Tungsteno en crisis se ha convertido en una de las consecuencias menos visibles pero más críticas del actual conflicto en Medio Oriente. Cada misil utilizado en operaciones militares —especialmente en escenarios como Irán y Ucrania— consume este metal estratégico, esencial para penetrar blindajes y estructuras reforzadas. A diferencia de otros usos industriales, el tungsteno empleado en municiones no es reciclable, lo que agrava la presión sobre un mercado ya tensionado. El resultado es un fuerte incremento de precios y una creciente preocupación por la seguridad de suministro en Occidente.
Demanda militar acelera el agotamiento de reservas
El uso intensivo de armamento en conflictos recientes ha incrementado significativamente el consumo de tungsteno. Este metal, clave en la fabricación de municiones de alta penetración, se consume completamente en cada detonación, a diferencia de aplicaciones industriales donde puede reciclarse.
La combinación de la guerra en Ucrania y la ofensiva en Irán está generando un “sumidero mineral”, elevando la demanda desde el sector defensa, que ya representaba cerca del 10% del consumo global. Esta proporción podría aumentar en los próximos años, a medida que países occidentales busquen reponer sus inventarios de armamento.
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Precios se disparan y alcanzan máximos históricos
El impacto en el mercado ha sido inmediato. El paratungstato de amonio (APT), principal insumo intermedio del tungsteno, ha registrado un alza explosiva: pasó de menos de US$400 por tonelada a más de US$2.200 en el mercado de Róterdam en el último año.
Este incremento posiciona al tungsteno como uno de los commodities con mejor desempeño reciente, superando incluso a metales como el cobre o el oro. Según estimaciones del sector, los precios se encuentran en niveles no vistos en al menos nueve décadas, reflejando un desequilibrio estructural entre oferta y demanda.
China domina el suministro y restringe exportaciones
El principal factor detrás de la crisis es la alta concentración de la producción en China, que representa cerca del 80% del suministro global. A esto se suman restricciones de exportación implementadas en 2025, lo que ha reducido los envíos al exterior en cerca de un 40%.
Además, la producción interna china cayó alrededor de un 10% en 2025, debido a cuotas más estrictas y regulaciones ambientales, mientras que una mayor proporción del metal se destina al consumo doméstico.
Este escenario ha reforzado la vulnerabilidad de las cadenas de suministro occidentales, altamente dependientes de un solo actor dominante.
Occidente busca alternativas, pero a largo plazo
Frente a esta situación, Estados Unidos y sus aliados han comenzado a impulsar nuevas fuentes de suministro. Entre las iniciativas destacan:
- Desarrollo de proyectos en Kazajistán, con financiamiento cercano a US$900 millones
- Incentivos para exploración en yacimientos como Pilot Mountain (Nevada)
- Programas para mejorar el reciclaje de tungsteno
Sin embargo, la mayoría de estos proyectos aún se encuentran en etapas tempranas y podrían tardar años en entrar en producción, lo que limita su impacto en el corto plazo.
Competencia entre sectores y riesgo para industrias civiles
El aumento de la demanda militar está generando una competencia directa con sectores civiles que también dependen del tungsteno, como:
- Electrónica (semiconductores y circuitos impresos)
- Energía solar
- Construcción y minería (herramientas de carburo)
Dado que los compradores militares suelen tener mayor capacidad de pago, existe el riesgo de que industrias de alto valor agregado enfrenten escasez o aumentos significativos de costos.
Un cuello de botella para la transición energética y tecnológica
El tungsteno no es el único mineral afectado. Muchos sistemas de armamento, como los misiles de crucero, incorporan múltiples minerales críticos en sus componentes electrónicos y de guiado.
Este escenario refuerza una tendencia global: la necesidad de diversificar y asegurar cadenas de suministro de minerales estratégicos. Sin embargo, construir nuevas capacidades de extracción, procesamiento y refinación es un proceso lento, que podría no avanzar al mismo ritmo que la demanda impulsada por los conflictos.
En este contexto, el tungsteno se posiciona como un nuevo cuello de botella para la seguridad energética, tecnológica y militar de Occidente.
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