
La ciencia avanza en la comprensión de los agujeros negros, esos misteriosos objetos que han cautivado a investigadores por décadas. Recientemente, un equipo internacional de astrónomos ha logrado una hazaña extraordinaria: medir la masa de un agujero negro supermasivo e inactivo, ubicado a 10.000 millones de años luz de la Tierra, utilizando el Telescopio Espacial James Webb (JWST). Esta es la primera vez que se establece la masa de un agujero negro en un estado “apagado” a tal distancia, algo que hasta ahora solo se había logrado con aquellos que se encuentran “activos” y brillan intensamente debido al material que devoran.
¿Cómo se logró esta medición?
Los investigadores aplicaron técnicas innovadoras que combinan la poderosa tecnología infrarroja del JWST con el fenómeno de la lente gravitacional natural. En este caso, un cúmulo de galaxias en el camino hacia el agujero negro actuó como una inmensa lente cósmica, amplificando la imagen de la galaxia MRG-M0138 hasta 30 veces. Esta técnica permitía observar un objeto que, de otro modo, sería prácticamente invisible, ya que no emite radiación detectable en el espectro visible.
La metodología utilizada para llevar a cabo esta medición incluye: - Amplificación por Lente Gravitacional: La gravedad de un cúmulo de galaxias distorsionó el espacio-tiempo, permitiendo detectar el objeto. - Cinemática Estelar de Precisión: Utilizando el espectrógrafo del JWST, los astrónomos midieron la aceleración gravitatoria que el agujero negro ejerce sobre las estrellas cercanas, revelando así su masa, equivalente a 6.000 millones de veces la de nuestro Sol.
Implicaciones científicas
Richard Ellis, uno de los investigadores participantes, afirma que este avance es fundamental para entender cómo los agujeros negros influyen en la formación estelar. Al estar “apagados”, estos agujeros negros no acumulan material que les permita emitir rayos visibles, por lo que su estudio ayuda a conocer la dinámica de las galaxias en el universo primitivo. Los datos indican que, durante su fase activa, los agujeros negros pueden expulsar o calentar el gas necesario para forjar nuevas estrellas, provocando que una galaxia “muera” prematuramente.
Un cambio en la forma de estudiar el universo
Este logro marca un antes y un después en la astronomía moderna, ya que los agujeros negros habían sido estudiados principalmente en su fase activa, lo que discrepaba con la verdadera naturaleza de la evolución de las galaxias. Con esta nueva técnica, se abre una ventana para estudiar no solo agujeros negros, sino también poblaciones enteras de galaxias que están inactivas o “muertas”. A su vez, establece un nuevo récord al aplicar esta medición a una distancia nunca antes alcanzada, mucho más allá de los 700 millones de años luz que era el límite previo.
Este descubrimiento se suma a la creciente lista de hitos que el Telescopio James Webb ha logrado desde su lanzamiento, permitiendo así a los científicos explorar los confines del universo y desentrañar sus secretos. La comunidad astronómica espera que estas y futuras investigaciones ayuden a esclarecer muchas de las incógnitas que aún rodean a los agujeros negros y su papel en la formación de las estructuras cósmicas que observamos hoy en día.