La minería submarina acumula 31 contratos de exploración en aguas internacionales y, bajo un escenario de desarrollo gradual, podría llegar a producir hasta 373 mil toneladas anuales de cobre hacia 2046, de acuerdo con el informe “Monitoreo a la Minería Submarina” elaborado por Cochilco. La proyección se inserta en un contexto de presión por minerales críticos, pero su avance sigue condicionado por la definición del marco regulatorio y los riesgos ambientales asociados a operar en ecosistemas de alta fragilidad.
Qué está empujando a la minería submarina
El interés por extraer minerales desde el fondo oceánico se ha intensificado por factores estructurales: el aumento de demanda de metales para tecnologías de transición energética, la búsqueda de nuevas fuentes de suministro y el componente geopolítico asociado a cadenas de valor concentradas. En ese marco, el informe plantea que la industria aún está en etapa de desarrollo y que su despliegue masivo enfrenta incertidumbres técnicas, económicas, ambientales y regulatorias.
En Chile, el tema también se conecta con la discusión sobre estándares y sostenibilidad en el sector, en línea con el debate reciente sobre criterios ambientales y expansión internacional de esta actividad.
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Dónde está el cobre en el fondo marino: tres tipos de depósitos
El documento identifica tres grandes “familias” de recursos en el lecho oceánico, todas con presencia de cobre en distinta proporción:
- Nódulos polimetálicos (PMN): concentraciones ricas en níquel, cobre, cobalto y manganeso. Se ubican principalmente en la Zona Clarion–Clipperton (CCZ), entre México y Hawái, a grandes profundidades.
- Costras de ferromanganeso (CFC): depósitos que se forman sobre montes submarinos, con alto contenido de cobalto y otros metales.
- Sulfuros masivos polimetálicos (SMS): asociados a sistemas hidrotermales (ventilas del fondo oceánico) con cobre, zinc, plomo y trazas de metales preciosos.
Los 31 contratos de exploración y quién los concentra
A nivel internacional, la exploración en la “Zona” (aguas internacionales fuera de las jurisdicciones nacionales) se articula mediante contratos administrados por la ISA. En su desglose oficial, los contratos vigentes suman 31 y se distribuyen así: 19 para nódulos polimetálicos, 7 para sulfuros polimetálicos y 5 para costras de ferromanganeso, según la tabla de contratos de exploración de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos.
El patrocinio de contratos se concentra en Estados con capacidades científicas y estratégicas para impulsar esta agenda —incluyendo grandes economías asiáticas y europeas— y se relaciona con el acceso futuro a minerales críticos.
La proyección de cobre a 2046 y el escenario que usa Cochilco
La estimación de 373 mil toneladas anuales de cobre hacia 2046 se construye bajo un escenario donde el cobre opera como subproducto dentro de proyectos de nódulos polimetálicos (en los que, por valor, el níquel tiende a dominar la ecuación económica). En el análisis citado, se considera que un horizonte realista para el inicio de producción se ubicaría entre 2032 y 2036, dada la incertidumbre regulatoria y ambiental, y se modela una trayectoria de crecimiento con múltiples operadores, cada uno con una capacidad referencial asociada a la extracción y procesamiento de nódulos.
El informe también expone la comparación de escenarios por número de contratistas en explotación, mostrando cómo la producción potencial de cobre variaría de forma relevante según el ritmo de entrada de proyectos.
Qué exige hoy la exploración y por qué el “cuello de botella” es regulatorio
Para actividades en aguas internacionales, el elemento crítico no es solo tecnológico: es normativo. La explotación requiere un marco definitivo que todavía está en discusión, junto con exigencias ambientales y mecanismos de reparto de beneficios.
En términos operativos, el informe enumera obligaciones típicas en exploración, entre ellas:
- medidas para prevenir contaminación,
- levantamiento de línea base y reportabilidad,
- monitoreo de impactos,
- y preparación de planes de contingencia.
La discusión se cruza, además, con definiciones sobre regalías y distribución de beneficios, además de exigencias científicas para entender impactos acumulativos en ecosistemas de baja resiliencia.
Plazos tipo de un proyecto submarino
El documento caracteriza una línea temporal de largo aliento para iniciativas de este tipo, con etapas que suelen incluir:
- prefactibilidad y factibilidad,
- diseño y construcción,
- producción,
- cierre.
La duración total proyectada se extiende por varias décadas, lo que refuerza que el potencial impacto en oferta de cobre no sería inmediato.
Por qué esto importa para Chile y el mercado del cobre
Para la industria chilena, el punto no es una sustitución de la minería terrestre en el corto plazo, sino el surgimiento de una fuente adicional que, si logra habilitarse, podría tener efectos estratégicos en cadenas de suministro de minerales críticos. En paralelo, Chile enfrenta desafíos estructurales de competitividad, costos y productividad que ya están en el centro del debate sectorial, como refleja el análisis sobre costos que presionan a la minería del cobre en Chile.
En ese marco, la discusión sobre minería submarina se conecta con la agenda de minerales críticos y la necesidad de definir prioridades país, como plantea la Estrategia Nacional de Minerales Críticos, donde el acceso a insumos para la transición energética y la seguridad de suministro aparecen como ejes de política pública.
