La expansión de las energías renovables y la digitalización de las redes eléctricas están abriendo un nuevo frente de riesgo para la seguridad energética. La Agencia Internacional de la Energía advirtió que la integración masiva de tecnologías conectadas eleva la exposición a sabotajes, brechas remotas y dependencias críticas en la cadena de suministro.
La digitalización de la red amplió la superficie de ataque
En su informe Energy Technology Perspectives 2024, la IEA sostuvo que las redes eléctricas se han convertido en la columna vertebral de la transición energética, pero también en una infraestructura más expuesta a amenazas cibernéticas. El organismo advirtió que la proliferación de controles digitales, sensores y dispositivos conectados para integrar renovables y operar sistemas cada vez más exigidos ha incrementado la escala y complejidad del riesgo.
Ese diagnóstico coincide con episodios recientes que mostraron la vulnerabilidad del sector. El 24 de febrero de 2022, el mismo día del inicio de la invasión rusa a Ucrania, una interrupción masiva de las conexiones satelitales dejó fuera de servicio la monitorización y el control remoto de 5.800 turbinas eólicas de Enercon en Europa central, según reportó entonces Reuters.

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La preocupación no se limita a grandes ataques directos sobre centrales o redes de transmisión. La IEA advierte que, a medida que los dispositivos conectados se extienden más allá del medidor, pequeñas fallas pueden acumularse y amplificarse sobre el sistema. En esa lógica, la creciente automatización de la red para absorber más solar y eólica también aumenta la dependencia de contadores inteligentes, sistemas de gestión remota y equipos conectados que pueden transformarse en puntos de entrada para un atacante.
China concentra la cadena industrial de la energía limpia
El informe también puso el foco en la concentración manufacturera. La IEA indicó que China mantiene al menos 60% de la capacidad mundial de fabricación en la mayoría de las tecnologías limpias producidas en masa, como solar fotovoltaica, sistemas eólicos y baterías, además de una participación relevante en electrolizadores. Esa concentración, advirtió el organismo, supera la observada en mercados estratégicos tradicionales como petróleo y gas.
De acuerdo con la propia agencia, una interrupción prolongada en los flujos de exportación chinos puede traducirse en pérdidas industriales de alto impacto para otras regiones. En el caso de las baterías, el golpe recaería con fuerza sobre la fabricación de vehículos eléctricos; en solar, también afectaría a las plantas de módulos fuera de China, en un momento en que Europa acelera su electrificación y la incorporación de renovables.
Los inversores chinos quedaron bajo escrutinio en Europa y Estados Unidos
La inquietud por el control remoto ya salió del plano teórico. Una investigación de Reuters sobre inversores solares fabricados en China reveló que autoridades y expertos en Estados Unidos examinaron equipos tras detectar dispositivos de comunicación no documentados en algunos inversores y baterías. Según esa publicación, los canales adicionales podrían eludir cortafuegos y habilitar manipulación remota de instalaciones críticas.
Reuters también consignó que en Europa existen más de 200 GW de capacidad solar vinculados a inversores fabricados en China, mientras que el gobierno de Lituania aprobó restricciones para bloquear el acceso remoto chino a instalaciones solares, eólicas y de almacenamiento de más de 100 kilovatios por motivos de seguridad nacional. En paralelo, la discusión sobre “equipamiento confiable” empezó a ganar espacio en Washington y en varios mercados europeos.
Para la IEA, el problema ya no pasa solo por el suministro físico de energía, sino por un riesgo sistémico en evolución: cadenas globales de hardware, firmware y servicios en la nube que pueden abrir vías de acceso a funciones críticas si los equipos de proveedores quedan comprometidos.
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