El L1 Gold Fund, con cerca de US$1.100 millones bajo gestión, está aprovechando la corrección del metal para aumentar posiciones en compañías productoras. Su tesis apunta a que la demanda de bancos centrales y los desequilibrios fiscales mantendrán respaldo al oro en el mediano plazo.
La reciente caída del precio del oro no está modificando la estrategia de uno de los fondos especializados en minería aurífera de mejor desempeño del último año. El australiano L1 Gold Fund, que acumula un retorno neto de 235% desde su lanzamiento en febrero de 2025 hasta agosto de 2026, está utilizando la corrección del bullion para aumentar su exposición a acciones de productores de oro.
El fondo, administrado por Raphael Lamm y Mark Landau, maneja alrededor de A$1.500 millones, equivalentes a unos US$1.100 millones, y sostiene que los factores estructurales que respaldaron el fuerte avance del metal precioso permanecen vigentes pese al retroceso registrado desde los máximos alcanzados a comienzos de año.
La apuesta tiene relevancia más allá de los mercados financieros. Para la industria minera, la evolución del precio del oro determina directamente márgenes, generación de caja, capacidad de financiar expansiones y valoración de proyectos, particularmente en compañías con operaciones en etapa de crecimiento o activos que requieren inversiones relevantes para aumentar producción.
Una corrección después de un ciclo excepcional
El oro atravesó una fuerte fase alcista antes de entrar en el actual período de volatilidad. Tras alcanzar máximos históricos en enero de 2026, el metal comenzó a retroceder en un escenario marcado por mayores tasas de interés, presión inflacionaria y fuertes movimientos en los mercados energéticos.
A fines de agosto, sin embargo, el bullion había mostrado nuevamente una recuperación significativa. El precio avanzó 13% durante ese mes y cerró en torno a US$4.563 por onza, en uno de sus mejores desempeños mensuales de las últimas décadas.
Posteriormente volvió la presión vendedora. Hacia el jueves 24 de septiembre, el metal se negociaba cerca de US$4.286 por onza, reflejando una corrección relevante frente a los niveles máximos registrados durante el año.
Para L1 Gold Fund, este retroceso no representa necesariamente un cambio estructural en el ciclo del oro. La estrategia del fondo se apoya principalmente en dos factores: el deterioro de las posiciones fiscales de grandes economías y el aumento de las tenencias de oro por parte de bancos centrales.
A corto plazo, en cambio, el comportamiento del metal continúa condicionado por variables como las tasas de interés reales, la inflación, el dólar y la evolución de las tensiones geopolíticas.
Un retorno de 235% con foco en acciones mineras
El desempeño del fondo también refleja la magnitud del ciclo que han experimentado las compañías auríferas.
Desde su lanzamiento en febrero de 2025 hasta agosto de este año, L1 Gold Fund alcanzó un retorno neto de 235%. En el mismo período, el ETF VanEck Gold Miners —uno de los principales vehículos internacionales para invertir en productores auríferos— avanzó alrededor de 148%, mientras el precio físico del oro aumentó aproximadamente 55%.
La diferencia evidencia el efecto de apalancamiento operacional que puede producir una subida del metal sobre las empresas mineras. Cuando el precio del oro aumenta con mayor velocidad que los costos de extracción, los ingresos adicionales pueden traducirse en una expansión proporcionalmente mayor de los márgenes y del flujo de caja.
El fondo combina posiciones largas en acciones ligadas al oro con posiciones cortas en futuros del metal como mecanismo de cobertura, buscando capturar principalmente el desempeño empresarial de las compañías productoras.
La mayor posición de su cartera corresponde a Eldorado Gold, productor con operaciones y proyectos en distintas jurisdicciones. La estrategia privilegia principalmente empresas con valorizaciones bursátiles superiores a US$5.000 millones, aunque mantiene exposición a productores y desarrolladores de diferentes tamaños.
El precio del oro sigue sosteniendo márgenes mineros
Para las compañías productoras, incluso después de la corrección, el nivel actual del oro continúa siendo elevado en términos históricos.
Durante el primer semestre de 2026, el precio promedio del metal se situó en torno a US$4.689 por onza, generando un escenario favorable para los ingresos del sector. Sin embargo, esa fortaleza también ha coincidido con presiones sobre los costos de producción, particularmente asociadas a energía, regalías, servicios y otros insumos.
La diferencia entre el precio recibido por cada onza y el costo total de producción continúa siendo uno de los principales factores que determinarán el desempeño financiero de las compañías durante la segunda mitad del año.
Productores como Newmont, Barrick Mining, Kinross, Agnico Eagle, Eldorado Gold y otras compañías relevantes del sector enfrentan, además, desafíos específicos relacionados con ejecución operacional, expansiones, nuevas minas y cumplimiento de sus objetivos anuales.
En ese escenario, una estabilización del oro sobre niveles históricamente altos permitiría sostener elevados flujos de caja incluso sin regresar inmediatamente a los máximos alcanzados a comienzos de 2026.
Bancos centrales mantienen un soporte estructural
Otro elemento que sigue siendo observado por el mercado es la demanda oficial.
Durante los últimos años, numerosos bancos centrales han aumentado sus reservas de oro como parte de estrategias de diversificación frente al dólar y otros activos financieros. Ese flujo ha adquirido un peso creciente dentro de la demanda mundial del metal y constituye uno de los argumentos estructurales detrás de las perspectivas favorables que mantienen varios inversionistas especializados.
Al mismo tiempo, los elevados niveles de deuda pública en economías desarrolladas han fortalecido el uso del oro como activo de protección frente a riesgos fiscales, monetarios y cambiarios.
Estados Unidos supera actualmente los US$40 billones en deuda federal, un volumen que mantiene bajo observación la sostenibilidad fiscal de largo plazo y la trayectoria futura de las tasas.
Para los inversionistas auríferos, la combinación entre endeudamiento público, compras de bancos centrales y episodios de incertidumbre financiera continúa entregando soporte a la demanda del metal.
Qué implica la corrección para las compañías auríferas
La caída desde los máximos no afecta por igual a toda la industria.
Los productores con costos bajos pueden mantener márgenes elevados incluso ante retrocesos significativos del precio, mientras que empresas con operaciones más caras o proyectos intensivos en capital son más sensibles a las variaciones del bullion.
La volatilidad también influye sobre proyectos que aún no entran en construcción. Un precio estructuralmente más alto mejora los indicadores económicos utilizados para evaluar y financiar nuevos desarrollos, mientras una corrección prolongada puede obligar a revisar supuestos de inversión, ritmos de expansión y estrategias de financiamiento.
Precisamente por esa diferencia entre productores, L1 Gold Fund está utilizando la caída para aumentar posiciones en acciones mineras en lugar de limitarse a una exposición directa al metal.
La estrategia refleja una lectura que gana atención dentro del mercado aurífero: incluso si el oro atraviesa períodos de corrección, los actuales niveles de precios todavía pueden generar condiciones financieras favorables para compañías capaces de controlar costos, elevar producción y ejecutar proyectos sin desviaciones significativas.
Para la minería mundial, el próximo tramo del ciclo dependerá no solo de cuánto pueda recuperar el bullion, sino también de cuánto de ese precio logren convertir los productores en margen operativo y flujo de caja.








