La compañía de Elon Musk plantea “centros de datos orbitales” como respuesta a la creciente demanda global de cómputo
SpaceX, la empresa aeroespacial fundada por Elon Musk, solicitó a las autoridades regulatorias de Estados Unidos autorización para lanzar hasta un millón de satélites en órbita terrestre baja, en un ambicioso plan que busca crear centros de datos orbitales capaces de abastecer la creciente demanda de capacidad computacional asociada al desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA).
La solicitud fue ingresada ante la Federal Communications Commission (FCC) y no detalla aún un calendario concreto de despliegue. Según el documento, la red estaría compuesta por satélites alimentados por energía solar y operaría a altitudes de entre 500 y 2.000 kilómetros, similar al rango utilizado actualmente por la constelación Starlink.
Saturación terrestre y apuesta orbital
SpaceX sostiene que los actuales centros de datos terrestres —grandes complejos que concentran servidores de alto consumo energético— ya no serían suficientes para absorber el crecimiento exponencial del procesamiento requerido por la IA. A juicio de la compañía, los “data centers orbitales” representarían la alternativa más eficiente en costos y energía, al aprovechar directamente la radiación solar y reducir la necesidad de enfriamiento intensivo con agua.

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La empresa afirma que este sistema podría entregar capacidad de cómputo a “miles de millones de usuarios a nivel global”, y lo presenta como un paso inicial hacia una civilización de tipo Kardashev II, concepto teórico que describe sociedades capaces de aprovechar la totalidad de la energía de su estrella.
Un salto sin precedentes en la ocupación del espacio
De concretarse, la iniciativa multiplicaría de forma drástica la presencia de SpaceX en órbita. Actualmente, la red Starlink cuenta con cerca de 10.000 satélites, cifra que ya ha generado críticas por congestión espacial y riesgos de colisión. Musk ha rechazado reiteradamente esas acusaciones, señalando que el espacio es lo suficientemente vasto como para albergar grandes constelaciones sin interferencias significativas.
Sin embargo, expertos en actividad espacial han advertido que el lanzamiento masivo de hardware sigue siendo costoso y que la protección, refrigeración y mantenimiento de sistemas computacionales en el espacio añade complejidad técnica. A ello se suma la creciente preocupación por la basura espacial, que incrementa el riesgo de impactos entre objetos y posibles reingresos no controlados a la atmósfera.
Preocupación científica y regulatoria
El proyecto también reaviva las tensiones con la comunidad astronómica. En 2024, diversos observatorios denunciaron que las emisiones de radio de Starlink estaban interfiriendo con telescopios, dificultando la observación del universo profundo. Un despliegue de mayor escala podría profundizar ese conflicto entre innovación tecnológica y ciencia básica.
Pese a ello, SpaceX insiste en que la expansión orbital es inevitable para sostener la próxima ola de desarrollo digital. La decisión final quedará ahora en manos de la FCC, que deberá evaluar el impacto tecnológico, ambiental y de seguridad de una constelación sin precedentes.
SpaceX propone centros de datos orbitales como solución a la creciente demanda energética y computacional de la inteligencia artificial.
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