Industria Minera

Minería chilena enfrenta barrera cultural: 74% de las mineras ve resistencia al cambio para acelerar la digitalización

La digitalización en la minería chilena avanza, pero la resistencia al cambio frena su integración. Un estudio de Deloitte y CESCO revela que el 74% de las mineras enfrenta este obstáculo.

Minería chilena enfrenta barrera cultural: 74% de las mineras ve resistencia al cambio para acelerar la digitalización
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El estudio “Ecosistema Digital en MinerIA”, elaborado por Deloitte Chile junto a CESCO, advierte que la adopción de inteligencia artificial, automatización y analítica avanza, pero aún no logra escalar de manera transversal en la operación minera.

La digitalización ya forma parte de la agenda estratégica de la minería chilena, pero su avance no depende solo de nuevas plataformas, sensores, centros remotos o modelos de inteligencia artificial. El principal freno está dentro de las organizaciones: el 74% de las compañías mineras identifica la resistencia al cambio como la mayor barrera para acelerar la transformación digital.

El dato proviene del estudio “Ecosistema Digital en MinerIA”, desarrollado por Deloitte Chile junto al Centro de Estudios del Cobre y la Minería, CESCO, que analizó el estado de la digitalización en el ecosistema minero nacional. El diagnóstico considera la visión de actores de la gran minería, mediana minería, proveedores tecnológicos METS, centros de conocimiento y academia.

El informe aborda seis dimensiones: madurez digital, inteligencia artificial, gobernanza, capital humano, colaboración y sostenibilidad. Su lectura central es clara: la minería chilena ya adoptó tecnologías digitales, pero todavía enfrenta dificultades para convertir pilotos, iniciativas aisladas y capacidades técnicas en valor operacional sostenido.

La barrera ya no es solo tecnológica

Según el estudio, la resistencia al cambio lidera entre los obstáculos para avanzar en transformación digital. En las compañías mineras alcanza 74%, mientras que entre los proveedores METS llega a 69%.

La cifra es relevante porque desplaza el foco desde la disponibilidad tecnológica hacia la capacidad interna de adopción. En otras palabras, el problema no está necesariamente en la falta de soluciones, sino en cómo las empresas integran esas soluciones en procesos productivos, estructuras de decisión, operación diaria y cultura organizacional.

A esa barrera se suma una brecha entre negocio y tecnología. En el caso de las mineras, el estudio la sitúa en 61%, lo que evidencia dificultades para alinear las áreas operacionales, TI, mantenimiento, planificación, seguridad, sustentabilidad y finanzas bajo una misma hoja de ruta digital.

Para una industria intensiva en capital, con operaciones continuas y alta presión sobre costos, esa desconexión puede limitar el impacto de herramientas que prometen mejorar productividad, seguridad, mantenimiento, eficiencia energética y uso de datos en tiempo real.

Madurez digital: mucho avance, pero integración parcial

El diagnóstico muestra que el 47% del total de la muestra se ubica en una etapa “en desarrollo”. Esto significa que las organizaciones cuentan con iniciativas digitales estructuradas, pero aún no integran la digitalización de forma transversal en toda la operación.

La diferencia entre compañías mineras y proveedores tecnológicos también es significativa. Mientras el 46% de los METS se declara en niveles avanzado o líder de madurez digital, en las mineras esa proporción llega solo al 29%.

La brecha muestra una asimetría conocida en el sector: los proveedores avanzan rápido en inteligencia artificial, analítica avanzada, mantenimiento predictivo, automatización y soluciones de software industrial, pero las faenas enfrentan mayores restricciones para escalar esas herramientas en ambientes operacionales complejos, con sistemas heredados, exigencias de continuidad productiva y altos estándares de seguridad.

En la gran minería, el estudio identifica mayores capacidades para incorporar automatización, operación remota, robótica autónoma y gemelos digitales. Sin embargo, el desafío está en pasar desde casos de uso específicos hacia modelos escalables que impacten de manera consistente en mina, planta, logística, mantenimiento y gestión ambiental.

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IA y productividad: el impacto más visible

Uno de los hallazgos relevantes es que la productividad aparece como el beneficio tecnológico más consolidado. El 60% de los encuestados señala que ya ha logrado mejoras en productividad gracias al uso de tecnología.

