La búsqueda de soluciones para mitigar el cambio climático ha llevado a científicos a explorar métodos innovadores para capturar y almacenar dióxido de carbono (CO2), un gas cuyas emisiones excesivas están impulsando fenómenos como el calentamiento global. Una investigación reciente plantea que ciertos tipos de rocas volcánicas podrían ser clave en esta lucha contra el exceso de CO2.
El potencial de las rocas volcánicas para capturar carbono
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En un estudio publicado en la revista AGU Advances, geofísicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han demostrado cómo el CO2 puede ser capturado y almacenado de forma segura al inyectarlo en rocas volcánicas subterráneas. Según los expertos, este proceso provoca reacciones químicas que solidifican el carbono en forma de minerales, garantizando su estabilidad durante millones de años y evitando su liberación a la atmósfera.
Utilizando rayos X durante los experimentos, los investigadores examinaron cómo el CO2 inyectado interactuaba con los poros y grietas de las rocas a medida que se mineralizaba. Los resultados indicaron que, aunque la permeabilidad de la roca disminuía a medida que los minerales se acumulaban, el CO2 continuaba fluyendo, aunque de forma más lenta, y seguía formando minerales. Matėj Peč, coautor del estudio y profesor asociado en el MIT, destacó: “Este estudio proporciona información sobre lo que hace la roca durante este complejo proceso de mineralización, lo que podría dar ideas sobre cómo manipularla a nuestro favor”.
De acuerdo con Jonathan Simpson, investigador del MIT y también coautor del estudio, estos hallazgos son cruciales para entender cómo podría optimizarse este proceso a gran escala. Simpson declaró: “Si se inyectara CO2 en la Tierra y se observara una caída drástica en la permeabilidad, algunos operadores podrían pensar que han obstruido el pozo. Pero, como demuestra el estudio, en algunos casos esto podría no ser tan importante, siempre que se mantenga cierto caudal, aún se podrían formar minerales y secuestrar carbono”.
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Proyectos piloto y desafíos futuros
Los primeros experimentos han utilizado basalto, una roca volcánica altamente porosa encontrada en regiones como Islandia y Hawái. Este material contiene elementos como hierro, calcio y magnesio, los cuales, al mezclarse con CO2, forman nuevos minerales como la calcita y la dolomita. El basalto ofrece una estructura ideal debido a sus grietas y fracturas naturales que facilitan la incorporación del dióxido de carbono.
Un proyecto destacado en Islandia, liderado por la empresa CarbFix, ya está abordando la viabilidad de este enfoque. Este programa inyecta agua enriquecida con CO2 en formaciones de basalto subterráneo para analizar la cantidad de gas que se puede transformar en minerales sólidos. Según la empresa, más del 95 % del CO2 inyectado en el subsuelo se convierte en minerales en tan solo dos años, marcando un avance alentador en la captura de carbono.
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- La investigación subraya la importancia de continuar explorando diferentes tipos de rocas en diversas localizaciones para maximizar el almacenamiento.
- Se busca resolver el desafío de evitar la obstrucción de grietas y fisuras, que podría limitar la capacidad total de almacenamiento de CO2.
Este avance podría abrir nuevas posibilidades para la minería y otras industrias relacionadas, al permitir un uso más sostenible de los recursos geológicos. Sin embargo, como destaca el estudio, aún es necesario profundizar en el análisis de la evolución de las rocas una vez inyectadas con dióxido de carbono, así como en la optimización del proceso para aplicaciones industriales de gran escala.



