El hidrógeno verde en China volvió al centro de la transición energética por la escala industrial de Kuqa, el complejo solar de Sinopec en Xinjiang con capacidad anual de 20.000 toneladas. El avance combina generación fotovoltaica, electrólisis y una nueva base normativa que facilita el uso del hidrógeno como energía.
Kuqa instala escala industrial con energía solar y electrólisis
El proyecto de Kuqa, desarrollado por Sinopec, utiliza recursos solares de Xinjiang para producir hidrógeno mediante electrólisis del agua. La compañía informó que la instalación considera una producción anual de 20.000 toneladas de hidrógeno verde, además de infraestructura asociada para almacenamiento y transporte, en una operación pensada para abastecer procesos industriales vinculados a refinación.
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La escala importa porque el hidrógeno verde todavía enfrenta una brecha entre anuncios y ejecución. Mientras buena parte de los proyectos globales sigue en etapas tempranas, China ha logrado poner en operación activos de gran tamaño, conectados a generación renovable y con demanda industrial identificada desde el inicio.
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Ese punto marca una diferencia relevante frente a otros mercados. En Chile, el debate sobre el hidrógeno verde como herramienta para reducir emisiones hacia 2050 sigue asociado a permisos, costos e infraestructura, mientras China avanza con proyectos integrados en polos industriales.
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La nueva ley energética reduce barreras para el hidrógeno
El impulso chino no se explica solo por capacidad solar o fabricación de equipos. La primera ley energética del país, vigente desde 2025, incorporó por primera vez al hidrógeno dentro de la legislación nacional y definió su rol como fuente energética. Ese cambio, reportado por People’s Daily Online sobre la entrada en vigor de la norma, ordena el marco legal para producción, uso, innovación y desarrollo de infraestructura.
La reclasificación es clave para proyectos que requieren permisos, transporte, almacenamiento, estaciones de suministro y contratos de suministro industrial. En términos prácticos, el hidrógeno deja de quedar tratado solo bajo una lógica de producto químico y entra al perímetro de la planificación energética.
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Para la minería y la industria pesada, ese giro regulatorio es relevante porque el hidrógeno verde apunta a usos donde la electrificación directa no siempre resuelve el problema: transporte de alto tonelaje, calor industrial, refinerías, fertilizantes, acero y combustibles sintéticos. En Chile, esa discusión aparece también en el análisis sobre hidrógeno verde en la minería y las barreras de costo, donde el potencial técnico convive con exigencias logísticas y económicas.
China toma ventaja en electrolizadores y capacidad instalada
La ventaja china se mide también en equipos. La Agencia Internacional de Energía señaló en su Global Hydrogen Review 2025 que la capacidad mundial instalada de electrólisis de agua llegó a 2 GW en 2024, con más de 1 GW adicional incorporado hasta julio de 2025. China representa 65% de la capacidad instalada global y de la capacidad que ya alcanzó decisión final de inversión.
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Ese dato supera la referencia habitual de que China controla cerca de la mitad del mercado. La posición actual es más amplia: el país concentra despliegue, fabricación y demanda interna suficiente para sostener una curva de aprendizaje industrial.
La IEA también advierte que la producción global de hidrógeno sigue dominada por combustibles fósiles y que el hidrógeno de bajas emisiones aún representa menos del 1% del total. Por eso, los proyectos como Kuqa son relevantes no por resolver por sí solos la transición, sino por mostrar que la escala industrial ya está entrando en operación en mercados con energía renovable barata, capacidad manufacturera y regulación alineada.
El contraste para Chile y otros productores emergentes
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China está convirtiendo el hidrógeno verde en una industria de ejecución, no solo en una cartera de anuncios. Ese contraste pesa para países con alto potencial renovable, como Chile, que buscan pasar desde pilotos y memorandos hacia plantas comerciales, demanda local y logística exportadora.
El desafío no es menor. La competencia ya no se juega únicamente en radiación solar o viento disponible. También incluye permisos, precio de electricidad, costo de capital, fabricación de electrolizadores, redes de transporte, puertos, consumo industrial y reglas claras para contratos de largo plazo.
En ese marco, el avance chino agrega presión sobre los países que quieren capturar valor en la cadena del hidrógeno. La discusión chilena sobre proyectos en pausa y velocidad de ejecución queda atravesada por una pregunta industrial concreta: cómo transformar condiciones naturales favorables en producción efectiva antes de que los grandes actores definan estándares, costos y mercados.
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