La operación de Antofagasta Minerals avanza en su expansión con una segunda concentradora, mayor automatización y una proyección de vida útil por más de tres décadas en la Región de Antofagasta.
Minera Centinela cumple 12 años desde su creación y entra en una etapa decisiva para su crecimiento. La operación, ubicada en la Región de Antofagasta y perteneciente a Antofagasta Minerals, avanza hacia una nueva escala productiva con la construcción de su segunda planta concentradora, una inversión de US$4.400 millones y una hoja de ruta que apunta a extender su vida útil por más de 30 años.
El complejo nació en 2014 a partir de la integración de las operaciones Esperanza y Tesoro. Desde entonces, Centinela se ha consolidado como uno de los activos relevantes del grupo minero en el norte de Chile, combinando producción de sulfuros y óxidos, desarrollo de nuevos rajos, infraestructura existente y una creciente incorporación de tecnologías autónomas.
La nueva fase llega en un momento clave para la minería chilena. La industria enfrenta la necesidad de sostener y ampliar la producción de cobre en un contexto de mayores exigencias ambientales, presión por productividad, envejecimiento de yacimientos y una demanda estructural asociada a electrificación, redes, energías renovables y electromovilidad. En ese escenario, la expansión de Centinela busca reforzar capacidad productiva en una región que concentra parte relevante de la minería metálica del país.
Segunda concentradora y mayor producción de cobre
El principal eje de crecimiento es la segunda planta concentradora, proyecto que representa la mayor inversión en la historia de Antofagasta Minerals. La iniciativa considera US$4.400 millones y tiene prevista su puesta en marcha durante 2027.
La nueva infraestructura permitirá sumar 144.000 toneladas anuales de cobre a la producción de la compañía. El dato es relevante porque agrega volumen en un mercado donde Chile necesita acelerar la reposición de capacidad productiva y mantener su peso en la oferta global del metal rojo.
La expansión no solo apunta a producir más. También implica reorganizar el distrito minero bajo una lógica de mayor escala, con más frentes de extracción, nuevas fases de explotación y mejor uso de infraestructura disponible. Para una operación de estas características, la eficiencia en procesamiento, transporte, suministro hídrico, energía y mantenimiento será determinante para capturar el valor esperado de la inversión.
Centinela se proyecta como un distrito de gran tamaño, con movimiento de material cercano a 1,3 millones de toneladas por día. Esa magnitud la ubica dentro de las operaciones de mayor complejidad logística del país, especialmente por la convivencia de múltiples rajos, líneas de procesamiento y una dotación amplia de trabajadores propios y contratistas.
Cinco rajos simultáneos y nuevas fases mineras
La planificación minera considera que, en 2027, Centinela opere cinco rajos de manera simultánea. Ese salto operacional incorpora Polo Sur Óxidos, iniciativa enfocada en extender la vida útil de la línea de hidrometalurgia mediante el aprovechamiento de infraestructura ya existente y contratación de mano de obra local.
A ello se suman nuevas fases en los rajos Mirador y El Llano, que en conjunto agregan recursos cercanos a 45 millones de toneladas de sulfuros y 40 millones de toneladas de óxidos de cobre. Estos volúmenes permiten sostener una cartera de alimentación para distintas líneas de procesamiento, una condición clave para operaciones que combinan concentración e hidrometalurgia.
La coexistencia de sulfuros y óxidos entrega flexibilidad, pero también exige una planificación fina. En minería de gran escala, la secuencia de explotación, la disponibilidad de equipos, la ley del mineral, la distancia de acarreo y la capacidad de planta inciden directamente en costos, recuperación metalúrgica y continuidad operacional.
Para la Región de Antofagasta, el crecimiento de Centinela refuerza la condición de polo minero de clase mundial. No se trata únicamente de una ampliación de capacidad, sino de un modelo de distrito que integra tecnología, infraestructura, empleo, proveedores y compromisos territoriales en torno a una faena de largo plazo.
Automatización como eje de productividad
La expansión de Centinela también avanza por el lado tecnológico. La operación desarrolla una de las mayores flotas de camiones autónomos del país, con la meta de superar el centenar de unidades hacia fines de este año.
La tecnología autónoma ya opera en Esperanza Sur desde 2023 y en Encuentro Sulfuros desde 2026. Ambos yacimientos forman parte de la cartera de Antofagasta Minerals explotada bajo este modelo, que busca mejorar seguridad, continuidad operacional y productividad en faenas de alta escala.
La automatización se ha convertido en una variable estratégica para la minería chilena. En operaciones remotas, con altos volúmenes de movimiento de material y exigencias crecientes de eficiencia, los sistemas autónomos permiten reducir exposición de personas en zonas de riesgo, optimizar ciclos de transporte y estabilizar indicadores operacionales.
Sin embargo, su implementación también demanda nuevas capacidades laborales. La minería requiere perfiles técnicos vinculados a control remoto, mantenimiento de sistemas, análisis de datos, gestión operacional integrada, ciberseguridad industrial y soporte especializado. En ese sentido, el crecimiento de Centinela abre oportunidades para proveedores tecnológicos, servicios mineros y formación de capital humano en la región.
Empleo, proveedores y relación territorial
Centinela cuenta actualmente con una dotación de 9.400 trabajadores y trabajadoras, considerando personal propio y empresas colaboradoras. La participación femenina alcanza el 30%, mientras que el 40% de la dotación proviene de la Región de Antofagasta.
Estas cifras adquieren relevancia en una industria que busca elevar la incorporación de mujeres, fortalecer empleo local y ampliar el encadenamiento con proveedores regionales. En proyectos de expansión de esta magnitud, el impacto no se mide solo en producción adicional, sino también en contratación, servicios, transporte, mantenimiento, alimentación, construcción, ingeniería y soporte operacional.
El vínculo territorial también considera iniciativas comunitarias en zonas cercanas a la operación. Entre ellas destaca el aporte a la construcción de una planta de osmosis inversa en Michilla, orientada a entregar acceso más seguro y continuo al agua potable.
En Sierra Gorda se desarrollan dos obras relevantes: un Centro Cultural y Comunitario y la pavimentación de nuevas calles. Ambas iniciativas consideran una inversión superior a US$30 millones y se proyectan para entrega durante el segundo semestre de este año.
Una operación clave para el cobre chileno
El avance de Centinela ocurre en un periodo en que la minería del cobre enfrenta una doble presión: responder a una demanda global creciente y, al mismo tiempo, ejecutar proyectos bajo estándares ambientales, sociales y regulatorios más exigentes.
La segunda concentradora, los nuevos rajos, la automatización y la extensión de vida útil configuran una apuesta de largo plazo para Antofagasta Minerals. Para Chile, el proyecto suma capacidad en una región estratégica y refuerza la necesidad de acelerar inversiones que permitan sostener la producción nacional de cobre durante las próximas décadas.
La industria observará especialmente el cumplimiento de plazos hacia 2027, la integración de la flota autónoma, la disponibilidad de infraestructura crítica y la capacidad de la operación para transformar inversión en mayor producción efectiva. En un mercado donde cada tonelada adicional de cobre cuenta, Centinela entra a sus 12 años con una expansión que puede marcar una nueva escala para el distrito minero del norte del país.