Sin embargo, otros beneficios siguen más cerca de la expectativa que de la captura efectiva. En el caso de las compañías mineras, el 78% espera lograr reducción de costos y el 74% espera avanzar hacia una toma de decisiones más basada en datos durante los próximos 6 a 12 meses.

Esto refleja una etapa intermedia de adopción. La industria reconoce el potencial de la inteligencia artificial, la automatización y la analítica avanzada, pero todavía debe demostrar impacto económico sostenido en variables críticas: costos unitarios, disponibilidad de equipos, recuperación metalúrgica, consumo energético, seguridad operacional, mantenimiento y continuidad de planta.

La pregunta de fondo para las mineras no es si deben digitalizarse, sino cómo capturar valor medible desde la digitalización sin aumentar complejidad operativa ni depender de pilotos que no escalan.

Seguridad, operación remota y automatización lideran los casos de uso

El estudio muestra que la seguridad es el punto de mayor convergencia entre los actores del ecosistema. Mineras, METS y academia coinciden en que la tecnología tiene un impacto alto o transformacional en esta etapa de la cadena de valor, con niveles cercanos al 73%.

En términos de adopción, las mineras destacan por el uso de equipos autónomos, centros de operación remota, automatización de procesos y aplicaciones vinculadas a extracción y procesamiento. En cambio, los METS muestran mayor presencia en inteligencia artificial generativa, agentes inteligentes, mantenimiento predictivo y analítica avanzada aplicada a activos y procesos.

La diferencia es importante para entender el ritmo de la transformación. En las faenas, la digitalización suele estar asociada a seguridad, continuidad operacional y control de procesos. En los proveedores, en cambio, el avance se mueve con mayor rapidez hacia nuevas capas de software, datos, IA y servicios especializados.

Datos clave

  • Estudio: “Ecosistema Digital en MinerIA”.

  • Elaboración: Deloitte Chile junto a CESCO.

  • Foco: digitalización e inteligencia artificial en minería chilena.

  • Actores considerados: gran minería, mediana minería, METS, centros de conocimiento y academia.

  • Muestra ejecutiva: 57% corresponde a niveles gerenciales o superiores.

  • Principal barrera en mineras: resistencia al cambio, con 74%.

  • Principal barrera en METS: resistencia al cambio, con 69%.

  • Brecha negocio-tecnología en mineras: 61%.

  • Organizaciones en etapa “en desarrollo”: 47% de la muestra total.

  • METS en niveles avanzado o líder de madurez digital: 46%.

  • Mineras en niveles avanzado o líder de madurez digital: 29%.

  • Encuestados que reportan mejoras de productividad por tecnología: 60%.

  • Sostenibilidad y datos: una conexión todavía débil

    El informe también advierte que la agenda digital no está plenamente integrada con sostenibilidad. Según el estudio, el 68% declara una baja o parcial integración entre ambas dimensiones.

    Este punto es estratégico para la minería chilena. La industria enfrenta exigencias crecientes en eficiencia energética, gestión hídrica, reducción de emisiones, trazabilidad, permisos, relaves, biodiversidad y reportabilidad ESG. En ese contexto, la digitalización puede aportar herramientas para monitoreo ambiental, optimización de consumos, mantenimiento predictivo, gestión de emisiones y uso más eficiente de agua y energía.

    Pero para que eso ocurra, la tecnología debe dejar de operar como un conjunto de proyectos aislados y pasar a integrarse en la planificación operacional y ambiental de largo plazo. La convergencia entre datos, sostenibilidad y productividad será cada vez más relevante para sostener competitividad, especialmente en cobre y litio, donde Chile compite por inversión frente a otros distritos mineros.

    Qué observará la industria

    El estudio deja una señal relevante para el sector: la próxima etapa de la digitalización minera no estará marcada solo por la compra de tecnología, sino por la capacidad de cambiar modelos de trabajo, fortalecer liderazgo digital y alinear decisiones operacionales con datos confiables.

    La resistencia cultural al cambio aparece como el punto más crítico porque puede frenar tecnologías que ya están disponibles y que, bien implementadas, pueden mejorar productividad, seguridad y sostenibilidad. Para la minería chilena, el desafío será transformar la digitalización en una capacidad permanente de gestión, no en una sucesión de pilotos.

    El próximo salto dependerá de cómo las compañías integren inteligencia artificial, automatización, analítica y talento especializado en la operación diaria. La industria ya reconoce el valor de la digitalización; ahora debe demostrar que puede escalarla con impacto operacional, financiero y ambiental medible.