La operación de Antofagasta Minerals avanza en la construcción de su segunda concentradora, que sumará 144.000 toneladas anuales de cobre y extenderá la vida útil del distrito por más de 30 años.
Minera Centinela cumplió 12 años desde su creación, en julio de 2014, en medio de una etapa de expansión que busca cambiar la escala productiva del distrito ubicado en la Región de Antofagasta. La compañía, controlada por Antofagasta Minerals y con participación de Marubeni, avanza en el proyecto Nueva Centinela, una inversión de US$4.400 millones que considera la construcción de una segunda planta concentradora y la operación simultánea de nuevos rajos.
El dato central es industrial: la expansión permitirá agregar 144.000 toneladas anuales de cobre y llevar a Centinela a una nueva escala operacional desde 2027. La iniciativa también considera producción asociada de oro y molibdeno, mayor uso de equipos autónomos, infraestructura eléctrica, transporte de concentrado, obras de relaves y ampliación de capacidades logísticas.
La historia de Centinela comenzó formalmente el 7 de julio de 2014, cuando se integraron las operaciones de El Tesoro y Esperanza. Según la reseña histórica publicada por la propia compañía, esa fusión permitió combinar líneas productivas de óxidos y sulfuros, con producción de cátodos y concentrado de cobre, además de oro como subproducto principal.
De fusión operacional a distrito de gran escala
La actual etapa de crecimiento de Centinela no parte desde cero. La operación se ha construido sobre una base de activos ya existentes en el distrito, con rajos, plantas, infraestructura hídrica, energética y logística que permiten desarrollar una expansión tipo brownfield, es decir, sobre una operación en marcha.
El proyecto Nueva Centinela considera una segunda concentradora de 95.000 toneladas por día, según informó Antofagasta plc al aprobar el desarrollo de la iniciativa. La empresa señaló que la expansión agregará 170.000 toneladas de cobre equivalente por año, compuestas por 144.000 toneladas de cobre, 130.000 onzas de oro y 3.500 toneladas de molibdeno, como promedio durante los primeros diez años de operación.
La nueva concentradora es el eje del salto productivo, pero el cambio de escala también depende de la integración minera del distrito. La compañía proyecta operar Esperanza, Esperanza Sur, Encuentro Sulfuros, Polo Sur Óxidos y nuevas fases de Mirador y El Llano, lo que le permitiría convertirse en uno de los distritos mineros de mayor movimiento de material en Chile.
De acuerdo con información publicada por Minera Centinela, hacia 2027 el distrito podría mover cerca de 1,3 millones de toneladas diarias y operar cinco rajos en forma simultánea. Ese nivel de actividad ubicaría a la faena entre las operaciones de mayor escala dentro de la minería del cobre en el país.
Segunda concentradora, autonomía y nuevos rajos
El avance de Nueva Centinela se apoya en una secuencia minera que considera inicialmente mineral desde Esperanza Sur y, posteriormente, desde Encuentro Sulfuros. Este último rajo comenzó operación autónoma en 2026 con una flota inicial de seis camiones, mientras que la compañía proyectó aumentar gradualmente esa dotación durante el año.
En febrero de 2026, Antofagasta Minerals informó que Centinela inició la operación del rajo Encuentro Sulfuros y energizó la subestación eléctrica DMC, infraestructura clave para la puesta en marcha de la segunda concentradora. La compañía señaló entonces que ambos hitos aseguraban dos insumos críticos para la expansión: mineral y energía.
La automatización es uno de los componentes que diferencia esta etapa. Esperanza Sur comenzó a operar con camiones autónomos en 2023, mientras que Encuentro Sulfuros replicó ese modelo en 2026. La compañía proyecta superar el centenar de camiones autónomos, lo que refuerza una tendencia ya instalada en la gran minería chilena: operaciones más intensivas en tecnología, con mayor control remoto, seguridad operacional y productividad por equipo.
