costos y riesgos de disposición, regeneración o destrucción.
La propuesta vinculada al LDH busca “cerrar el ciclo” con degradación térmica del material una vez saturado. En una fase del procedimiento, se calienta el sorbente cargado con PFAS junto a carbonato de calcio, apuntando a romper enlaces carbono-flúor sin requerir las temperaturas extremas que suelen asociarse a la destrucción de estos compuestos. Un reporte de prensa internacional describe el rango de operación entre 400 °C y 500 °C y enfatiza el objetivo de evitar subproductos tóxicos persistentes, además del enfoque “drop-in” para infraestructura existente, en este artículo de The Guardian sobre la tecnología de filtración y su etapa de destrucción.
Por qué importa la integración “sin reconstruir la planta”
La posibilidad de incorporar un medio filtrante nuevo sin rediseñar toda la instalación suele determinar si una tecnología sale del piloto. En tratamiento de agua, los cambios mayores implican permisos, modificaciones de obra, curvas de operación y CAPEX difícil de justificar si el contaminante no está regulado o fiscalizado con fuerza.
En Chile, el debate de infraestructura hídrica se cruza con desalinización, reúso y seguridad de suministro, tanto para consumo humano como para industria. En esa línea, el avance de iniciativas de reúso en minería se ha vuelto un eje de inversión, como muestra el proyecto conjunto descrito en tratamiento y reúso de aguas en minería por US$ 300 millones. En paralelo, el marco regulatorio y la presión por nuevas fuentes también empujan iniciativas asociadas a desalación, como se observa en la discusión legislativa y técnica recogida en la ley de desalinización y su vínculo con la crisis hídrica.
En ese contexto, una solución de PFAS que se integre como “módulo” o “medio” dentro de trenes existentes (prefiltración, contacto, pulido) tiene una ventaja operativa frente a plataformas que obligan a reemplazar la línea completa.
Las preguntas que definen el salto a escala
Los resultados reportados son promisorios, pero el salto industrial en PFAS suele fallar en la letra chica. Los puntos que más pesan en una evaluación real de adopción son:
- Compatibilidad con matrices reales: presencia de sales, materia orgánica, detergentes, metales y otros competidores de adsorción.
- Vida útil del medio y número de ciclos efectivos de captura-regeneración bajo operación continua.
- Costos energéticos y de seguridad industrial asociados a la etapa térmica (manejo de equipos, emisiones, permisos).
- Gestión del residuo final y trazabilidad regulatoria de lo que queda tras la degradación.
- Rendimiento por familia de PFAS: cadenas largas vs. cortas, especies aniónicas vs. neutras, y mezcla de compuestos en concentraciones bajas.

