Cobre y litio se han convertido en el principal salvavidas para la economía chilena en medio de un año marcado por la desaceleración de la actividad, el deterioro fiscal y la incertidumbre internacional. El metal rojo superó los US$6 por libra durante las últimas semanas —niveles históricamente inéditos en términos reales— mientras que el litio acumula una recuperación cercana al 85% en lo que va del año, impulsado por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente, problemas de oferta minera y la aceleración global de la transición energética. En este escenario, especialistas estiman que Chile podría recibir entre US$3 mil millones y US$4 mil millones adicionales respecto de lo presupuestado originalmente para 2026, principalmente vía mayores excedentes de Codelco, recaudación tributaria y royalty minero. Sin embargo, el entusiasmo convive con advertencias importantes: la caída de 6% en la producción nacional de cobre durante el primer trimestre, el mayor déficit fiscal heredado y la fragilidad de la economía local podrían absorber parte importante de esos recursos extraordinarios.
El cobre rompe todas las proyecciones y redefine el escenario económico
El actual rally del cobre dejó atrás cualquier previsión conservadora que predominaba hace apenas dos años, cuando comenzaban las primeras señales de un eventual “superciclo” asociado a electrificación, energías renovables e inteligencia artificial. Hoy, con un promedio anual cercano a US$5,86 por libra y máximos superiores a US$6, el mercado enfrenta una combinación inédita de restricciones estructurales de oferta y un crecimiento sostenido de la demanda global.
El académico de la Universidad Católica, Gustavo Lagos, atribuye gran parte de la presión alcista a problemas operacionales severos en algunas de las principales minas del mundo. Entre ellas destacan las inundaciones en Kamoa-Kakula, en República Democrática del Congo; los efectos persistentes del accidente en El Teniente; y la paralización parcial de Grasberg, en Indonesia, tras un deslizamiento fatal ocurrido el año pasado. En conjunto, estas interrupciones habrían retirado cerca del 3% de la oferta mundial de cobre, generando un desequilibrio que el mercado todavía no logra corregir.
A ello se suma un fenómeno estructural de demanda. La expansión de centros de datos vinculados a inteligencia artificial, la electrificación del transporte y el despliegue masivo de infraestructura energética están elevando el consumo global de cobre a niveles récord. En paralelo, la depreciación internacional del dólar ha fortalecido aún más el precio de los commodities. Este contexto refuerza proyecciones que ya anticipaban déficits de cobre hacia finales de la década y que ahora podrían adelantarse varios años.
El litio revive impulsado por la transición energética y la guerra en Medio Oriente
El litio también vive un fuerte rebote durante 2026, aunque con fundamentos distintos a los del cobre. Tras el desplome experimentado durante 2024 y parte de 2025, el mineral volvió a ganar protagonismo debido al encarecimiento del petróleo y a la aceleración de la demanda por vehículos eléctricos, especialmente en China.
La economista Daniela Desormeaux sostiene que las tensiones geopolíticas están actuando como un catalizador indirecto para el mercado del litio. El alza del petróleo encarece los combustibles fósiles y fortalece los incentivos globales para acelerar la electromovilidad, mientras que las restricciones de China a exportaciones de ácido sulfúrico —clave para ciertos procesos mineros— también están elevando costos y tensionando la oferta.
Desde XTB, el analista Emanoelle Santos advierte que el mercado aún se encuentra en una “fase de validación” del rally. Aunque los futuros ya superaron los 200.000 yuanes por tonelada, los fabricantes de baterías continúan operando principalmente con inventarios adquiridos a menores precios y contratos previos. Eso implica que todavía no existe una transmisión completa hacia una demanda física más robusta.
Pese a ello, el escenario actual devuelve optimismo a la industria chilena del litio, especialmente considerando el avance de proyectos estratégicos y las expectativas asociadas a nuevas inversiones. En paralelo, el mercado continúa atento a definiciones regulatorias y asociaciones público-privadas vinculadas a la Estrategia Nacional del Litio impulsada por Chile.
El alivio fiscal podría ser millonario, pero no suficiente
El gran impacto del rally de los minerales se observará en las cuentas públicas. El Presupuesto 2026 fue elaborado con un precio promedio del cobre de US$4,35 por libra, muy por debajo de los niveles actuales. Esa diferencia abre espacio para ingresos fiscales extraordinarios de gran magnitud.
El director ejecutivo de Plusmining, Juan Carlos Guajardo, estima que si el cobre promedia US$5,5 por libra durante el año, el Fisco podría recibir cerca de US$4 mil millones adicionales, cifra a la que habría que sumar el aporte extraordinario del litio. Juan Ortiz, economista del OCEC-UDP, calcula un efecto algo más moderado: alrededor de US$2.500 millones extra por cobre y otros US$600 millones asociados al litio.
Los recursos provendrían principalmente de:
- Mayores excedentes de Codelco.
- Incremento en el royalty minero.
- Recaudación adicional del impuesto de primera categoría.
- Mayores utilidades de la gran minería privada.
- Contratos y rentas asociadas al litio.
Parte importante del efecto también dependerá de la evolución del tipo de cambio y de los costos operacionales de la industria. Un peso chileno más apreciado reduce el impacto fiscal medido en moneda local, mientras que los mayores costos energéticos y logísticos derivados del conflicto en Medio Oriente podrían moderar parte de las ganancias extraordinarias.
Producción minera y déficit fiscal moderan el optimismo
Pese al favorable escenario de precios, el principal riesgo para Chile sigue siendo la producción minera. El país produjo 1,22 millones de toneladas de cobre fino durante el primer trimestre, la cifra más baja para ese período desde 2017, según datos del INE. Esa caída de 6% respecto del año pasado limita la capacidad de capturar completamente los beneficios del rally internacional.
Al mismo tiempo, el deterioro de las cuentas fiscales sigue siendo profundo. El déficit efectivo alcanzó 2,8% del PIB el año pasado y las proyecciones oficiales apuntan a una meta de -1,8% para este ejercicio, aunque diversos analistas creen que el desbalance real sería bastante mayor.
En el mercado existe consenso en que buena parte de los mayores ingresos mineros no necesariamente se traducirán en mayor gasto público o nuevos programas, sino que terminarán cubriendo déficits acumulados, menor recaudación tributaria y necesidades de financiamiento del Estado. Esa presión fiscal explica también por qué el gobierno mantiene atención especial sobre iniciativas vinculadas al royalty minero y la recaudación asociada al sector.
Aun así, el boom del cobre vuelve a posicionar a Chile en el centro del mercado global de minerales críticos. En un mundo tensionado por conflictos geopolíticos, transición energética y crecimiento explosivo de la inteligencia artificial, el país enfrenta probablemente el escenario más favorable para su minería desde el último superciclo de commodities. También enfrenta el desafío de transformar esos ingresos extraordinarios en crecimiento económico sostenible, mayor inversión y estabilidad fiscal de largo plazo.
