La minería argentina atraviesa un desajuste inusual: mientras el empleo formal directo se contrajo durante 2025, el sector proyecta una expansión laboral de gran escala en los próximos años. El desafío ya no pasa solo por la inversión o la geología, sino por la capacidad de formar y reclutar los perfiles que demandarán los nuevos proyectos.
Un sector con salarios altos, baja informalidad y empleo en retroceso
El punto de partida muestra una industria con indicadores laborales por encima del promedio argentino, pero con una desaceleración en la foto más reciente. De acuerdo con el Sistema de Información Abierta a la Comunidad sobre la Actividad Minera en Argentina, el empleo formal directo del sector llegó a 38.801 puestos en abril de 2025. En paralelo, los antecedentes entregados señalan una baja interanual de 5,3% y una décima caída consecutiva, en un contexto en que varios proyectos todavía no entran en fase de construcción u operación.
La Cámara Argentina de Empresas Mineras sostiene que la actividad emplea de manera directa a unas 37.000 personas y genera más de 120.000 puestos indirectos, con apenas 1,3% de informalidad laboral y remuneraciones que equivalen a 3,7 veces el promedio del sector privado. Esa combinación explica por qué, aun con retrocesos en el corto plazo, la minería sigue siendo una de las actividades más atractivas para técnicos y profesionales calificados.
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Dentro de esa tendencia general, el litio mantiene un comportamiento distinto. Según los antecedentes, la exploración y financiación de proyectos de ese subsector incorporó 239 nuevos puestos, con un crecimiento interanual de 11,8%, además de exhibir la mayor participación femenina, con 22,3% de su fuerza laboral.
La expansión proyectada elevó la presión sobre el mercado laboral
El salto fuerte de empleo todavía no ocurre, pero los proyectos en carpeta ya están tensionando la oferta de capital humano. Según el informe de Morgan Stanley citado en el documento, en 2026 se crearían unos 12.000 empleos en construcción, mientras que en 2027 esa cifra escalaría a cerca de 36.000, con un total de 51.000 puestos directos en el sector.
La proyección más ambiciosa corresponde a la CAEM: el desarrollo completo de los proyectos de cobre y litio podría llevar la masa laboral directa e indirecta a entre 200.000 y 250.000 puestos, con un horizonte de 200.000 nuevos empleos hacia 2032, traccionados por inversiones superiores a USD 33.000 millones.
El Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones también aparece como acelerador. Los antecedentes entregados detallan que la inversión minera proyectada para 2026 alcanzaría USD 7.510 millones, un alza de 441% frente a 2025. En ese marco, las aprobaciones de Veladero y Diablillos, junto con compromisos previos como Gualcamayo y Fénix, refuerzan la presión sobre la demanda de mano de obra especializada en construcción, operación y servicios asociados.
La brecha está en los perfiles técnicos y profesionales
El cuello de botella no está en la disponibilidad de proyectos, sino en los perfiles que exige la próxima etapa. El sector demanda geólogos, hidrogeólogos, ingenieros químicos, electromecánicos y civiles, además de técnicos en seguridad, higiene, sostenibilidad, perforación y trabajo de campo en alta montaña. A eso se suman competencias en inglés, gestión y criterios ESG.
La respuesta educativa empezó a moverse, aunque todavía a menor velocidad que la esperada por la industria. En San Juan, la Universidad Nacional de San Juan informó que para el ciclo 2026 creció la matrícula y avanzó en tecnicaturas como Operaciones de Minas y Procesamiento de Minerales, con alcance territorial y modalidades a distancia e híbridas. En Salta, la plataforma oficial Trabajo Minería muestra una demanda activa de perfiles técnicos y operativos, en línea con la expansión prevista en la Puna.
Con ese escenario, la minería argentina enfrenta una transición concreta: tiene cartera de proyectos, expectativa de inversión y mejores salarios relativos, pero todavía necesita ampliar con rapidez la base de trabajadores capaces de sostener la mayor expansión sectorial proyectada para la próxima década.

