Industria Minera

Planta desalinizadora de Candelaria cumple 13 años: el sistema de 500 l/s que redefinió el uso del agua en la minería de Atacama

La planta desalinizadora de Candelaria, inaugurada en 2013, se ha consolidado como un modelo emblemático en la minería chilena, asegurando el 100% del agua para la producción de cobre.

Planta desalinizadora de Candelaria cumple 13 años: el sistema de 500 l/s que redefinió el uso del agua en la minería de Atacama
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Planta desalinizadora de Candelaria cumple trece años convertida en uno de los proyectos más emblemáticos de infraestructura hídrica de la minería chilena. Lo que comenzó en mayo de 2013 como una solución técnica para asegurar el abastecimiento de agua en plena crisis hídrica del norte del país, hoy es considerado un caso de referencia para la industria del cobre en Atacama. La instalación, operada por Lundin Mining a través de Minera Candelaria, marcó un punto de inflexión en la relación entre minería y recursos hídricos, al transformarse en la primera planta desalinizadora de la Región de Atacama y abrir el camino para que otras compañías adoptaran modelos similares. En una zona donde la disponibilidad de agua continental ha sido históricamente limitada, el proyecto permitió desacoplar gran parte de la producción minera del uso intensivo de acuíferos y fuentes dulces. Trece años después, su operación sigue siendo observada como una experiencia pionera en sustentabilidad hídrica, infraestructura de gran escala y adaptación tecnológica frente al estrés climático que afecta al norte de Chile.

El sistema que hoy abastece el 100% del agua usada en la producción de cobre

Uno de los hitos más relevantes alcanzados por Minera Candelaria es que actualmente el 100% del agua utilizada para producir concentrado de cobre proviene de agua de mar desalinizada. La planta, ubicada en el sector de Puerto Punta Padrones, en la comuna de Caldera, posee una capacidad nominal de hasta 500 litros por segundo, consolidándose como una de las infraestructuras hídricas más importantes de la región minera de Atacama.

El sistema incorpora tecnologías avanzadas de tratamiento que permiten convertir agua de mar en recurso apto para procesos industriales. Entre las etapas consideradas se encuentran flotación por aire disuelto (DAF), prefiltrado, ultrafiltrado, microfiltrado y ósmosis inversa. Posteriormente, el agua es remineralizada para asegurar parámetros compatibles con las operaciones mineras.

La puesta en marcha de esta infraestructura coincidió con un período en que la minería chilena comenzó a acelerar la incorporación de agua desalinizada como alternativa para sostener la producción. Desde entonces, proyectos similares se han multiplicado en el norte del país, tendencia que también ha sido analizada en iniciativas ligadas a la expansión de infraestructura hídrica minera y nuevas inversiones en desalación impulsadas en la macrozona norte dentro de la industria del cobre chilena.

Una red de infraestructura que conecta mar, costa y cordillera

El modelo implementado por Candelaria no se limita únicamente a la planta desalinizadora. El proyecto integra un sistema logístico e industrial de gran escala que conecta la costa de Atacama con las faenas mineras ubicadas en la comuna de Tierra Amarilla.

La infraestructura contempla una línea de transmisión eléctrica dedicada y un acueducto de aproximadamente 78 kilómetros que transporta el agua desalinizada desde Caldera hasta el sector de Bodega, en Copiapó. Desde allí, el recurso es impulsado otros 30 kilómetros hacia el distrito minero donde opera la compañía.

La magnitud del sistema evidencia el nivel de complejidad que hoy requieren las operaciones mineras en contextos de escasez hídrica estructural. El modelo desarrollado por Candelaria anticipó una tendencia que actualmente domina las grandes inversiones del sector: reemplazar progresivamente el uso de aguas continentales mediante infraestructura de largo alcance conectada al océano Pacífico.

El crecimiento de este tipo de soluciones también ha sido acompañado por nuevas discusiones regulatorias, ambientales y energéticas vinculadas a la desalación, especialmente en regiones como Atacama y Antofagasta, donde la minería continúa ampliando su demanda de suministro hídrico para sostener proyectos de cobre de gran escala.

El manejo de la salmuera y la presión ambiental sobre los ecosistemas marinos

Uno de los principales focos de atención en los proyectos de desalación minera corresponde al manejo ambiental de la salmuera resultante del proceso. En el caso de Candelaria, el sistema contempla la descarga del efluente mediante un emisario submarino equipado con diez difusores ubicados a más de 28 metros de profundidad y a más de 250 metros de la costa.

Según los antecedentes técnicos del proyecto publicados por la compañía y las autorizaciones ambientales correspondientes, el emisario se encuentra fuera de la Zona de Protección Litoral, permitiendo una rápida dilución de la salmuera en el océano y reduciendo su concentración en el entorno marino inmediato. Parte de estas definiciones operacionales han sido observadas como referencia para otros desarrollos de desalación minera y energética que avanzan en el país.

El debate sobre el impacto ambiental de la desalación continúa siendo relevante para la industria, particularmente por el aumento sostenido de proyectos que recurren al agua de mar para garantizar continuidad operacional. En paralelo, las compañías mineras han comenzado a reforzar estrategias de reutilización y eficiencia hídrica, buscando reducir aún más la extracción desde fuentes continentales en zonas con alto estrés hídrico.

El precedente que dejó Candelaria para la minería del norte chileno

A trece años de su puesta en marcha, la planta desalinizadora de Candelaria sigue siendo considerada uno de los proyectos más influyentes en la transformación hídrica de la minería chilena. Su desarrollo permitió demostrar que era posible sostener operaciones de cobre de gran escala utilizando agua desalinizada como fuente principal de abastecimiento, anticipando un modelo que hoy se proyecta como estándar para gran parte de la industria.

La experiencia adquirida en Atacama también ha servido como referencia para nuevas inversiones mineras y proyectos de expansión vinculados al cobre, especialmente en regiones donde la disponibilidad de agua dulce continúa disminuyendo. El caso de Candelaria se inserta además en una discusión mayor sobre adaptación climática, sostenibilidad operativa y seguridad hídrica para una industria que seguirá enfrentando crecientes exigencias ambientales y sociales.

Más allá de su dimensión tecnológica, la planta simboliza un cambio estructural en la manera en que la minería chilena concibe el uso del agua. Lo que en 2013 parecía una apuesta pionera, hoy forma parte de la estrategia central de desarrollo para gran parte de las operaciones mineras del norte del país.