Para la industria proveedora, el cambio no es menor: una expansión de esta escala requiere servicios mineros, mantenimiento, transporte, obras civiles, equipos, instrumentación, energía, automatización y capacidades locales durante varios años.
Las cifras de la expansión
La dimensión económica del proyecto convierte a Nueva Centinela en una de las inversiones más relevantes de la minería chilena reciente. Antofagasta Minerals ha presentado la iniciativa como la mayor inversión minera anunciada en Chile en los últimos cinco años, con un desembolso de US$4.400 millones.
En noviembre de 2025, Antofagasta Minerals informó que el proyecto avanzaba de acuerdo con su cronograma y presupuesto, tras una visita de analistas e inversionistas. En esa actualización, la compañía señaló que la construcción estaba generando trabajo para más de 12.000 personas y que un 27% de esa fuerza laboral residía en la Región de Antofagasta.
Agua de mar, energía renovable y costos
La expansión también se desarrolla en un contexto de mayor presión sobre agua, energía y permisos en la minería chilena. Centinela opera en pleno desierto de Atacama, por lo que el abastecimiento hídrico y eléctrico es parte central de su modelo operacional.
La compañía informa que utiliza 100% agua de mar sin desalar en sus procesos y que desde 2022 opera con energía eléctrica proveniente de fuentes 100% renovables. Este punto es relevante porque las expansiones cupríferas en el norte de Chile enfrentan crecientes exigencias sobre consumo de agua continental, emisiones, relaves e infraestructura energética.
Antofagasta plc también ha señalado que la segunda concentradora busca mejorar la competitividad de costos mediante economías de escala, mayor capacidad de concentración, tecnologías modernas y más producción de subproductos. En términos prácticos, esto implica que el valor del oro y el molibdeno puede ayudar a reducir los costos netos de producción de cobre, un factor clave en un mercado donde las leyes minerales tienden a bajar y los costos de construcción han subido.
La expansión de Centinela muestra una ruta que varias mineras buscan seguir: crecer sobre distritos existentes, aprovechar infraestructura instalada y sumar tecnología para compensar menores leyes y mayores exigencias operacionales.
Impacto regional y lectura sectorial
El aniversario de Centinela ocurre en un momento relevante para la minería chilena. La industria enfrenta el desafío de sostener y aumentar producción de cobre en medio de una cartera de proyectos marcada por permisos largos, mayores costos de capital, exigencias ambientales y competencia global por inversión.
En ese escenario, Nueva Centinela tiene una lectura sectorial clara. No se trata solo de una ampliación de planta, sino de un rediseño del distrito para explotar distintos rajos, alimentar dos concentradoras y extender la vida útil de la operación por más de tres décadas.
La compañía también ha vinculado esta etapa con iniciativas comunitarias en Sierra Gorda, Michilla, Hornitos y Mejillones. En su actualización por los 12 años, informó una dotación de 9.400 trabajadores y trabajadoras entre personal propio y empresas colaboradoras, con 30% de participación femenina y 40% de personas provenientes de la Región de Antofagasta.
Además, destacó obras comunitarias como la planta de osmosis inversa de Michilla, el Centro Cultural y Comunitario de Sierra Gorda y la pavimentación de nuevas calles, estas últimas con una inversión superior a US$30 millones, según la información entregada por la compañía.
Qué observará la industria
El próximo hito relevante será la puesta en marcha de la segunda concentradora en 2027. Desde ahí, la atención estará puesta en la velocidad de ramp-up, la disponibilidad de mineral desde los rajos autónomos, la estabilidad de la nueva infraestructura eléctrica y la capacidad de la operación para capturar los menores costos esperados por escala y subproductos.
Si Nueva Centinela cumple sus plazos y alcanza los niveles proyectados, el distrito pasará de ser una operación relevante dentro del grupo Antofagasta Minerals a uno de los polos cupríferos más importantes del país. Para Chile, el avance es significativo porque suma producción nueva desde una operación existente, en un momento en que el mercado global exige más cobre y la industria local necesita destrabar crecimiento con proyectos técnica, ambiental y financieramente ejecutables.