La producción de cobre en Chile podría enfrentar interrupciones relevantes hacia 2030 si aumentan la frecuencia e intensidad de sequías y precipitaciones extremas, según una investigación académica que cuantifica pérdidas potenciales en toneladas y en valor económico anual a partir de evidencia histórica y proyecciones climáticas.
Un riesgo que ya ocurrió: 53 eventos con impacto real en faenas
La investigación —desarrollada por académicos de la Universidad de Chile con participación de AMTC y SERC— levantó una base de 53 eventos climáticos entre 2001 y 2022 que afectaron efectivamente la operación del cobre, incluyendo aluviones, cortes de ruta, inundaciones de infraestructura y reducciones por escasez hídrica, de acuerdo con el reporte institucional del plantel.
El análisis se apoyó en escenarios de riesgo climático a partir de ARClim, el Atlas de Riesgos Climáticos, una herramienta que integra amenazas, exposición y sensibilidad para comunicar riesgo asociado al cambio climático en Chile.
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Cómo se modeló el impacto hacia 2030
El enfoque combina tres dimensiones:
- Peligro climático (hazard): probabilidad e intensidad de amenazas como sequía y lluvias extremas.
- Exposición futura: proyección de producción por mina para estimar cuánto suministro queda expuesto.
- Vulnerabilidad de la cadena de suministro: factores operacionales e infraestructura crítica que amplifican o atenúan el impacto.
El resultado es un marco cuantitativo que permite estimar interrupciones anuales esperadas por amenaza, y actualizar el cálculo cuando cambian producción, recurrencia de eventos o información de vulnerabilidad.
Resultados: pérdidas por lluvias extremas y por sequía
Los rangos estimados por amenaza son los siguientes, según la síntesis publicada por la Universidad de Chile:
Precipitaciones extremas (lluvias intensas)
- Pérdidas proyectadas: 1,39% a 5,08% de la producción nacional.
- Equivalente: 91.000 a 334.000 toneladas por año.
Sequía
- Pérdidas proyectadas: 2,62% a 10,72%.
- Equivalente: 172.000 a 705.000 toneladas por año.
El costo económico estimado: hasta US$ 9.700 millones por año en sequía
En la traducción económica anual aproximada, el estudio estima:
- ~US$ 1.600 millones en escenarios de precipitaciones extremas.
- Entre US$ 2.400 millones y US$ 9.700 millones en escenarios de sequía.
Este rango se conecta con la sensibilidad fiscal del país a los ciclos del metal y a los días efectivos de operación, un factor que también incide cuando cambian precios y recaudación proyectada, como se observa en el análisis sobre cuánto del “salto” del cobre puede transformarse en ingresos fiscales en 2026.
Dónde pega más fuerte: norte, agua e infraestructura crítica
El trabajo identifica que la susceptibilidad no es homogénea: depende de geografía, disponibilidad hídrica, infraestructura de acceso y drenaje, y condiciones operacionales. En la práctica, el mayor impacto tiende a concentrarse en faenas del norte, donde el estrés hídrico y la exposición a eventos extremos elevan la probabilidad de disrupción.
Esto refuerza una idea operacional: no existe un “plan único” eficaz para todas las faenas, porque el riesgo se configura por territorio y por instalación.
Un marco replicable: Expected Annual Disruption por mina
Uno de los aportes metodológicos es la estimación de Expected Annual Disruption (EAD) por mina, que permite:
- comparar amenazas (sequía vs. lluvias extremas) con una métrica común,
- priorizar inversiones donde la interrupción esperada es mayor,
- recalibrar proyecciones si cambian producción, infraestructura o recurrencia climática.
Medidas que el estudio pone sobre la mesa
Entre los ejes de acción mencionados en la investigación y su divulgación institucional, se incluyen:
- Eficiencia hídrica y recirculación, particularmente en zonas de estrés hídrico, línea que ya aparece en experiencias operacionales como los ajustes descritos en recirculación de agua industrial en contexto de sequía.
- Gobernanza hídrica territorial, para gestionar competencia por el recurso y coordinación local.
- Refuerzo de infraestructura crítica, con foco en accesos, drenajes y protección de instalaciones, en un escenario donde toma peso la gestión hídrica sostenible aplicada a minería.
- Integración del riesgo climático en planificación y continuidad operacional, en línea con la discusión más amplia sobre cómo la industria está redefiniendo su operación, resumida en una guía para entender el cobre en Chile y sus tensiones operacionales.
La herramienta ARClim —usada como base de escenarios en el estudio— puede revisarse en el sitio del Atlas de Riesgos Climáticos, mientras que la síntesis del trabajo y sus cifras principales están disponibles en la publicación institucional de la Universidad de Chile.
