La baja del crudo alivió el riesgo energético global, pero el retroceso del cobre encendió señales de cautela para Chile por su impacto en ingresos fiscales, tipo de cambio y valorización del sector minero.
El mercado de materias primas volvió a moverse con fuerza esta semana. El precio del petróleo Brent y el WTI retrocedieron hasta niveles similares a los observados antes del inicio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, mientras que el cobre perdió la barrera de los US$6 por libra en la Bolsa de Metales de Londres, tras mantenerse más de un mes sobre ese umbral.
De acuerdo con los datos diarios de la Comisión Chilena del Cobre, el cobre grado A cerró el miércoles 24 de junio en US$5,979 por libra contado en la Bolsa de Metales de Londres, con una caída diaria de 1,14%. En paralelo, el contrato futuro a tres meses quedó en US$6,005 por libra.
El movimiento no cambia todavía el escenario de precios históricamente altos para el metal rojo, pero sí marca una corrección relevante después del rally que llevó al cobre a máximos nominales durante mayo. En la misma jornada, el promedio anual informado por Cochilco se ubicó en US$5,931 por libra, 38,94% sobre igual fecha del año anterior.
El petróleo reduce la prima geopolítica
La caída del crudo se explica principalmente por la normalización parcial del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas más sensibles para el comercio global de energía. Reuters informó que el Brent para entrega en agosto bajó a US$73,23 por barril, mientras el WTI retrocedió a US$69,81, ambos en sus menores niveles desde el 27 de febrero.
El ajuste refleja que el mercado comenzó a descontar un menor riesgo de interrupciones prolongadas en el suministro desde Medio Oriente. Según Reuters, los flujos por Ormuz se acercan a niveles previos al conflicto, aunque la normalización total podría tomar semanas por medidas de seguridad y despeje en la zona.
Para Chile, importador neto de combustibles, un petróleo más bajo tiende a aliviar presiones sobre transporte, logística, generación térmica y costos operacionales en sectores intensivos en energía, incluida la minería. El alivio energético, sin embargo, llegó junto con una señal menos favorable para el principal producto de exportación del país: el cobre.
Por qué bajó el cobre
El retroceso del metal rojo combinó factores financieros, industriales y geopolíticos. La baja del petróleo redujo la presión inflacionaria asociada a Medio Oriente y restó parte del componente especulativo que había impulsado a varias materias primas. A eso se sumó la fortaleza del dólar y la expectativa de tasas de interés más restrictivas en Estados Unidos, factores que suelen presionar a la baja a los metales industriales.
La Tercera informó que el cobre llegó a US$5,97 por libra en la Bolsa de Metales de Londres, su menor nivel desde el 5 de mayo, y 6,5% por debajo del máximo de US$6,394 alcanzado el 13 de mayo. El mismo reporte señaló que, pese a la caída, el precio acumulaba un alza anual de 5,41% y un promedio de 2026 muy superior al de igual período de 2025.
El ajuste también estuvo vinculado a dudas sobre valorizaciones tecnológicas y expectativas en torno a la inteligencia artificial, rubro que el mercado ha incorporado como uno de los nuevos motores de demanda eléctrica, redes, centros de datos y, por extensión, cobre. La corrección de corto plazo no elimina esa demanda estructural, pero sí muestra que el precio del cobre sigue altamente sensible a cambios en tasas, dólar y apetito por riesgo.
Impacto para Chile y la minería
Para la minería chilena, el dato relevante no es solo que el cobre haya bajado de los US$6. El punto central es que lo hizo en un contexto donde el precio promedio anual sigue en niveles excepcionalmente altos, mientras la producción local enfrenta presión.
Según cifras citadas por La Tercera sobre estadísticas de Cochilco, Chile produjo 1.613.900 toneladas de cobre entre enero y abril de 2026, por debajo de las 1.751.800 toneladas del mismo período de 2025, una caída cercana al 8%.
Ese contraste es clave: precios altos elevan ingresos por exportaciones y recaudación fiscal, pero una menor producción limita la capacidad de capturar plenamente ese ciclo. Para las compañías mineras, el escenario obliga a equilibrar continuidad operacional, costos, disponibilidad de insumos, leyes minerales, productividad y avance de proyectos.
Cochilco había elevado en mayo su proyección de precio promedio del cobre para 2026 a US$5,55 por libra y estimó US$5,10 por libra para 2027, en un escenario de demanda sólida y estrechez de oferta. El organismo también proyectó que el consumo mundial de cobre refinado crecería 1,5% en 2026 y 2,3% en 2027, hasta 28,2 millones y 28,8 millones de toneladas, respectivamente.
Datos clave
Cobre contado LME: US$5,979 por libra al 24 de junio.
Variación diaria del cobre contado: -1,14%.
Futuro a tres meses LME: US$6,005 por libra.
Promedio anual del cobre: US$5,931 por libra.
Brent agosto: cerca de US$73 por barril.
WTI: bajo los US$70 por barril.
Producción chilena enero-abril 2026: 1.613.900 toneladas.
Variación de producción frente a enero-abril 2025: cerca de -8%.
El mercado entra en una fase más selectiva
La corrección del cobre bajo los US$6 no necesariamente implica un cambio de tendencia de largo plazo. La demanda asociada a electrificación, redes, electromovilidad, centros de datos y transición energética mantiene una base estructural favorable para el metal. Pero el ajuste sí muestra que el mercado puede separar el fundamento de largo plazo de las condiciones financieras de corto plazo.
Para Chile, el principal riesgo sería una combinación de menor precio, menor producción y dólar más alto, porque afectaría ingresos fiscales, expectativas de inversión y costos de financiamiento. Por ahora, el precio promedio anual continúa muy por sobre los registros de 2025, lo que mantiene un escenario favorable para la industria.
Lo que observará el mercado minero en las próximas semanas será si el nivel de US$6 por libra vuelve a actuar como soporte para el cobre o si se transforma en una resistencia técnica, en medio de un petróleo más bajo, menor presión inflacionaria y una economía global todavía sensible a las decisiones de la Reserva Federal.









