Desde su llegada a Santiago, el nuevo embajador de Estados Unidos ha impuesto un estilo inédito, con una agenda intensa centrada en inversión, permisología y minerales críticos, buscando asegurar la posición de las empresas norteamericanas en sectores estratégicos de la economía chilena.
Apenas horas después de aterrizar en Chile, el 19 de noviembre, el embajador de Estados Unidos, Brandon Judd, dio la primera señal de que su gestión no sería convencional. Ese mismo día se hizo presente en la celebración por los 35 años de McDonald’s en el país, actividad no contemplada inicialmente en la agenda diplomática y que sorprendió tanto al mundo empresarial como al cuerpo diplomático. Fue el inicio de una bitácora frenética, marcada por reuniones diarias, presencia en terreno y una activa comunicación en redes sociales.
Designado por el presidente Donald Trump y confirmado por el Senado estadounidense en octubre, Judd llegó a Chile con un mandato claro: blindar los intereses económicos de su país en un contexto de competencia global por inversiones, cadenas de suministro y minerales críticos. Ex agente y ex presidente del Consejo Nacional de la Patrulla Fronteriza de EE.UU., el diplomático ha trasladado a la embajada un estilo directo, de alto perfil y con fuerte impronta comercial.
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El volumen del intercambio bilateral explica la intensidad del despliegue. El comercio entre Chile y Estados Unidos supera los US$ 45 mil millones anuales, mientras que la inversión estadounidense en el país bordea los US$ 31 mil millones, según cifras del Banco Central. A su vez, Estados Unidos es el principal destino de la inversión chilena en el exterior, concentrando cerca del 25% del total.
Uno de los ejes centrales de la agenda de Judd ha sido la relación con AmCham Chile. Desde su arribo, ya suma seis encuentros formales con la Cámara Chilena Norteamericana de Comercio, instancia desde la cual se coordina una ambiciosa meta: atraer hasta US$ 40 mil millones de inversión estadounidense en los próximos tres años. En estas reuniones, el embajador ha sido explícito en su diagnóstico, señalando que la “burocracia gubernamental” y la lentitud en los permisos constituyen una traba urgente de resolver para mantener el atractivo del país.
La minería estratégica ocupa un lugar prioritario. Judd ha sostenido reuniones con compañías como Albemarle, EnergyX y Freeport-McMoRan, destacando la relevancia del litio, el cobre y el cobalto para la seguridad nacional de Estados Unidos. En particular, ha reiterado su preocupación por el peso de China como destino del litio chileno y la necesidad de fortalecer cadenas de suministro “seguras y confiables”.
El activismo del embajador no ha estado exento de roces. Sus críticas públicas a la regulación chilena sobre plataformas como Uber, así como sus opiniones sobre normas de datos y propiedad intelectual tras reuniones con Google y Salesforce, generaron incomodidad en sectores del oficialismo y obligaron a desplegar gestiones de carácter político.
Con un estilo que combina presencia territorial, mensajes directos y una narrativa centrada en la seguridad económica, Judd ha dejado en claro que su misión va más allá de la diplomacia tradicional. Para el nuevo embajador, comercio, inversión y geopolítica forman parte de una misma ecuación estratégica, y Chile ocupa un lugar relevante en ella.

