Las tierras raras se han convertido en uno de los focos de la política industrial y minera europea por su papel en la transición energética y digital. En España, el debate volvió a tomar fuerza tras el impulso del Gobierno a nuevos planes de exploración de minerales críticos, en línea con los objetivos fijados por la Unión Europea para reforzar su autonomía estratégica.
¿Qué son y por qué tienen tanto valor tecnológico?
Las tierras raras son un grupo de 17 elementos químicos que incluye 15 lantánidos, además del escandio y el itrio. Su nombre no alude a una escasez absoluta, sino a que suelen encontrarse en bajas concentraciones, lo que vuelve más compleja y costosa su extracción y procesamiento.
Su importancia radica en que son insumos clave para una amplia gama de tecnologías. De acuerdo con los antecedentes entregados, se utilizan en superconductores, superimanes para motores eléctricos, baterías, ordenadores, tubos X, lámparas fluorescentes, pilas, reactores nucleares, turbinas eólicas y cámaras. El geólogo divulgador Enrique Rojas de Pablo señala además que para fabricar un teléfono móvil se requieren “15-20 minerales importantes y cinco o seis elementos de tierras raras”.
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Ese peso tecnológico explica que la Unión Europea las considere materias primas estratégicas. El Reglamento europeo de materias primas fundamentales establece un marco para asegurar un suministro seguro y sostenible de materiales esenciales para sectores como las energías renovables, la industria digital, la aeroespacial y la defensa.
El plan español para explorar minerales críticos
En ese contexto, España ha reforzado su apuesta por la exploración minera. Según la información entregada, el Gobierno aprobó un plan con hasta 400 millones de euros para estudiar tanto minerales aún presentes en el subsuelo como residuos de antiguas explotaciones, incluidas escombreras y balsas.
Esa hoja de ruta coincide con el Plan de Acción de las Materias Primas Minerales 2025-2029 del MITECO, centrado en reciclaje, sostenibilidad y autonomía estratégica. Dentro de los minerales priorizados aparecen cobre, zinc, plomo, plata, litio, grafito, níquel, cobalto, fluorita, wolframio, feldespato y estroncio, todos vinculados a cadenas industriales consideradas críticas.
Rojas plantea que una de las oportunidades para España está en los llamados “recursos marrones”, es decir, residuos de minas antiguas situados en zonas como la faja pirítica del sur de la Península ibérica, que describe como una de las mayores reservas metálicas históricas de Europa.
China domina la cadena y la demanda seguirá creciendo
La presión por desarrollar proyectos en Europa también responde a la elevada dependencia externa. Según el texto entregado, China concentra cerca del 70% de la minería y el 90% del procesado de tierras raras, una situación que limita la autonomía de los Estados miembros en un contexto geopolítico cada vez más sensible.
Rojas sostiene que estos materiales son caros no solo por su valor tecnológico, sino también porque su procesamiento exige el uso de ácidos fuertes y productos químicos agresivos, lo que lo convierte en un proceso contaminante y costoso. Añade que Europa externalizó durante años esa etapa industrial, lo que terminó por hacer a China indispensable.
La expectativa de demanda también empuja esta nueva estrategia. El Consejo de la Unión Europea ha señalado que la demanda de tierras raras crecerá con fuerza en los próximos años, mientras los objetivos comunitarios apuntan a que el bloque pueda extraer al menos 10% de las materias primas estratégicas que consume. En ese escenario, el documento indica que la demanda de estos elementos podría multiplicarse entre tres y siete veces hacia 2040, impulsada por su uso en tecnologías vinculadas a la electrificación y la digitalización.
Rojas menciona además casos como El Campo de Montiel, en Ciudad Real, donde existen yacimientos asociados a arcillas con monacita, relativamente superficiales, que facilitarían una explotación a cielo abierto. Aunque advierte que las tierras raras pueden resultar contaminantes por los residuos tóxicos y radioactivos que genera su separación, afirma que en Europa esos procesos operan bajo normas estrictas y con controles ambientales reforzados.

