Brasil se ha convertido en un foco de disputa entre Estados Unidos, la Unión Europea y China por sus reservas de tierras raras, en un escenario marcado por la búsqueda de suministro para industrias estratégicas y por el intento occidental de reducir su dependencia del dominio chino en esta cadena.
Brasil entra al centro de la disputa por minerales críticos
Las reservas brasileñas, consideradas entre las más relevantes del mundo, están atrayendo el interés de Washington, Bruselas y Pekín por su valor para tecnologías vinculadas a energías renovables, defensa y electrónica. En esa disputa, la Comisión Europea confirmó en una declaración de Ursula von der Leyen en Brasil que avanza hacia un acuerdo político con el país sudamericano para cooperar en proyectos de inversión conjunta en litio, níquel y tierras raras.
Estados Unidos, por su parte, ya comprometió más de US$500 millones para Serra Verde, la única mina de tierras raras en operación en Brasil. Esa apuesta fue ratificada por la Corporación Financiera de Desarrollo de Estados Unidos, que informó la firma de un financiamiento para optimizar y expandir la operación Pela Ema.
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China mantiene presión y Brasil busca ampliar el procesamiento local
Mientras Occidente intenta asegurar abastecimiento, China sigue moviéndose sobre proyectos brasileños a través de fondos de inversión y fabricantes interesados en materias primas, con especial atención en tierras raras pesadas usadas en imanes de alta temperatura para motores de vehículos eléctricos, turbinas eólicas y robótica. En paralelo, Reuters reportó en marzo que Estados Unidos negocia con Brasil un entendimiento sobre cadenas de suministro de minerales críticos y que Goiás concentra la única producción comercial de tierras raras del país.
En este escenario, el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva busca que Brasil no quede limitado a la exportación de mineral y avance hacia una industria local de refinación y procesamiento. Esa prioridad también aparece en las conversaciones con socios occidentales, en medio de una competencia que ya involucra proyectos mineros, financiamiento y futuros acuerdos de suministro para plantas fuera de China. La presión geopolítica se ha intensificado después de las restricciones chinas a ciertas exportaciones y de las nuevas iniciativas de coordinación entre Washington, Bruselas y otros aliados sobre minerales críticos, según un reporte de Reuters sobre la ofensiva occidental frente al dominio chino.


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