Sonda Van Allen A de la NASA reingresa sin control: cuál es el riesgo para la Tierra

Una sonda espacial de la NASA podría volver a entrar de forma no controlada a la atmósfera terrestre el martes por la noche, antes de lo previsto inicialmente. Se trata de la Sonda Van Allen A, un vehículo de 600 kilogramos lanzado en 2012, cuyo reingreso fue estimado en torno a las 7:45 p.m. hora de Miami, con una incertidumbre de +/- 24 horas, según la NASA y la Fuerza Espacial de Estados Unidos. Aunque gran parte de la nave debería desintegrarse durante el descenso, algunos componentes podrían sobrevivir.

Qué riesgo ve la NASA en el reingreso de la sonda

La NASA indicó en un comunicado que la probabilidad de que un fragmento cause daño a una persona es de aproximadamente 1 en 4.200.

Según la agencia, ese nivel de riesgo es bajo y más favorable que el de otros incidentes con basura espacial registrados en años anteriores.

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El Dr. Darren McKnight, investigador técnico sénior de LeoLabs, sostuvo que “hemos tenido cosas que han reingresado con una probabilidad de 1 en 1.000, y no pasó nada; si tenemos algunas que son de 1 en 4.000 o 5.000, no es un día terrible para la humanidad”.

De todos modos, el riesgo es mayor que el de otros eventos conocidos. El texto compara este caso con el reingreso de la estación espacial china en 2018, cuando la posibilidad de que los escombros impactaran a una persona se estimó en menos de 1 entre 1 billón, y finalmente no hubo heridos.

Qué era la Sonda Van Allen A y por qué fue lanzada

La Sonda Van Allen A fue enviada al espacio junto a un vehículo gemelo en 2012 para estudiar dos bandas cósmicas de partículas de alta energía atrapadas en el campo magnético terrestre, a altitudes que van desde aproximadamente 640 a 58.000 kilómetros.

La NASA explicó que “los cinturones protegen a la Tierra de la radiación cósmica, las tormentas solares y el viento solar en constante movimiento, que son perjudiciales para los humanos y pueden dañar la tecnología, por lo que comprenderlos es fundamental”.

La agencia agregó que la misión “realizó varios descubrimientos importantes sobre el funcionamiento de los cinturones de radiación a lo largo de su vida útil, incluyendo los primeros datos que muestran la existencia de un tercer cinturón de radiación transitorio, que puede formarse durante períodos de intensa actividad solar”.

La Van Allen A y su gemela, la Van Allen B, operaron durante varios años más de lo previsto, hasta el fin de la misión en 2019, cuando ambas se quedaron sin combustible.

Por qué la nave volverá antes de lo calculado

Desde el inicio, la NASA contempló que ambas sondas terminaran destruyéndose al reingresar a la atmósfera terrestre. Los planificadores ejecutaron maniobras para expulsar restos de combustible y dejar los vehículos en condiciones para que la resistencia atmosférica los sacara de órbita de manera paulatina.

El objetivo era evitar que quedaran durante tiempo indefinido en la órbita terrestre, donde podrían chocar con satélites activos o con hábitats como la Estación Espacial Internacional.

En un comienzo, la agencia estimó que la Van Allen A regresaría a la Tierra en 2034. Sin embargo, esos cálculos fueron realizados antes del actual ciclo solar.

La NASA señaló que en 2024 los científicos confirmaron que el Sol había alcanzado su máximo solar, lo que generó fenómenos meteorológicos espaciales más intensos. Esas condiciones aumentaron la resistencia atmosférica sobre la nave más allá de lo previsto, acelerando su reentrada.

La Sonda Van Allen B también está encaminada a salir de órbita antes de 2030.

El debate por la basura espacial y las reglas para el retiro de naves

Las políticas de la agencia exigen que los vehículos lanzados por Estados Unidos reingresen o sean eliminados de forma segura dentro de los 25 años posteriores al fin de su misión.

Esa eliminación puede contemplar la desorbitación de la nave o su traslado a una órbita cementerio, una zona designada para mantener allí a vehículos abandonados.

Pero esa alternativa también presenta riesgos. McKnight advirtió que dejar una nave en una órbita de ese tipo no elimina por completo la posibilidad de colisiones, y que un choque puede dispersar restos hacia zonas donde operan satélites activos.

En el caso de las sondas Van Allen, llevarlas a una órbita cementerio también habría consumido combustible que finalmente fue usado para recopilar más datos científicos.

Qué dicen los expertos sobre el problema de los restos espaciales

Marlon Sorge, experto en desechos espaciales de The Aerospace Corporation, financiada con fondos federales, afirmó que “ha habido mucha más conciencia sobre la importancia de este problema”.

También señaló que desde el lanzamiento de las sondas Van Allen en 2012, “hay cada vez más conciencia sobre la necesidad de intentar mitigar lo que sobrevive en la Tierra”.

Según Sorge, si la misión hubiera sido diseñada en la actualidad, es posible que la NASA hubiera optado por un enfoque distinto, por ejemplo, buscando que ninguna pieza del vehículo sobreviviera al reingreso, como ya hacen muchos operadores modernos de satélites.

Los casos recientes que han vuelto a poner foco en el tema

El texto indica que, a medida que el costo de los vuelos espaciales cayó en las últimas dos décadas, el problema de los desechos espaciales creció en escala y alcance.

Entre los episodios recientes mencionados aparece un fragmento expulsado desde la Estación Espacial Internacional que sobrevivió de forma inesperada al reingreso y perforó el techo de una vivienda en Florida en 2024.

También se mencionan piezas de hardware de empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, halladas en playas y propiedades privadas en distintas partes del mundo.

Para McKnight, este tipo de situaciones no son inusuales. “Recibimos aproximadamente un objeto a la semana: un cuerpo de cohete inerte, otra carga útil que quizás no sea tan visible como esta. Así que, aproximadamente una vez a la semana, algo de masa sobrevive hasta la Tierra”, afirmó.

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