
Wall Street volvió a cerrar con tono negativo este lunes, en una sesión marcada por la volatilidad del petróleo, la incertidumbre en torno al estrecho de Ormuz y un nuevo giro verbal de Donald Trump sobre Irán. El mercado recibió con escepticismo sus señales de avance diplomático: habló de “grandes avances” en las conversaciones, pero al mismo tiempo advirtió que, si no hay acuerdo y el paso marítimo no se reabre de inmediato, Estados Unidos podría destruir centrales eléctricas, pozos petroleros y otros activos estratégicos iraníes. Reuters reportó que Trump reiteró esa amenaza en una publicación difundida este 30 de marzo.
El resultado fue otro cierre frágil para la renta variable estadounidense. El S&P 500 retrocedió 0,40% hasta 6.343,33 puntos y el Nasdaq perdió 0,73% hasta 20.795,20, mientras el Dow Jones logró salvar la jornada con un avance marginal de 0,12% a 45.219,91 unidades. Más que un alivio, fue una sesión que confirmó que el mercado sigue castigando la falta de claridad sobre el conflicto en Medio Oriente, incluso cuando desde Washington se insiste en que hay contactos en curso.
El mercado ya no reacciona solo al discurso, sino al riesgo energético
La clave sigue siendo Ormuz. Según la U.S. Energy Information Administration, por ese paso transitó en 2024 un promedio de 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca de 20% del consumo global de líquidos petroleros. Esa proporción explica por qué cada amenaza sobre su cierre o reapertura se traduce de inmediato en presión sobre el crudo, inflación esperada y valorizaciones bursátiles.
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Esa sensibilidad ya había quedado expuesta en el repunte reciente del crudo, cuando el mercado volvió a tensionarse tras la extensión del ultimátum de Washington y el Brent superó los US$110. Ese episodio ya había mostrado que el problema no es solo militar, sino también logístico y financiero, como quedó expuesto en este análisis sobre el petróleo sobre US$110 y el riesgo que Ormuz reabrió para el mercado global.
Señales cruzadas desde Washington vuelven a golpear a los índices
Lo que debilitó a Wall Street no fue únicamente la amenaza militar, sino la inconsistencia del mensaje. Trump sostuvo que las negociaciones avanzan, pero el mercado leyó que la Casa Blanca sigue operando bajo un esquema de presión máxima. En la práctica, eso eleva la probabilidad de una disrupción prolongada en energía y obliga a recalibrar expectativas sobre inflación, tasas y crecimiento.
Ese patrón ya se había visto la semana pasada, cuando Washington corrió el plazo de su advertencia a Teherán hasta el 6 de abril y mantuvo abierta la opción de golpear infraestructura energética. La secuencia quedó resumida en la cobertura sobre la prórroga del ultimátum a Irán y la continuidad de la amenaza sobre activos energéticos.
Nasdaq y tecnología vuelven a cargar con la mayor presión
La composición de las caídas también importa. El Nasdaq volvió a quedar más expuesto porque un shock energético prolongado empeora el panorama para sectores de crecimiento, especialmente cuando el mercado empieza a descontar un escenario de tasas altas por más tiempo. Reuters informó que el sector tecnológico estuvo entre los principales lastres del S&P 500, mientras los inversionistas eliminan las apuestas de recortes de tasas en 2026 que existían antes de la guerra.
La presión sobre las bolsas no se limita a Estados Unidos. En jornadas previas, la venta global de riesgo ya había golpeado a los principales índices por la combinación de petróleo más caro, tensión geopolítica y revisión de expectativas monetarias, como mostró este reporte sobre la caída de los mercados globales por Medio Oriente y el alza del crudo.
Ormuz sigue siendo el punto donde se cruzan petróleo, bolsas y geopolítica
Mientras no haya una reapertura clara y sostenida del estrecho, el mercado seguirá operando bajo una lógica defensiva. No se trata solo del precio del barril, sino de la posibilidad de que el conflicto termine afectando transporte marítimo, costos industriales, inflación importada y decisiones de bancos centrales. En paralelo, la dimensión política también escaló este lunes, con una declaración internacional que amplió apoyos para exigir seguridad de navegación en la zona y descartar, por ahora, un llamado explícito a una intervención militar, como quedó reflejado en la nota sobre las nuevas adhesiones a la declaración internacional sobre Ormuz.
Por ahora, Wall Street sigue mandando la misma señal: cada vez que Washington mezcla optimismo negociador con amenazas de destrucción sobre infraestructura iraní, el mercado responde menos al discurso y más al riesgo real de que la crisis energética del golfo Pérsico se prolongue.