Un nuevo estudio revela que las colillas de cigarrillos pueden permanecer más de una década en el medio ambiente, transformándose en microplásticos microscópicos que se integran imperceptiblemente en el suelo. Este fenómeno subraya un creciente problema ambiental que trasciende lo meramente estético, afectando ecosistemas, suelos y, potencialmente, cuerpos de agua.
Transformación de colillas en microplásticos
Las colillas de cigarrillos, comúnmente desechadas en playas, parques y áreas urbanas, contienen filtros de acetato de celulosa que son altamente resistentes a la degradación. Según un estudio de 10 años que evaluó su comportamiento en diferentes entornos —suelos urbanos, arenosos y ricos en materia orgánica—, aunque estos residuos comienzan a degradarse de forma superficial al principio, el proceso se ralentiza considerablemente después de las primeras semanas. Incluso bajo condiciones biológicas favorables, la degradación máxima llega solo al 84 % después de una década.
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El estudio también descubrió que, en entornos urbanos con menores niveles de actividad biológica, la degradación es aún más limitada, alcanzando únicamente un 52 %. Esto deja una cantidad significativa de material plástico que persiste como residuo sólido y se fragmenta en el suelo. “No desaparecen. Se fragmentan. Se quedan”, recalca el informe.
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Impacto en los ecosistemas y procesos biológicos
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El problema va más allá de acumular residuos. Las colillas, aunque fragmentadas y transformadas, se integran en el suelo como microplásticos secundarios. Estas estructuras microscópicas pueden alterar las propiedades del suelo, afectando su capacidad para retener agua y modificar procesos biológicos críticos. Asimismo, los compuestos tóxicos liberados durante la descomposición de las colillas tienen un impacto adverso, especialmente en la germinación y el desarrollo de plantas, así como en la actividad microbiana.
En el ámbito urbano, donde el ecosistema del suelo está ya deteriorado, la presencia de colillas añade un nivel adicional de presión ambiental. Además, los eventos de lluvias pueden arrastrar fragmentos de microplásticos y residuos químicos hacia cuerpos de agua cercanos, extendiendo los efectos contaminantes a otros hábitats.
Una amenaza silenciosa y acumulativa
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La persistencia de las colillas en el medio ambiente no solo las convierte en un problema estético, sino también en un contaminante plástico de larga duración. Aunque su toxicidad inicial disminuye con el tiempo, pueden emerger nuevos compuestos derivados del deterioro químico, manteniendo un nivel de toxicidad crítico. Estos residuos “se convierten en una fuente de microplásticos secundarios en ecosistemas terrestres, algo mucho menos estudiado que en océanos”, destaca el informe.
Ante la disposición anual de billones de colillas en todo el mundo, el problema apunta a un impacto ambiental acumulativo y apenas visible, pero de consecuencias potencialmente significativas. Su integración definitiva al suelo complica aún más su eliminación futura y representa un desafío creciente para la sostenibilidad ambiental de diversos ecosistemas.
- Persistencia: Transformación en microplásticos que permanecen en el ambiente por más de 10 años.
- Toxicidad: Emisión de compuestos químicos dañinos que afectan a plantas y microorganismos.
- Impacto acumulativo: Alteraciones en la estructura y funciones del suelo.



