Industria Minera

Minería chilena acelera transición energética, pero transmisión y permisos amenazan nuevas inversiones

Un informe de Aggreko identifica a la capacidad de red, la expansión de la transmisión y la tramitación sectorial como factores críticos para sostener el crecimiento de la gran minería.

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La minería chilena ha avanzado en la contratación de energía renovable, la electrificación de procesos y el uso de agua desalinizada, pero la infraestructura necesaria para sostener esa transformación no está creciendo al mismo ritmo. Las restricciones de transmisión, la capacidad limitada de la red y los extensos procesos de permisos se perfilan como riesgos para nuevos proyectos y expansiones productivas en cobre y litio.

El diagnóstico forma parte del informe 2026 de Aggreko, “La nueva ecuación de la minería en América Latina: los límites invisibles entre energía y operación”, que examina la relación entre suministro energético, infraestructura, logística, regulación y competitividad. Para Chile, el análisis pone el foco en una brecha que puede condicionar la próxima etapa de desarrollo minero: contar con generación renovable no basta si la energía no puede llegar de forma segura, continua y competitiva a las operaciones.

La advertencia adquiere peso en una industria que concentra buena parte de los ingresos externos del país. Chile se mantiene como el principal productor mundial de cobre y el segundo de litio, minerales decisivos para la electrificación, las redes eléctricas, la electromovilidad y el almacenamiento energético. Durante 2025, las exportaciones mineras nacionales alcanzaron US$63.250 millones, reflejando el papel estructural del sector en la economía chilena.

La red eléctrica entra en la ecuación minera

La minería consume grandes volúmenes de electricidad en chancado, molienda, bombeo, ventilación, transporte de agua y procesos metalúrgicos. A medida que las operaciones incorporan desalación, profundizan sus yacimientos y enfrentan menores leyes minerales, la necesidad de energía confiable aumenta.

La transición hacia contratos de suministro renovable ha reducido la exposición de muchas compañías a generación basada en carbón y ha contribuido a bajar la intensidad de emisiones de sus operaciones. Sin embargo, esa transición requiere una red de transmisión capaz de conectar los centros de generación con las zonas de mayor demanda, particularmente en el norte del país.

Allí se concentra una parte relevante de la producción de cobre, litio y otros minerales, junto con una alta disponibilidad de recursos solares. El desafío no es solamente producir electricidad renovable, sino transportarla en condiciones estables y con la capacidad suficiente para atender faenas existentes, ampliaciones y nuevos proyectos.

Cuando la transmisión se retrasa, se congestiona o no incorpora las obras requeridas, los efectos pueden extenderse a toda la cadena de inversión. Los proyectos mineros deben evaluar el acceso a energía desde etapas tempranas, ya que una conexión insuficiente puede elevar costos, alterar cronogramas y obligar a implementar soluciones transitorias de respaldo.

La seguridad de suministro también es un factor operacional. Una interrupción eléctrica puede afectar el funcionamiento de plantas concentradoras, sistemas de impulsión de agua, ventilación de minas subterráneas y equipos críticos. Por eso, la resiliencia energética dejó de ser un asunto exclusivo de las áreas de abastecimiento y pasó a ser parte de la continuidad del negocio minero.

Renovables y desalinización elevan la demanda de infraestructura

El crecimiento de la desalación es una de las expresiones más visibles de la adaptación minera a la escasez hídrica. Las faenas ubicadas en zonas de alto estrés hídrico han acelerado proyectos para reducir el uso de agua continental y reforzar el abastecimiento desde el mar.

Pero desalar agua y transportarla a gran altura requiere energía e infraestructura. Las plantas desalinizadoras, estaciones de bombeo y ductos de impulsión se integran a la operación minera como activos estratégicos, con altos requerimientos de disponibilidad y coordinación eléctrica.

Esa relación entre agua y energía vuelve más compleja la planificación de inversiones. Una expansión minera puede requerir, de manera simultánea, mayor capacidad de procesamiento, nueva infraestructura hídrica, refuerzo de subestaciones, líneas eléctricas y permisos para cada una de esas etapas.

El desafío para la industria es evitar que la infraestructura habilitante quede rezagada respecto de los proyectos productivos. En una operación minera, las inversiones en planta, mina, relaves, energía y agua no funcionan como elementos independientes. El atraso de uno de esos componentes puede comprometer la puesta en marcha o limitar la capacidad efectiva de una faena.

Permisos: el plazo que define la competitividad

La tramitación de permisos aparece como el segundo eje crítico del diagnóstico. Las grandes iniciativas mineras y energéticas requieren autorizaciones ambientales, sectoriales, territoriales y eléctricas. Cuando estos procesos no avanzan con coordinación y plazos previsibles, la incertidumbre se traslada directamente a las decisiones de inversión.

Chile ha avanzado en la digitalización y centralización de parte de los trámites mediante la plataforma SUPER, en el marco de la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales. El sistema busca ordenar procedimientos, dar visibilidad al estado de las solicitudes y establecer una ruta más clara para los titulares de proyectos.

No obstante, la implementación de una nueva institucionalidad deberá demostrar que puede reducir tiempos sin debilitar la evaluación técnica ni los estándares ambientales. La minería requiere certeza, pero también procesos robustos para abordar impactos territoriales, disponibilidad de agua, emisiones, biodiversidad y relación con comunidades.

La transmisión enfrenta una complejidad similar. Una línea puede atravesar múltiples territorios, requerir permisos sectoriales, servidumbres, estudios ambientales y coordinación con propietarios, comunidades y autoridades. Esa cadena explica por qué la infraestructura eléctrica debe planificarse con anticipación respecto de la demanda proyectada.

Flexibilidad operacional como respuesta

El informe de Aggreko plantea que la competitividad minera dependerá de combinar energía renovable con infraestructura resiliente y modelos operacionales más flexibles. En la práctica, esto implica incorporar respaldo energético, sistemas de gestión de demanda, almacenamiento, eficiencia y soluciones modulares que permitan responder a restricciones de red o contingencias operacionales.

La digitalización también tendrá un rol creciente. La medición en tiempo real, el control remoto de activos, la analítica de consumo y la automatización pueden ayudar a las faenas a identificar pérdidas, ajustar procesos y administrar mejor su demanda eléctrica.

Estas herramientas no reemplazan la expansión de la transmisión, pero pueden reducir vulnerabilidades mientras se desarrollan las obras estructurales. Para las compañías, la clave será evaluar el suministro energético como un componente central del diseño de cada proyecto y no como una etapa posterior a la aprobación de la inversión.

Lo que observará la industria minera

La próxima fase de crecimiento de la minería chilena dependerá de la capacidad de convertir su potencial geológico en operaciones respaldadas por energía, agua e infraestructura. El país cuenta con recursos minerales de clase mundial y una matriz renovable en expansión, pero esos atributos deben conectarse mediante redes capaces de sostener una demanda industrial cada vez más exigente.

La expansión de la transmisión, el avance efectivo de los permisos y la confiabilidad del suministro eléctrico serán variables determinantes para la cartera de proyectos mineros. En un mercado global que demanda más cobre y litio para la transición energética, Chile enfrenta el desafío de acelerar su propia infraestructura para no limitar la competitividad de su principal industria exportadora.