La transición energética en Chile entró en una fase donde el foco dejó de ser solo sumar proyectos y pasó a ser integrarlos de manera estable al sistema eléctrico, a la industria y al transporte. El 2025 cerró con un récord de participación de solar y eólica y con una matriz que ya opera con predominio renovable, pero con desafíos operacionales y de infraestructura que condicionan el siguiente salto.
Renovables: del crecimiento acelerado al desafío de operar “dos sistemas” a la vez
De acuerdo con los registros del sistema, la generación solar y eólica representó cerca de 38% de la energía total inyectada en 2025 y, al sumar otras tecnologías renovables como la hidroelectricidad, el país se mueve en torno a dos tercios de generación renovable durante el año, con horas puntuales donde solar y eólica llegaron a cubrir hasta 79% de la demanda según los datos del Coordinador Eléctrico Nacional.
Ese avance consolida el rol de las renovables variables, pero también obliga a operar con mayor exigencia: rampas, vertimientos, congestión y coordinación fina entre generación, transmisión y demanda. En la práctica, el sistema debe sostener simultáneamente una base renovable creciente y un respaldo flexible capaz de responder a variaciones rápidas.
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Capacidad instalada y expansión ERNC: el sistema ya es mayoritariamente renovable
En capacidad instalada, el salto también es consistente. A septiembre de 2025, la capacidad instalada neta ERNC alcanzó 18.471 MW, equivalente a 50% de la capacidad eléctrica total del país, de acuerdo con el Reporte Mensual ERNC de octubre de 2025 de la Comisión Nacional de Energía.
Este dato explica por qué la conversación cambió: con una base renovable instalada de ese tamaño, la discusión se desplaza hacia transmisión, flexibilidad, almacenamiento y consumo productivo que permita capturar el valor de la generación en horarios de alta oferta.
Almacenamiento y redes: la condición para que la energía barata llegue donde se necesita
El despliegue de almacenamiento ya aparece como parte central de la operación del sistema. En 2025 se reportaron 1.700 MW de equipos instalados y otros 600 MW en pruebas, con más capacidad en construcción para el año siguiente. Esa expansión apunta a reducir pérdidas por congestión, mejorar la seguridad de suministro y aprovechar mejor la solar y eólica en horas de sobreoferta.
En paralelo, el cuello de botella sigue siendo la infraestructura de transmisión y la velocidad de conexión efectiva de proyectos. En la práctica, la capacidad renovable no se transforma automáticamente en energía útil si no existe red suficiente, coordinación de obras y reglas operacionales que eviten cuellos recurrentes.
Para seguir este tema desde una mirada de sistema, puedes revisar cómo se viene describiendo la presión sobre redes y expansión renovable en este análisis sobre el salto de participación renovable y los retos de transmisión.
Hidrógeno verde: el paso crítico es el uso industrial, no solo la producción
El hidrógeno verde avanza como herramienta para descarbonizar procesos donde la electrificación directa no alcanza, especialmente en calor industrial y usos intensivos. El punto decisivo, sin embargo, es la integración real: permisos, infraestructura, agua, logística y contratos de suministro que hagan viables aplicaciones continuas, no demostraciones puntuales.
En Chile, la señal se observa en proyectos que empiezan a moverse desde pilotos hacia operación industrial. Un ejemplo de ese giro es la experiencia de Colbún con la primera planta de hidrógeno verde asociada a una central, que ilustra el tránsito desde anuncios a casos de uso vinculados a infraestructura existente.
Electromovilidad: flotas crecen y la infraestructura se convierte en el limitante
La electromovilidad se ha convertido en el componente más visible de la transición, especialmente en transporte público urbano y flotas corporativas. El crecimiento de buses eléctricos y de infraestructura de carga exige planificación operacional, disponibilidad energética en puntos críticos, logística de mantenimiento y expansión de electroterminales.
En esa línea, la discusión ya no está solo en cuántos vehículos se incorporan, sino en cómo se sostiene el sistema: potencia de conexión, tiempos de carga, respaldo, operación nocturna y continuidad de servicio. Un indicador de escala es la proyección de expansión para la capital, descrita en el plan que apunta a 4.400 buses eléctricos en Santiago hacia 2026.
El posicionamiento internacional: Chile en el top 25 del índice global de transición
En evaluaciones comparadas, Chile aparece como uno de los países mejor posicionados de la región. En el Energy Transition Index 2025, el país figura en el puesto 21 del ranking general, de acuerdo con la tabla de resultados del informe “Fostering Effective Energy Transition 2025” del Foro Económico Mundial.
Ese lugar en el ranking se explica por la combinación de avance renovable, condiciones de competitividad para nuevas tecnologías y una agenda de implementación que ya está forzando decisiones concretas en redes, flexibilidad y demanda.
Lo que define la siguiente etapa: integración y ejecución en tres frentes
Los próximos pasos de la transición se están jugando en variables operacionales y de despliegue, más que en metas declarativas. En la práctica, el sistema enfrenta tres frentes simultáneos:
- Mayor capacidad de transmisión y conexiones oportunas para evitar congestión y vertimientos.
- Flexibilidad del sistema (almacenamiento, respaldo y gestión de demanda) para sostener una matriz con alta participación variable.
- Consumo productivo de energía limpia (electrificación industrial, calor, hidrógeno y transporte) que capture la generación renovable más allá del sistema eléctrico.
En el corto plazo, además, el propio sistema eléctrico sigue moviendo hitos de descarbonización: está previsto el retiro de aproximadamente 700 MW de capacidad a carbón en el norte a contar del 1 de enero de 2026, junto con procesos de reconversión y ajustes operacionales ya anunciados por el regulador del sistema.
