Salar de Atacama volvió a mostrar en 2025 la paradoja que hoy atraviesa la industria del litio en Chile: más producción que nunca, pero una recaudación fiscal significativamente menor. Los pagos realizados por SQM y Albemarle a Corfo sumaron US$339 millones durante el ejercicio, una caída de 28% respecto del año anterior y el monto más bajo en tres años, arrastrados por un precio del litio muy lejos de los máximos históricos alcanzados en 2022.
El retroceso se explica casi exclusivamente por la evolución del mercado. Aunque el carbonato de litio registró una recuperación parcial hacia fines de 2025, el promedio anual se ubicó en US$10.365 por tonelada, un 18% menos que en 2024 y a años luz del peak de 2022, cuando el valor promedio superó los US$72 mil por tonelada. Ese año excepcional permitió que el fisco percibiera cerca de US$4 mil millones desde el Salar de Atacama, una cifra que hoy parece irrepetible en el corto plazo.
Del total recaudado en 2025, SQM aportó US$229 millones, lo que representa una baja de 32% respecto del ejercicio previo. Albemarle, en tanto, entregó US$110 millones, con una disminución de 17% interanual. En conjunto, ambas compañías explican la totalidad de los ingresos que recibe Corfo por la explotación de litio en el salar, bajo contratos cuyos esquemas de pago están directamente indexados al precio de venta del mineral.
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La caída en la recaudación contrasta con el desempeño productivo. Según los registros de Corfo, las ventas totales de carbonato de litio equivalente (LCE) alcanzaron 282 mil toneladas en 2025, un alza de 3% frente a las 272 mil toneladas comercializadas en 2024. SQM concentró 230 mil toneladas, mientras que Albemarle aportó 52 mil toneladas, consolidando ambos su mayor nivel histórico de producción.
Este crecimiento no es coyuntural. En 2020, las ventas reportadas al Estado sumaban apenas 89 mil toneladas de LCE. Cinco años después, la cifra se triplicó con creces, acumulando un aumento de 217%. Incluso en el denominado “año de oro” del litio, en 2022, la producción total fue de 211 mil toneladas, muy por debajo de los volúmenes alcanzados en 2025. El salto ha sido liderado principalmente por SQM, cuya producción creció 326% entre 2020 y 2025, mientras que Albemarle registró un aumento de 49% en el mismo periodo.
En el trasfondo, los contratos siguen marcando el marco económico. SQM arrienda a Corfo cerca de 82 mil hectáreas del salar y mantiene un esquema de pagos trimestrales sobre el valor de los minerales extraídos, vigente hasta 2030, mientras avanza en su alianza con Codelco para extender la explotación hasta 2060 a través de la nueva sociedad Novandino Litio. Albemarle, por su parte, opera bajo un contrato que se remonta a 1975 y que se extiende hasta 2044, con pagos crecientes en función del precio del litio.
Así, el balance de 2025 confirma que el desafío para el fisco ya no está en los volúmenes, sino en la volatilidad del precio. El Salar de Atacama produce más que nunca, pero su aporte fiscal depende hoy de un mercado global que aún no logra recuperar los niveles extraordinarios que marcaron el ciclo anterior.
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