Industria Minera

Hidrógeno verde en la minería: entre la promesa de la descarbonización y las barreras del costo

El uso de hidrógeno verde avanza como alternativa para reducir las emisiones del transporte minero, pero enfrenta desafíos logísticos, económicos y…

Hidrógeno verde en la minería: entre la promesa de la descarbonización y las barreras del costo
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El uso de hidrógeno verde avanza como alternativa para reducir las emisiones del transporte minero, pero enfrenta desafíos logísticos, económicos y regulatorios que moderan el entusiasmo inicial del sector.

Una escena poco habitual marcó el centro histórico de Antofagasta el 20 de noviembre pasado: una locomotora silenciosa y sin vagones recorrió el trayecto entre el Patio Norte y el Puerto. No transportaba mineral ni pasajeros, pero sí un mensaje estratégico para la industria. Se trató de la primera locomotora impulsada por hidrógeno verde en Chile y Latinoamérica, desarrollada para el Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB), filial de Antofagasta PLC, y concebida como parte de su plan de descarbonización.

El hidrógeno verde —producido mediante electrólisis del agua usando energía renovable— es visto como un vector energético con potencial para reemplazar combustibles fósiles en actividades intensivas en emisiones. En minería, su atractivo es evidente: de acuerdo con estimaciones de McKinsey, el sector aporta cerca del 7% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, con una fracción significativa asociada al transporte de minerales.

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Tras cuatro años de evaluaciones y una inversión cercana a US$4,5 millones, la locomotora llegó desde China para ser probada en condiciones reales de operación. El objetivo es medir autonomía, capacidad de carga y rendimiento, y determinar si puede sustituir gradualmente a las locomotoras diésel. Sin embargo, el desafío no es menor. “Hoy el hidrógeno lo estamos trayendo de Brasil, por carretera. Es una distancia muy larga y el costo es muy alto”, reconocen desde FCAB, graficando una de las principales barreras para su masificación.

El problema del costo es transversal. Mientras el hidrógeno gris —producido a partir de combustibles fósiles— cuesta entre US$1 y US$2 por kilo, el hidrógeno verde fluctúa entre US$3 y US$7 por kilo, según Montel Energy. La brecha se ha reducido, pero no al ritmo que anticipaban las proyecciones iniciales, pese a inversiones globales que superan los US$40 mil millones.

Experiencias internacionales muestran tanto el potencial como las dificultades. Anglo American probó en 2022 un camión minero a hidrógeno verde en Sudáfrica, capaz de transportar 300 toneladas de roca. El prototipo, híbrido entre celdas de hidrógeno y baterías eléctricas, evidenció que la tecnología es viable, pero requiere infraestructura dedicada, como hidrolineras y generación propia del combustible.

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En Chile, el impulso público y privado comienza a articularse. La H2 Chile destaca avances regulatorios, incentivos tributarios y proyectos en evaluación ambiental, como la iniciativa de Susterra en Calama por US$441 millones, orientada a abastecer directamente a la minería. En paralelo, Magallanes apuesta por el amoníaco verde, más fácil de transportar, aunque su mercado avanza con menor dinamismo del esperado.

La conclusión que emerge es cauta. El hidrógeno verde no es una solución inmediata, pero sí una apuesta estratégica de largo plazo. “Las transformaciones profundas toman tiempo”, sostienen los especialistas, recordando el camino que recorrieron las energías renovables antes de alcanzar competitividad. En ese trayecto, iniciativas pioneras como la locomotora verde de Antofagasta buscan abrir ruta, aun asumiendo costos y riesgos, hacia una minería con menores emisiones y mayor sostenibilidad.