Glencore vuelve a alimentar las expectativas de un eventual acuerdo con Rio Tinto para crear la mayor compañía minera del mundo, una operación que podría alcanzar una valoración cercana a US$240.000 millones. El renovado optimismo surge tras el reciente repunte de los precios del carbón y el mejor desempeño bursátil de la minera y comercializadora suiza frente a su rival anglo-australiana. Según inversionistas que participaron en reuniones con ejecutivos de ambas compañías en Australia, el CEO de Glencore, Gary Nagle, cree que los cambios en el mercado de materias primas podrían facilitar que Rio Tinto reconsidere una negociación en los próximos meses. Aunque las conversaciones iniciales terminaron sin acuerdo en febrero por desacuerdos sobre la valoración de los activos, el escenario de mercado ha cambiado rápidamente. Desde entonces, el alza del carbón y la caída relativa del mineral de hierro han alterado la relación de valor entre ambas empresas, reabriendo el debate sobre la viabilidad de una fusión que combinaría la poderosa red comercial de Glencore y sus activos de cobre con la escala operativa de Rio Tinto en minerales industriales.
Negociaciones suspendidas, pero no descartadas
Las conversaciones entre ambas compañías se hicieron públicas a comienzos de este año, cuando se evaluó una operación que habría reunido el negocio de comercialización global de Glencore con los activos mineros de Rio Tinto, especialmente en cobre. La lógica estratégica del acuerdo se apoyaba en el crecimiento proyectado de la demanda mundial de este metal, impulsada por la electrificación, las redes eléctricas y la transición energética.
Sin embargo, las negociaciones se rompieron en febrero debido principalmente a diferencias sobre la valoración relativa de las compañías. Tras el cierre de las conversaciones, el CEO de Rio Tinto, Simon Trott, afirmó que la empresa concluyó que no podía justificar la creación de valor para sus accionistas bajo las condiciones propuestas.
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Además, las normas regulatorias del Reino Unido impiden que Rio Tinto retome conversaciones formales con Glencore durante un período de seis meses, lo que significa que cualquier intento de reactivar el acuerdo no podría producirse antes de la segunda mitad del año.
El carbón y el hierro cambian el equilibrio de poder
Desde que las conversaciones se hicieron públicas el 7 de enero, el mercado de materias primas ha cambiado de forma significativa. Los precios del carbón han subido con fuerza, mientras que el mineral de hierro —principal negocio de Rio Tinto— ha mostrado señales de debilidad ante expectativas de exceso de oferta.
Ese cambio ha impactado directamente en el valor bursátil relativo de ambas compañías. Las acciones de Glencore han subido cerca de 26%, mientras que las de Rio Tinto han avanzado alrededor de 9%.
Como resultado, el peso relativo de Glencore en una empresa combinada ha aumentado. Si en enero representaba cerca de 31,5% del valor total, ahora se acerca al 35%, acercándose al 40% que Glencore buscaba obtener en el acuerdo original.
Desde la perspectiva de Nagle, si el mercado del mineral de hierro entra en un período de superávit —como anticipan algunos analistas— el valor relativo de Rio Tinto podría continuar reduciéndose, lo que facilitaría negociar una estructura accionaria más favorable para Glencore.
Obstáculos políticos y resistencia de inversionistas
Más allá de la valoración financiera, la posible fusión enfrenta importantes obstáculos políticos y corporativos.
Un grupo de cinco fondos australianos envió en enero una carta conjunta al directorio de Rio Tinto expresando preocupaciones adicionales sobre el acuerdo, especialmente en relación con:
la gobernanza corporativa
los antecedentes de investigaciones por corrupción que han afectado a Glencore en el pasado
el impacto de la operación en la estructura minera australiana
Aunque Glencore considera que estos inversionistas representan una minoría —aproximadamente el 4% del accionariado— su influencia no es menor.
Más de la mitad de las utilidades de Rio Tinto provienen de sus activos en Australia, por lo que cualquier fusión tendría un impacto relevante en la economía minera del país y requeriría aprobación gubernamental.
Además, una operación de este tipo necesitaría:
el respaldo del 50% de los accionistas presentes y votantes en la bolsa australiana (ASX)
al menos 75% de los votos emitidos para aprobar el acuerdo
Debate sobre el carbón y el ESG
Otro punto de fricción es el carbón. Rio Tinto vendió sus activos en este mineral durante la última década para mejorar su perfil ambiental y alinearse con las demandas de inversionistas enfocados en criterios ESG.
Glencore, en cambio, sigue siendo uno de los mayores productores y comercializadores de carbón del mundo. Según inversionistas presentes en las reuniones, Nagle afirmó que la oposición al carbón está perdiendo fuerza en algunos mercados, particularmente en Europa.
Sin embargo, para parte del mercado australiano la idea de que Rio Tinto vuelva a estar expuesta al carbón representa un retroceso estratégico.
Un acuerdo aún incierto
Aunque el repunte del carbón y los cambios en los mercados de materias primas han reavivado el debate, varios inversionistas siguen dudando de que Rio Tinto cambie de postura en el corto plazo.
Uno de los principales puntos de desacuerdo en las negociaciones originales fue la valoración de los activos de cobre en desarrollo de Glencore en Argentina, un portafolio que la empresa considera clave para el crecimiento futuro.
Para muchos analistas, el desempeño de corto plazo de las acciones o los movimientos de precios de las materias primas no serán suficientes para convencer a Rio Tinto de reabrir las negociaciones.
Por ahora, la posibilidad de crear la mayor empresa minera del mundo sigue sobre la mesa, pero dependerá de cómo evolucionen los mercados de commodities, las valoraciones relativas de las compañías y el respaldo político e inversionista a una operación de escala histórica.









