En un escenario de estrés hídrico creciente, la economía circular del agua se está convirtiendo en un factor decisivo para que la industria avance en la transición energética sin aumentar su presión sobre los territorios. En este marco, Moeve está empujando una estrategia hídrica vinculada a sus proyectos de “moléculas verdes”, con foco en eficiencia, reutilización y relación con comunidades locales.
El agua como condición operativa en la transición energética
Mientras la discusión pública suele concentrarse en electrificación, hidrógeno verde, biocombustibles de segunda generación (2G) y química sostenible, la gestión hídrica entra al centro del tablero por su impacto directo en continuidad operacional y licencia social. El agua no solo sostiene procesos industriales como refrigeración y producción de vapor: también es un insumo que debe administrarse con criterios de eficiencia y circularidad cuando la presión sobre el recurso aumenta.
En Chile, esta tensión ya se refleja en iniciativas que buscan reducir el uso de agua continental mediante soluciones de reúso y nuevas fuentes, desde la desalinización en minería chilena hasta proyectos industriales basados en aguas reutilizadas en Mejillones.
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Qué reporta Moeve: menos captación de agua dulce y metas más exigentes
Moeve situó el agua como uno de los ejes de su Estrategia de Economía Circular dentro de su plan estratégico 2030 Positive Motion. El objetivo operativo es reducir la huella hídrica sin frenar su transformación industrial, incorporando eficiencia y reutilización como palancas.
Según informó la compañía en su nota de prensa sobre gestión hídrica, en las zonas consideradas de mayor estrés hídrico donde opera en España —Palos de la Frontera (Huelva), San Roque (Cádiz) y Tenerife— logró reducir 21% la captación de agua dulce respecto de 2019. En términos absolutos, el recorte equivale a 3.300.000 m³ al año, un volumen que la empresa compara con unas 1.300 piscinas olímpicas.
Tras superar su meta inicial de 20% para 2025, Moeve elevó el objetivo a 25% de reducción de captación anual de agua dulce hacia 2028, manteniendo 2019 como línea base y ampliando el alcance a sus parques industriales a nivel global, incluidos Brasil, Canadá y China, además de futuros centros industriales vinculados a “moléculas verdes”.
Las palancas operativas: reutilización, tratamiento de efluentes y gestión interna
El avance reportado no se atribuye a una única medida. La compañía lo vincula a inversiones, excelencia operacional y campañas internas de concienciación, con iniciativas orientadas a maximizar la reutilización del recurso y optimizar consumos.
Entre los proyectos destacados por Moeve figuran:
- Nueva planta de reutilización de agua en San Roque (Cádiz).
- Mejoras en el tratamiento de efluentes líquidos en La Rábida (Huelva).
- Creación del Comité de Gestión del Agua, con participación multidisciplinaria para impulsar innovación y estándares comunes de gestión.
En este enfoque, la circularidad se expresa tanto en consumir menos como en “aprovechar mejor cada gota”, integrando aguas regeneradas en procesos industriales y dando segunda vida a residuos ajenos que pueden convertirse en recursos productivos.
Agua e hidrógeno verde: el desafío de no competir con otros usos
La conexión entre agua y nuevas energías se vuelve especialmente visible en el hidrógeno verde, cuya producción requiere agua de alta calidad. En territorios con restricciones hídricas, el diseño de proyectos debe incorporar criterios de eficiencia y fuentes compatibles con el entorno para evitar tensiones con usos esenciales.
En el caso chileno, el vínculo entre H2V y agua también se instala como criterio de viabilidad: el despliegue de proyectos y su infraestructura depende de resolver abastecimiento y permisos, como se ha abordado en la discusión sobre hidrógeno verde y agua en Chile y en desarrollos que priorizan fuentes no continentales o reúso.
Reconocimientos y certificaciones: CDP y AENOR en la agenda hídrica
En la misma comunicación, Moeve reportó que en 2023 fue “una de las primeras compañías” en certificar su estrategia de Economía Circular a través de AENOR, con el agua como pilar. Además, indicó que revalidó por sexto año consecutivo la calificación de Liderazgo en gestión del agua (A-), posicionándose a la cabeza entre 62 empresas evaluadas del sector a nivel global, según la agencia independiente CDP.

