Industria Minera

Sierra Gorda SCM invertirá US$ 725 millones en cuarta línea de molienda para elevar capacidad a 60 Mtpa

La faena de cobre y molibdeno ubicada en la Región de Antofagasta aprobó una expansión brownfield que considera nueva molienda, mayor capacidad de chancado y flotación. El proyecto apunta a iniciar producción hacia el año fiscal 2030 y alcanzar régimen completo en 2031.

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Sierra Gorda SCM aprobó la ejecución de su proyecto de cuarta línea de molienda, una inversión estimada en US$ 725 millones que busca ampliar la capacidad de procesamiento de la operación desde aproximadamente 48 millones de toneladas anuales a 60 millones de toneladas anuales.

La decisión fue informada por South32, socia de la compañía junto a KGHM Polska Miedź. La minera australiana señaló que el joint venture aprobó la ejecución del proyecto tras completar un estudio de factibilidad que confirmó el potencial económico de esta expansión de planta.

La iniciativa considera una cuarta línea de molienda, ampliación de chancado, mayor capacidad de flotación e infraestructura de proceso asociada. Con ello, la compañía busca capturar más valor desde una operación ya existente, sin desarrollar una mina nueva desde cero.

Una expansión sobre infraestructura existente

Sierra Gorda es una mina a rajo abierto de cobre y molibdeno ubicada en la comuna del mismo nombre, en la Región de Antofagasta, a unos 60 kilómetros al suroeste de Calama, según la descripción operacional de KGHM.

La faena inició producción comercial en 2015 y opera sobre depósitos de sulfuros de cobre y molibdeno. Su propiedad está dividida entre KGHM Polska Miedź, con 55%, y South32, con 45%, luego de la salida de las japonesas Sumitomo Metal Mining y Sumitomo Corporation en 2022.

El proyecto aprobado es relevante porque no implica levantar una operación desde cero, sino aumentar la capacidad de una planta existente. En minería, las expansiones brownfield suelen tener ventajas frente a proyectos greenfield: menor riesgo técnico relativo, uso de infraestructura instalada, permisos operacionales ya consolidados y una curva de ejecución más acotada. Eso no elimina riesgos de costos, plazos o integración operacional, pero cambia la naturaleza del desafío.

En este caso, el salto informado es concreto: la planta pasaría de cerca de 48 Mtpa a 60 Mtpa, equivalente a un aumento aproximado de 25% en capacidad de procesamiento. Para una operación de cobre-molibdeno de gran escala, esa diferencia puede traducirse en mayor producción de concentrado, mejor absorción de costos fijos y más volumen disponible para los mercados internacionales.

Inversión, plazos y financiamiento

South32 detalló que el gasto de capital de crecimiento será de aproximadamente US$ 725 millones sobre base 100%, distribuido entre los años fiscales 2027 y 2030. El financiamiento provendrá de flujos operacionales de Sierra Gorda y de líneas de deuda del joint venture.

La compañía proyecta que el proyecto alcance primera producción hacia la mitad del año fiscal 2030 de South32, con régimen completo durante el año fiscal 2031. En términos prácticos, eso ubica el impacto productivo principal hacia el cambio de década, en un periodo donde la oferta global de cobre seguirá presionada por la caída de leyes, restricciones ambientales, tiempos de permisos y mayores requerimientos de capital.

South32 también indicó que la expansión debería respaldar una reducción cercana al 10% en los costos unitarios operacionales promedio. Ese punto es clave: en operaciones de gran escala, el mayor tonelaje tratado puede mejorar la productividad de la planta y diluir costos, siempre que la mina logre sostener alimentación suficiente y que la integración de los nuevos equipos no afecte la continuidad operacional.

La empresa informó además que el proyecto tendría una tasa interna de retorno estimada de 20% con un precio de largo plazo del cobre de US$ 5 por libra, y de 23% con un precio de US$ 6 por libra. Son supuestos de evaluación económica, no resultados garantizados. Su materialización dependerá de ejecución, costos, precios del cobre, desempeño metalúrgico y condiciones operacionales.

Por qué importa para el cobre chileno

La aprobación de esta inversión llega en un momento en que Chile necesita sostener y ampliar su producción de cobre para no perder participación en la oferta global. El país enfrenta una cartera de proyectos marcada por expansiones de faenas existentes, reposiciones de mineral, nuevas fuentes de agua, optimización de plantas y permisos ambientales complejos.

En ese contexto, Sierra Gorda aparece como un caso relevante por tres razones. Primero, porque se trata de una operación ya instalada en Antofagasta, región que concentra parte importante de la producción cuprífera nacional. Segundo, porque el proyecto apunta a aumentar capacidad de procesamiento, uno de los cuellos de botella habituales en operaciones de sulfuros. Tercero, porque involucra a dos compañías internacionales con foco creciente en cobre: KGHM, como controlador, y South32, que ha reforzado su exposición a metales base.

El cobre sigue siendo el eje económico de la minería chilena. Las expansiones de capacidad son relevantes no solo por producción, sino también por demanda de servicios especializados, mantenimiento, ingeniería, equipos de molienda, transporte, energía, agua industrial y empleo contratista durante construcción y puesta en marcha.

Agua de mar e infraestructura en el desierto

Sierra Gorda opera en una zona de alta exigencia hídrica y ambiental. KGHM informa que la faena utiliza agua de mar proveniente de sistemas de enfriamiento de una central en Mejillones, que es bombeada hasta la mina mediante una tubería de 144 kilómetros. Ese antecedente es relevante porque el acceso al agua se ha convertido en una variable crítica para la minería del norte de Chile.

La expansión de capacidad deberá integrarse a esa infraestructura y a los sistemas existentes de proceso, relaves, energía y transporte de concentrado. La compañía no informó en el anuncio un aumento específico de empleo, ni un detalle público de nuevos permisos ambientales asociados a esta etapa. Por ahora, el dato confirmado es la aprobación de inversión por parte del joint venture y el alcance industrial de la ampliación de planta.

El concentrado producido en Sierra Gorda es transportado al puerto de Antofagasta y desde allí enviado a fundiciones internacionales. Esa cadena logística también será parte del efecto operativo de una mayor capacidad de procesamiento, aunque la compañía no precisó volúmenes adicionales de concentrado ni incrementos de cobre fino atribuibles al proyecto.

Una apuesta por más volumen y menores costos

La cuarta línea de molienda refuerza una tendencia visible en la gran minería: aumentar producción donde ya existe infraestructura, antes que depender exclusivamente de nuevos yacimientos. En un mercado de cobre con demanda estructural asociada a electrificación, redes, energías renovables y manufactura industrial, las expansiones brownfield son una forma de sumar oferta con menor riesgo relativo.

Para Sierra Gorda, el desafío estará en ejecutar una inversión de US$ 725 millones sin afectar la continuidad operacional de una faena en marcha. Para Chile, el proyecto suma una señal concreta de inversión minera en Antofagasta y vuelve a poner en el centro la importancia de las ampliaciones de capacidad en operaciones ya existentes.

El próximo hito que observará la industria será el avance hacia construcción en el ciclo 2027-2030 y la capacidad real de la faena para convertir mayor procesamiento en más producción comercial y menores costos unitarios.