El conflicto en Medio Oriente está generando un efecto dominó en los mercados energéticos, y Argentina no es la excepción. El aumento del 30% en los precios del Gas Natural Licuado (GNL), influido por los ataques en Qatar, acarrea desafíos adicionales a los planes de privatización impulsados por el Gobierno de Javier Milei para el abastecimiento de este recurso clave.
Impacto del conflicto en el mercado del GNL
El impacto del reciente conflicto en Medio Oriente sobre los precios del GNL genera desafíos adicionales para Argentina, que planea importar veinte buques de este recurso. Según el Gobierno, estas adquisiciones estarán a cargo del sector privado, aunque aún no se ha anunciado al comercializador que liderará el proceso. Además, el precio local enfrentará presiones por la diferencia con el índice Title Transfer Facility (TTF), a lo que se sumarán costos de regasificación, acceso a terminales y riesgos financieros.
María Tettamanti, secretaria de Energía, destacó en un reciente encuentro denominado Vaca Muerta Insights que el objetivo del Gobierno es que los costos del GNL sean absorbidos directamente por quienes lo consuman. “Estamos tomando la decisión de que pague el GNL el que lo usa. Que va a ser mayoritariamente la generación (el año pasado fue el 60%) y el resto debería ser en partes iguales la industria y residenciales, siempre y cuando los valores sean razonables”, puntualizó.
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Ajustes en la política energética y nuevas complicaciones
Por primera vez en 18 años, ya no será el Estado quien absorba la diferencia de precios, marco en el que el ministro de Economía, Luis Caputo, busca reducir los subsidios energéticos. De acuerdo con Tettamanti, esto redistribuirá los costos entre las usinas termoeléctricas e industrias.
Si bien la producción local de gas ha incrementado significativamente gracias a los desarrollos de Vaca Muerta, las importaciones de GNL siguen siendo cruciales en los meses de mayor demanda. Enarsa, por ejemplo, adjudicó en 2025 un total de 27 buques, transacción realizada a precios que ya superaban los US$13 por millón de BTU, mientras que el valor actual ya excede los US$20. Las previsiones sugieren que este aumento continuará, agravado por desafíos logísticos y la incertidumbre global.
Dificultades de transporte y superávit energético
La persistente falta de infraestructura de transporte para gas natural también añade presión a la industria. Ecogas advirtió a algunos clientes industriales sobre posibles cortes durante el invierno debido a restricciones de capacidad de transporte. Ante esta situación, el GNL importado podría mitigar algunas limitaciones al ofrecer una alternativa para el suministro industrial, aunque a costes más elevados.
Pese a este panorama, el país cuenta con una plataforma energética más sólida que en años anteriores. De acuerdo con Juan Bosch, CEO de Saesa, Argentina afronta esta coyuntura con un sistema energético “mucho más robusto” y un superávit comercial energético que continuará creciendo. “En los últimos años se revirtió la situación de déficit energético, transformándose Argentina en exportador neto de energía con superávits proyectados por encima de los 7.000 millones de dólares en 2026”, agregó Bosch.
Sin embargo, la planificación futura depende de decisiones inmediatas, incluidas licitaciones para abril y posibles compras de carga por parte de Enarsa, que intentan contener el impacto del conflicto global en el panorama energético nacional.
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