
Aramco elevó sus despachos de crudo por el mar Rojo en un intento por aliviar el bloqueo operativo que afecta al estrecho de Ormuz, pero el volumen sigue muy por debajo de lo que Arabia Saudita normalmente mueve por esa ruta. La petrolera saudí cargó 9,4 millones de barriles, equivalentes a 1,9 millones de barriles diarios, en los primeros cinco días de marzo desde Yanbu, mientras el reino exporta más de 7 millones de barriles diarios y cerca de 6 millones suelen salir por Ormuz.
El desvío existe, pero la brecha sigue siendo demasiado grande
El movimiento confirma que la ruta al Mar Rojo pasó de ser una alternativa teórica a una válvula de escape real. El problema es que esa salida no compensa por sí sola la magnitud de la interrupción: de acuerdo con Reuters, el alza de Yanbu equivale a un salto relevante frente a febrero y enero, pero sigue lejos del flujo que Arabia Saudita pierde cuando Ormuz deja de operar con normalidad. El desequilibrio es todavía más claro en un corredor por donde en 2024 circularon en promedio 20 millones de barriles diarios, cerca de una quinta parte del consumo mundial de líquidos del petróleo, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.
El cuello de botella no es solo el oleoducto
En teoría, Arabia Saudita puede redirigir hasta 5 millones de barriles diarios al mar Rojo mediante el oleoducto East-West, que conecta Abqaiq con Yanbu. Pero ese número no se traduce automáticamente en exportaciones efectivas. Reuters señala que el terminal del mar Rojo podría manejar más de 4,5 millones de barriles diarios, aunque rara vez ha cargado más de 2,5 millones, y además el ducto está diseñado principalmente para transportar Arab Light, una de las varias mezclas que produce el reino. Eso reduce la flexibilidad operativa en una crisis que exige mover más volumen, más rápido y con especificaciones comerciales distintas.
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El mar Rojo también suma riesgo y costo
La salida por Yanbu tampoco está libre de amenazas. La misma ruta expone a los cargamentos al riesgo de seguridad en el mar Rojo y a un mercado naviero tensionado por la escasez de buques disponibles. Reuters reportó que algunas contrataciones de petroleros para cargar en Yanbu no se concretaron por el aumento de las tarifas de flete y por el deterioro del perfil de riesgo del trayecto. Incluso con más buques en camino al puerto saudí, el problema ya no pasa solo por encontrar crudo, sino por conseguir barcos, seguros y ventanas de carga en un entorno de disrupción simultánea.
El impacto ya se refleja en el petróleo y en los importadores
La limitación de esa vía alternativa ayuda a explicar por qué el mercado sigue incorporando una prima geopolítica al crudo. Mientras persista la congestión en Ormuz y la respuesta saudí se mantenga por debajo del volumen habitual que sale por el Golfo, el suministro seguirá bajo presión. Ese efecto ya se reflejó en el rebote reciente del Brent y el WTI y vuelve a ser especialmente sensible para economías importadoras como Chile, cuya dependencia del crudo comprado en el exterior deja al país más expuesto a cualquier shock prolongado en las rutas energéticas globales.