Serra Pelada volvió a instalarse en el radar de la minería latinoamericana: no por un nuevo hallazgo, sino por el intento —todavía incierto— de reactivar la mayor excavación artesanal a cielo abierto que tuvo Brasil. El yacimiento, hoy convertido en un lago dentro de un gigantesco cráter, arrastra disputas internas, permisos comprometidos y una pesada carga judicial y ambiental, mientras parte de la extracción reaparece por la vía clandestina.
De “formigueiro humano” a un lago en medio de la Amazonía
Ubicada en Curionópolis, estado de Pará, Serra Pelada fue el emblema de la fiebre del oro que estalló a inicios de los años 80. El auge se tradujo en una escena extrema: miles de garimpeiros excavando a mano, removiendo roca en sacos que llegaban a decenas de kilos y subiendo por escaleras improvisadas conocidas como “Adiós mamita”, por su peligrosidad, según reconstruye una crónica de la agencia EFE.
En cifras, el Instituto Brasileiro de Mineração (IBRAM) sostiene que la zona recibió más de 100 mil mineros, que en una década extrajeron más de 42 toneladas de oro, con un peak de 14 toneladas solo en 1983. También consigna que el cráter llegó a 180 metros de profundidad y que el cierre oficial ocurrió en 1992 por decreto del entonces presidente Fernando Collor (IBRAM).
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El “sueño” de reabrir la mina se sostiene, en gran medida, en la persistencia de antiguos trabajadores y sus redes locales. Uno de los nombres que aparece como símbolo en el terreno es Chico Osório, garimpeiro de 62 años, quien aseguró estar “a tres metros del oro” en una excavación clandestina cercana a la antigua mina, de acuerdo con EFE.
El mismo reporte indica que Osório llegó a Serra Pelada en 1982 y que en su etapa de bonanza habría extraído casi 700 kilos de oro. Su historia también refleja el reverso del boom: parte del dinero terminó perdido tras la quiebra del banco donde guardaba ahorros y hoy opera con maquinaria deteriorada, mientras inspecciona pozos con apoyo de terceros.
El principal bloqueo: la cooperativa, los permisos embargados y la disputa por el control
La reactivación formal no depende de un “retorno espontáneo” del oro, sino de la viabilidad legal y financiera del proyecto. En Serra Pelada, la operación está vinculada a la cooperativa local, cuya presidencia ha sido objeto de conflicto interno. Deuzita Rodrigues fue destituida poco después de ser electa, apeló y un juez determinó su regreso al cargo en agosto.
El mismo texto detalla el obstáculo más pesado: la cooperativa acumula una deuda laboral de 51 millones de reales (alrededor de US$10 millones), lo que mantiene sus permisos embargados mientras no regularice obligaciones. Rodrigues planteó que confía en ejecutar un acuerdo con una empresa para volver a extraer oro en 100 hectáreas pertenecientes a la cooperativa, aunque reconoce que la inestabilidad institucional reciente puede haber afectado el interés del socio.
La minería ilegal como termómetro: oro aún presente, pero con mercurio y riesgo ambiental
La presión por ingresos empuja a una parte de los mineros a operar fuera del marco legal. EFE describe que, pese a operativos policiales, sigue existiendo extracción clandestina con mercurio para separar el oro, con impacto directo en acuíferos y ríos.
Un dato que ilustra la continuidad informal: un comerciante local citado por EFE afirmó recibir en promedio 200 gramos de pepitas por semana, lejos de las toneladas del pasado, pero suficiente para sostener la idea de que el mineral no se agotó.
Qué tendría que ocurrir para una reapertura formal
Para que Serra Pelada vuelva a operar bajo estándares modernos, el proceso no se limita a “secar el cráter” o reabrir accesos. Con los antecedentes públicos disponibles, las condiciones críticas se concentran en:
Normalización de la gobernanza interna de la cooperativa y estabilidad directiva para firmar y ejecutar contratos.
Pago o reestructuración de la deuda laboral que mantiene permisos en condición de embargo.
Tramitación y cumplimiento ambiental, con medidas explícitas para excluir prácticas contaminantes como el uso de mercurio.
Definición del modelo operativo (tecnología, seguridad de taludes, manejo de aguas y relaves), en un yacimiento que fue excavado manualmente y hoy está inundado.
Control efectivo de la minería ilegal en el perímetro, para evitar que la informalidad termine condicionando el proyecto formal.
En paralelo, el interés por el oro no es exclusivo de la Amazonía: el escenario internacional y los anuncios de inversión en nuevos proyectos siguen empujando exploración y reaperturas en distintas geografías, como ha ocurrido con operaciones y hallazgos recientes cubiertos en notas sobre nuevos yacimientos de oro y proyectos en desarrollo y el impacto de megadepósitos anunciados a nivel global.








