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Desalinización en Estados Unidos: 190 millones de litros al día y el factor que está encareciendo el “grifo del océano”

La desalinización en Estados Unidos ya opera a escala industrial en el oeste del país, donde la sequía y la presión sobre ríos y embalses empujaron a las…

Desalinización en Estados Unidos: 190 millones de litros al día y el factor que está encareciendo el “grifo del océano”
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La desalinización en Estados Unidos ya opera a escala industrial en el oeste del país, donde la sequía y la presión sobre ríos y embalses empujaron a las autoridades a sumar nuevas fuentes de suministro. El ejemplo más citado es la planta de Carlsbad, en el sur de California, capaz de producir en torno a 190 millones de litros diarios de agua potable.

El océano entra al plan hídrico del suroeste

California y otros estados del suroeste enfrentan una combinación de sequías prolongadas, olas de calor y crecimiento urbano que tensiona el sistema. En paralelo, el río Colorado y sus principales reservas —que sostienen a decenas de millones de personas— siguen bajo presión, en medio de la discusión por las reglas de operación que vencen en 2026, según documentos del Bureau of Reclamation.

En ese contexto, la desalinización se está integrando como respaldo para asegurar continuidad de suministro en períodos críticos, sin reemplazar por completo las fuentes tradicionales.

Carlsbad: la planta que marcó el salto a gran escala

El caso más visible es el proyecto de Carlsbad, que abastece parte del sistema de San Diego. La Autoridad del Agua del Condado de San Diego describe que la instalación puede entregar más de 50 millones de galones diarios de agua desalinizada, volumen equivalente a cerca de 190 millones de litros por día en operación plena, como detalla en su página sobre desalinización de agua de mar.

La inversión y el costo operativo han sido parte central del debate local. Medios regionales como KPBS han documentado el carácter “millonario” del proyecto, incluyendo su apertura y escala, en su resumen sobre la planta desalinizadora de Carlsbad.

Cómo funciona la ósmosis inversa en una megaplanta

La tecnología dominante es la ósmosis inversa, aplicada de forma continua y con alto nivel de automatización. El flujo, a grandes rasgos, se organiza en etapas:

  • Captación de agua de mar y pretratamiento para reducir sólidos, materia orgánica y partículas.

  • Filtrado en varias fases antes de llegar a las membranas.

  • Presión elevada para forzar el paso del agua a través de membranas ultrafinas.

  • Separación: el permeado (agua dulce) se acondiciona para uso potable; el rechazo queda como salmuera concentrada.

  • Impulsión e integración al sistema de distribución.

  • La variable crítica es la energía: la presión necesaria para vencer la salinidad convierte el proceso en una infraestructura intensiva en electricidad.

    El costo no está solo en la inversión: energía y operación

    El principal desafío económico de la desalinización no termina con la construcción. El costo por metro cúbico depende de:

    • Precio de la electricidad y estabilidad del suministro.

    • Diseño de captación y descarga, con exigencias ambientales y de ingeniería costera.

  • Mantención de membranas y manejo de químicos de pretratamiento.

  • Conducción: tuberías, bombeo y elevación hacia centros urbanos.

  • En Chile, este mismo factor energético aparece como condición de viabilidad y licencia social: proyectos han buscado asegurar suministro renovable para disminuir huella y costo, como se expone en el acuerdo eléctrico asociado a una planta en Valparaíso en la iniciativa de Aguas Pacífico con energía 100% renovable.

    La “letra chica”: salmuera y límites ambientales

    Además del consumo energético, el punto más sensible es la salmuera. Al concentrar sales y otros compuestos, su disposición requiere:

    • Difusión y mezcla controlada en el mar para evitar impactos localizados.

    • Monitoreo ambiental de zonas de descarga.

  • Diseños de toma que reduzcan arrastre de organismos.

  • Este debate, observado en sistemas urbanos, también tiene equivalentes directos en minería y operación industrial: el crecimiento de infraestructura desaladora ha empujado discusiones técnicas y ambientales similares, como se revisa en los pros y contras de las plantas desaladoras ante la escasez hídrica en minería.

    Efecto dominó: expansión y modelos híbridos

    La expansión de la desalinización en Estados Unidos convive con otras estrategias: reutilización de aguas residuales, control de fugas, restricciones estacionales y modernización de redes. El patrón es el mismo: sumar resiliencia con un “mix” de fuentes.

    En Chile, la integración de agua desalinizada y recirculada ya es parte de planes de inversión de gran escala, como se observa en el proyecto de adaptación operacional de Los Pelambres, donde el foco está en reducir dependencia de fuentes continentales mediante infraestructura hídrica.

    Qué se está construyendo y qué se está evaluando

    El avance no se limita a una planta emblemática. En Chile, por ejemplo, siguen apareciendo proyectos multicliente y de alta capacidad, como el desarrollo descrito en la desaladora multicarrier en Atacama, que ilustra el giro hacia soluciones compartidas para disminuir la proliferación de captaciones individuales.

    En Estados Unidos, el debate se concentra en dos ejes: cuánto puede crecer la desalinización sin disparar tarifas y cómo se compatibiliza su expansión con exigencias ambientales costeras, en paralelo a la reconfiguración de las reglas de gestión del Colorado hacia el período post-2026.