La escalada de tensiones en Oriente Próximo, derivada de los recientes conflictos entre Estados Unidos, Israel e Irán, ha puesto en riesgo un recurso estratégico clave para los países árabes del Golfo: el agua potable. Ataques a infraestructuras hídricas de desalinización han generado alarma en una región desértica que depende significativamente de esta tecnología para abastecer a su creciente población.
Infraestructuras hídricas bajo amenaza
En las últimas semanas, dos incidentes han puesto de relieve el impacto potencial de los ataques contra instalaciones hídricas en la región. Irán acusó a Estados Unidos de dañar una planta desalinizadora en la isla de Qeshm, afectando el suministro de agua a 30 municipios. Asimismo, el gobierno de Baréin denunció que un dron iraní provocó daños en una planta desalinizadora de su territorio. Aunque los daños han sido limitados hasta el momento, estos eventos subrayan la fragilidad de las redes de agua en una zona donde la desalinización es indispensable.
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El investigador Mohammad Abu Hawash, experto en política del agua, explicó que el ataque contra estos recursos desencadena “un miedo primario” debido a la dependencia de la población de esta tecnología. Los países del Golfo, como Arabia Saudí, Emiratos y Qatar, cuentan con más de 400 plantas desalinizadoras que producen aproximadamente el 50% del agua desalinizada del mundo, pese a representar menos del 1% de la población global. En Qatar, por ejemplo, hasta el 99% del agua potable proviene de la desalinización.
Vulnerabilidad e impacto regional
La localización costera de las plantas desalinizadoras, muchas veces cercanas a infraestructura energética y logística clave, las convierte en objetivos vulnerables. Ataques como los registrados en Emiratos y Kuwait han sucedido en proximidad de grandes instalaciones de este tipo. Sin embargo, debido a su diseño, con múltiples estaciones individuales por planta, dejarlas completamente inoperativas resulta complejo, según explicó Abu Hawash.
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Por otro lado, Irán, pese a depender menos de la desalinización, enfrenta sus propios desafíos en recursos hídricos. La sobreexplotación de embalses y pozos, combinada con sequías severas y políticas agrícolas cuestionadas, han llevado al país a una creciente escasez de agua, generando protestas sociales. Esto resalta que la región en su conjunto está altamente expuesta a este problema.
- El 61% del agua de Qatar proviene de plantas desalinizadoras.
- Arabia Saudí y Emiratos reportan cifras de dependencia que alcanzan el 70% y el 42%, respectivamente, en cuanto a agua para beber.
Esfuerzos y amenazas geopolíticas
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A pesar de que los Convenios de Ginebra prohíben ataques contra infraestructuras esenciales, estos han ocurrido con frecuencia en conflictos recientes. Israel, cuya infraestructura hídrica ha sido reiteradamente señalada, no es parte del protocolo adicional de estos tratados, al igual que Estados Unidos e Irán.
Los países árabes del Golfo, como Arabia Saudí, han tomado medidas para mitigar su vulnerabilidad, incluida la descentralización de infraestructura, protección de recursos subterráneos y la construcción de plantas desalinizadoras más pequeñas y protegidas. No obstante, las crecientes amenazas resaltan la necesidad de acelerar estos esfuerzos para garantizar la seguridad del agua en una región donde este recurso es literalmente vital.



