
El equipo inició una expedición en el Mar de China Meridional y fue diseñado para ejecutar tareas de exploración mineral, muestreo científico, inspección de infraestructura y operaciones energéticas en ambientes de alta presión.
China puso en operación un nuevo robot submarino de trabajo capaz de descender hasta 4.500 metros de profundidad, incorporando a su plataforma tecnológica una herramienta destinada a exploración científica, recursos minerales y operaciones industriales en aguas profundas. El sistema zarpó el 28 de septiembre desde el puerto de Weihai, en la provincia de Shandong, con destino al Mar de China Meridional, donde será sometido a pruebas integrales en condiciones reales.
La misión busca validar el funcionamiento completo del vehículo fuera del laboratorio y avanzar hacia aplicaciones industriales. El programa involucra al Instituto de Tecnología de Harbin, a través de su sede de Weihai, y se inserta en una estrategia china más amplia para desarrollar capacidades propias de exploración y operación en las grandes profundidades oceánicas.
Para la industria minera, el desarrollo resulta especialmente relevante por una de las funciones previstas para el vehículo: la exploración de recursos minerales submarinos. El fondo oceánico concentra recursos como nódulos polimetálicos, tierras raras y otras mineralizaciones que contienen metales considerados estratégicos para electrificación, manufactura avanzada y tecnologías energéticas.
Tecnología para operar bajo presión extrema
El nuevo sistema corresponde a un vehículo submarino de clase de trabajo diseñado para desenvolverse en un ambiente donde la presión, las comunicaciones, el posicionamiento y el suministro de potencia representan barreras técnicas sustancialmente mayores que en operaciones convencionales.
Entre sus componentes destaca un manipulador hidráulico multifuncional de siete ejes desarrollado en China, destinado a ejecutar tareas físicas directamente sobre el fondo marino. La plataforma incorpora además soluciones de sellado resistente a la presión, propulsión de alta potencia, comunicaciones submarinas de larga distancia y navegación autónoma multimodal. Su desarrollo abordó más de 30 desafíos tecnológicos asociados al trabajo en aguas profundas.
Estas capacidades permiten ampliar el rango de operaciones posibles. Además de exploración mineral y toma de muestras, el vehículo fue concebido para intervenir en operaciones de petróleo y gas, inspección de tuberías submarinas y labores de recuperación o salvamento.
El salto tecnológico no consiste únicamente en alcanzar una determinada profundidad. Para una eventual aplicación minera, la capacidad de localizar objetivos, posicionarse con precisión, manipular materiales y obtener muestras geológicas resulta fundamental para caracterizar depósitos antes de evaluar cualquier alternativa de extracción.
China amplía su capacidad para investigar el fondo oceánico
La puesta en servicio del robot ocurre mientras China aumenta simultáneamente sus capacidades de perforación, navegación robótica y caracterización geológica submarina.
En 2025, el vehículo operado remotamente Haiqin, diseñado para la clase de 6.000 metros, alcanzó una profundidad de 4.140 metros en el Mar de China Meridional, donde realizó recolección de sedimentos y muestras biológicas. Estas operaciones también permitieron probar la coordinación con otros sistemas submarinos.
Durante 2026, el avance se extendió hacia la perforación científica oceánica. El buque Mengxiang completó recientemente una campaña de 30 días en el Mar de China Meridional, recuperando muestras de basalto del fondo oceánico y elevando la capacidad china de perforación en aguas profundas al rango de 5.000 metros.
La campaña alcanzó una profundidad total máxima de 4.929,17 metros y una penetración máxima de 864,77 metros. El programa logró además recuperar 4,27 metros de núcleo de basalto mediante equipamiento desarrollado localmente. Dos vehículos operados remotamente participaron de las tareas y acumularon más de 358 horas de trabajo a unos 4.000 metros de profundidad, con una operación continua que llegó a 103 horas.
El conjunto de capacidades —buques de perforación, robots operados remotamente, vehículos autónomos, manipuladores y sistemas de navegación— permite construir una plataforma tecnológica que puede servir tanto a la investigación científica como a futuras actividades relacionadas con recursos minerales y energéticos.
Minerales críticos entran en la ecuación submarina
China también ha avanzado en la generación de información geológica del lecho marino. Durante 2026 se han reportado trabajos orientados a caracterizar elementos como hierro, manganeso, cobre y tierras raras, junto con investigaciones específicas sobre depósitos submarinos.
El interés se concentra, entre otros objetivos, en tierras raras profundas y nódulos polimetálicos. Estos últimos pueden contener combinaciones de manganeso, níquel, cobre y cobalto, lo que los ha convertido en uno de los principales focos del debate internacional sobre una eventual minería comercial en aguas profundas.
El desarrollo tecnológico avanza, sin embargo, más rápido que la consolidación de un modelo global de explotación. La minería submarina sigue enfrentando interrogantes regulatorias, económicas y ambientales, especialmente por los posibles efectos de la remoción de sedimentos y la intervención de ecosistemas de aguas profundas.
La capacidad de exploración constituye por ello una etapa distinta de la extracción comercial. Un robot capaz de identificar, observar y tomar muestras de mineralización a miles de metros de profundidad no implica por sí mismo que un depósito pueda transformarse inmediatamente en una operación minera económicamente viable.
Robótica submarina reduce una de las barreras de acceso
La dificultad para estudiar directamente el fondo oceánico ha sido históricamente uno de los obstáculos para evaluar recursos minerales submarinos. Las grandes profundidades encarecen las campañas, restringen la intervención humana y obligan a utilizar sistemas capaces de funcionar durante períodos prolongados bajo presiones extremas.
La automatización puede modificar gradualmente esa ecuación. Plataformas robóticas con navegación autónoma, sensores, brazos manipuladores y comunicaciones submarinas permiten levantar información geológica y ambiental con una presencia humana directa mucho menor.
China ya había probado durante este año otro robot especializado en perforación y monitoreo dentro de formaciones del fondo marino. Ese equipo operó a 1.264 metros de profundidad y obtuvo más de 2.000 conjuntos de datos relacionados con concentración de metano, oxígeno disuelto y estructura geológica. El sistema fue desarrollado pensando, entre otras aplicaciones, en la investigación de hidratos de gas, tierras raras submarinas y otros recursos profundos.
La nueva plataforma de 4.500 metros extiende esa capacidad hacia ambientes considerablemente más profundos.
La carrera tecnológica se desplaza hacia el fondo del océano
El despliegue chino coincide con un aumento del interés internacional por los minerales submarinos, impulsado por la búsqueda de nuevas fuentes de metales críticos y por la concentración geográfica de varias cadenas de suministro.
Japón, por ejemplo, consiguió durante 2026 recuperar sedimentos ricos en tierras raras desde aproximadamente 5.700 metros de profundidad cerca de la isla de Minamitorishima, mostrando que la competencia tecnológica por caracterizar recursos del fondo marino ya involucra a varias economías industriales.
En este escenario, el nuevo robot chino debe observarse más allá de una expedición científica aislada. La capacidad de trabajar a 4.500 metros, manipular objetos, obtener muestras, inspeccionar infraestructura y navegar de forma autónoma representa una pieza adicional dentro de una infraestructura tecnológica cada vez más amplia para operar en el océano profundo.
Para la minería mundial, la señal es clara: la exploración de minerales submarinos está incorporando tecnologías que hasta hace pocos años estaban limitadas principalmente a investigación oceanográfica y operaciones energéticas especializadas. La discusión sobre cuándo y bajo qué condiciones podría existir minería comercial a gran profundidad continúa abierta, pero la tecnología necesaria para estudiar esos recursos está avanzando rápidamente.






