Oro y plata dejaron de ser solo un refugio clásico de portafolio para transformarse en un negocio estratégico dentro de los mercados globales, y la última señal vino desde Japón. Nomura decidió profundizar su presencia en bullion trading con la contratación de Aleksander Ganchev, ex operador de metales preciosos de Standard Chartered, en el primero de varios fichajes que el banco planea concretar en los próximos meses. El movimiento no es menor: la firma, que ya operaba opciones sobre oro desde su mesa de divisas, ahora busca avanzar hacia futuros de oro y plata, y eventualmente expandirse a más instrumentos vinculados al complejo de metales preciosos. La lectura del mercado es clara. Cuando una institución del tamaño de Nomura amplía capacidad en este negocio, no está apostando a un ruido pasajero, sino a una demanda más amplia, más sofisticada y más permanente. En REDIMIN, ese cambio ya se venía reflejando en el seguimiento al precio del oro cerca de los US$5.000 por onza y la plata sobre los US$100, así como en el análisis sobre por qué más de 60 países mantienen reservas en las bóvedas del Banco de Inglaterra, dos señales de que el mercado dejó hace rato de mirar estos activos solo como cobertura de emergencia.
La apuesta de Nomura confirma que los metales preciosos volvieron al centro del sistema financiero
El mensaje que entrega Nomura es más profundo que una simple expansión comercial. El banco está reconociendo que la base de clientes interesada en metales preciosos se amplió de manera estructural y ya no se limita a traders especializados o a inversionistas conservadores. Hoy el interés viene de hedge funds, bancos centrales, clientes de FX y participantes que antes no necesitaban exposición directa a bullion. Esa transformación ocurre en un mercado donde Londres sigue siendo el principal centro global de negociación y donde, según los datos de LBMA sobre volumen diario y semanal en metales preciosos, se mueven cada semana cientos de miles de millones de dólares en oro y plata. Lo relevante es que el crecimiento del precio y de la volatilidad no solo atrae más apetito, también tensiona la capacidad de los market makers y obliga a más bancos a evaluar si tienen escala suficiente para intermediar. Esa misma presión de mercado ya venía apareciendo en REDIMIN, por ejemplo en la cobertura del rebote del oro tras perder US$900 desde su récord y en el análisis sobre la peor semana del oro en 40 años en medio de guerra y tasas más altas, donde quedó claro que la liquidez ya no puede darse por descontada cuando el mercado entra en fase extrema.
Más volumen, más volatilidad y más necesidad de balance sheet
Uno de los puntos más sensibles de esta expansión es que el rally de los metales preciosos no solo cambió el precio, sino también el tamaño financiero de cada operación. Si un cliente quiere mover hoy el mismo volumen de oro que hace dos años, necesita muchos más dólares para hacerlo. Eso exige más balance sheet, más crédito entre contrapartes y una mayor tolerancia al riesgo por parte de quienes hacen mercado. Ahí aparece la oportunidad que está viendo Nomura: no se trata solamente de capturar flujo, sino de entrar en una zona donde la demanda crece más rápido que la capacidad disponible para absorberla. En la práctica, eso puede traducirse en más competencia entre bancos, spreads más sensibles a la volatilidad y una evolución del mercado donde oro y plata se parecen cada vez más a un universo financiero con dinámica propia. REDIMIN ya había anticipado ese reordenamiento al mostrar cómo oro y plata empezaron a caer por inflación y tasas altas, reconfigurando los refugios financieros y cómo la plata volvió a tensarse por la demanda china en 2026. El telón de fondo es el mismo: el mercado ya no solo discute dirección de precios, sino también capacidad real para intermediar riesgo.
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Lo que esta expansión dice sobre el próximo ciclo del oro y la plata
La decisión de Nomura también importa porque llega en un momento donde la narrativa sobre metales preciosos dejó de depender únicamente del miedo geopolítico. La demanda sigue apoyada por bancos centrales, por la búsqueda de diversificación frente al dólar, por tensiones comerciales y por dudas persistentes sobre política monetaria y estabilidad institucional en grandes economías. En otras palabras, el negocio no está creciendo solo porque el oro subió en los últimos meses, sino porque el perfil del cliente global cambió y quiere tener estos activos integrados de manera más permanente en su universo de inversión. Esa es una señal especialmente potente para el mercado minero, porque refuerza la idea de que los metales preciosos no están viviendo un episodio aislado, sino un proceso de institucionalización más profundo. Para Chile y para la industria minera, esto vale la pena seguirlo de cerca: cuando los grandes bancos globales amplían infraestructura para negociar bullion, están validando que el oro y la plata seguirán ocupando un lugar central en los flujos de capital, en la formación de precios y en la conversación estratégica sobre commodities. Más que una contratación, lo de Nomura parece el síntoma de un mercado que acaba de aceptar que el nuevo ciclo del bullion todavía no termina.
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