El Gobierno peruano abrió en Lima el primer foro internacional dedicado a ambos recursos, con foco en transición energética, electromovilidad, almacenamiento, energía nuclear y ciudades inteligentes.
Perú busca instalar al litio y al uranio en el centro de su agenda minera, energética e industrial. El Ministerio de Energía y Minas informó este 7 de julio de 2026 que el país ve en ambos minerales una oportunidad para ampliar su rol en las cadenas de valor asociadas a la transición energética, la electromovilidad, el almacenamiento de energía y nuevas fuentes de generación con bajas emisiones.
El mensaje fue entregado durante la apertura del I Foro Internacional Uranio y Litio, realizado en Lima y organizado por el Ministerio de Energía y Minas junto al Ministerio de Vivienda, Construcción y Saneamiento. La actividad se desarrolla los días 7 y 8 de julio en el Centro de Convenciones de Lima y fue declarada de interés nacional mediante el Decreto Supremo N° 006-2026-EM.
La señal política es relevante porque Perú, tradicionalmente asociado al cobre, oro, zinc, plata y estaño, busca entrar con mayor fuerza en la discusión regional sobre minerales críticos. La apuesta no implica producción inmediata ni nuevos permisos automáticos, pero sí marca una orientación pública para atraer inversión, ordenar capacidades técnicas y discutir marcos de gobernanza para recursos que hoy tienen creciente valor geopolítico.
Qué planteó el Gobierno peruano
Durante la inauguración, el ministro de Energía y Minas, Waldir Ayasta Mechán, sostuvo que el litio y el uranio están vinculados a los cambios que está experimentando la economía mundial por la expansión de la inteligencia artificial, la electromovilidad, las ciudades inteligentes y la demanda por sistemas energéticos más seguros.
Según el MINEM, el litio cumple un rol clave en baterías, almacenamiento de energía y transporte eléctrico, mientras que el uranio está asociado a la generación nuclear de bajas emisiones de CO₂. El gobierno peruano busca que la discusión sobre estos recursos no se limite a la extracción, sino que incorpore infraestructura, telecomunicaciones, ordenamiento urbano, desarrollo tecnológico y seguridad energética.
El foro incluye conferencias sobre la experiencia de Chile, Bolivia y Argentina en litio, además de paneles sobre energía nuclear, cadenas de valor en la minería peruana, gobernanza de minerales críticos y oportunidades para ciudades inteligentes. En la convocatoria previa, el MINEM y el Ministerio de Vivienda señalaron que el encuentro busca reunir a funcionarios, especialistas internacionales, empresas y actores del sector energético.
Una agenda que mira más allá del cobre
Perú mantiene una posición minera relevante a escala global por su producción de cobre, zinc, plata, oro y estaño. Sin embargo, la competencia por minerales críticos está empujando a los países productores a revisar su cartera geológica y su marco de política industrial.
En ese contexto, litio y uranio aparecen como una posibilidad de diversificación para la minería peruana, aunque con desafíos distintos. El litio está ligado al mercado de baterías y almacenamiento estacionario, dominado por una cadena global altamente competitiva. El uranio, en cambio, depende de estándares regulatorios, controles radiológicos, seguridad nuclear, trazabilidad y aceptación pública mucho más estrictos.
La decisión de declarar de interés nacional el foro no equivale a una autorización minera ni a un cambio inmediato en la regulación sectorial. Su importancia está en abrir una discusión pública sobre cómo Perú podría posicionarse frente a recursos que hasta ahora no han tenido el mismo peso que el cobre en la estrategia minera nacional.
Falchani y Macusani, los proyectos que concentran la atención
El debate sobre litio y uranio en Perú tiene un punto geológico concreto: la zona de Macusani, en la región de Puno. Allí se ubican los proyectos Falchani, asociado a litio, y Macusani, vinculado a uranio, ambos desarrollados por American Lithium.
La compañía canadiense describe a Falchani como un proyecto avanzado de litio en roca dura en el sur de Perú. En su información corporativa, la empresa lo presenta como uno de los mayores depósitos de su tipo a nivel global y señala que cuenta con una evaluación económica preliminar anunciada en enero de 2024.
En paralelo, American Lithium identifica a Macusani como un proyecto de uranio de escala significativa en el mismo distrito. La compañía plantea que el activo podría insertarse en la discusión internacional sobre energía nuclear y seguridad energética, aunque su desarrollo depende de permisos, estudios, financiamiento y definiciones regulatorias.
El punto central para la industria es que Perú no parte desde cero en potencial geológico, pero todavía debe transformar ese potencial en proyectos técnicamente viables, ambientalmente evaluados y socialmente gestionables.
Los desafíos regulatorios y ambientales
La incorporación del uranio a una agenda minera requiere una institucionalidad más compleja que la de otros minerales metálicos. Su extracción, procesamiento, transporte y eventual uso energético involucran normas de seguridad radiológica, supervisión especializada y coordinación con organismos técnicos. En Perú, ese debate cruza al sector minero con la política energética y con capacidades vinculadas al Instituto Peruano de Energía Nuclear.
El litio también presenta exigencias propias. Aunque el caso peruano se diferencia de los salares de Chile, Bolivia y Argentina por la presencia de mineralización en roca, los proyectos deben resolver permisos ambientales, disponibilidad de agua, energía, infraestructura, relación con comunidades y trazabilidad del producto final. Estos factores son cada vez más relevantes para compradores internacionales que exigen estándares ambientales y sociales verificables.
Por eso, el foro en Lima apunta a una discusión más amplia que la simple promoción de recursos. El MINEM ha planteado que el aprovechamiento de minerales críticos debe considerar gobernanza territorial, respeto por comunidades campesinas y nativas, sostenibilidad ambiental y generación de valor compartido.
Por qué importa para la minería regional
La señal peruana ocurre en un momento en que América Latina busca capturar más valor dentro de las cadenas de minerales críticos. Chile concentra una posición dominante en reservas y producción de litio en salares; Argentina avanza con una cartera de proyectos en distintas etapas; Bolivia mantiene una estrategia estatal sobre sus recursos evaporíticos; y Brasil ha reforzado su presencia en minerales para baterías y tierras raras.
Perú, en cambio, ha construido su fortaleza minera alrededor del cobre y otros metales tradicionales. El ingreso del litio y el uranio a la agenda pública puede ampliar la narrativa minera del país, pero también exigirá reglas claras para evitar que el interés geológico se transforme en una expectativa sin desarrollo productivo.
Para los inversionistas, la discusión será observada en tres planos: certeza jurídica, permisos ambientales y capacidad del Estado para coordinar minería, energía, tecnología e infraestructura. Para las comunidades, el foco estará en los beneficios territoriales, la gestión ambiental y la participación temprana en decisiones que pueden modificar el perfil productivo de regiones como Puno.
Qué observará la industria
El próximo paso no será solo medir el interés del foro, sino ver si Perú logra traducir esta señal en una hoja de ruta concreta. Eso incluye definiciones sobre permisos, estándares para minerales radiactivos, evaluación ambiental, infraestructura habilitante, relación con comunidades y eventuales incentivos para agregar valor local.
La discusión también pondrá presión sobre la capacidad del país para competir por capital en un mercado donde otros productores ya avanzan con marcos específicos para litio, minerales críticos y transición energética. Si Perú logra ordenar esa agenda, el litio y el uranio podrían convertirse en una nueva línea de desarrollo industrial complementaria a su minería tradicional; si no, seguirán siendo recursos de alto potencial, pero con avance limitado hacia producción y valor agregado.







