La evolución del Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo será clave para medir el impacto inicial de la crisis en Medio Oriente sobre la economía chilena. Así lo advirtió la presidenta del Banco Central de Chile, Rosanna Costa, quien señaló que el dato que publicará el Instituto Nacional de Estadísticas marcará las primeras señales concretas del traspaso del shock externo a la inflación local. En un escenario donde el precio del petróleo ha superado los US$100 por barril —llegando incluso por sobre los US$116—, la autoridad monetaria alertó sobre un aumento significativo en las expectativas inflacionarias de corto plazo, aunque destacó que las proyecciones a dos años se mantienen ancladas en torno al 3%, en línea con la meta oficial.
Petróleo y velocidad del shock inflacionario
Uno de los puntos centrales de la exposición de Rosanna Costa fue la rapidez con que se ha producido el ajuste en los precios internacionales de la energía. Desde fines de febrero, el crudo ha registrado un alza cercana al 70%, superando en magnitud y velocidad lo observado tras la invasión rusa a Ucrania en 2022.
Este fenómeno no solo impacta directamente en los combustibles, sino que también se transmite a otros costos relevantes de la economía. La autoridad destacó aumentos importantes en insumos como:
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Estos movimientos amplifican el efecto inflacionario a través de cadenas productivas y logísticas, elevando los precios en múltiples sectores.
Inflación de corto plazo bajo presión
Según el escenario base del último Informe de Política Monetaria (IPoM), la inflación anual en Chile se ubicaría en torno al 4% a partir del segundo trimestre, para luego converger nuevamente al 3% hacia 2027. Sin embargo, las revisiones más recientes se concentran en el corto plazo, reflejando el impacto inmediato del encarecimiento energético.
La presidenta del Banco Central de Chile explicó que este tipo de perturbación corresponde a un shock de oferta externo, que tiende a ser transitorio, aunque su magnitud y duración aún son inciertas. En ese sentido, advirtió que el escenario puede evolucionar en distintas direcciones:
- Mayor traspaso a precios internos, elevando la inflación
- Impacto negativo en la demanda, moderando las presiones inflacionarias
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La incertidumbre sobre cuál de estos efectos predominará obliga a un monitoreo constante.
Política monetaria y margen de acción
Pese al complejo contexto internacional, Rosanna Costa destacó que la economía chilena enfrenta este nuevo shock desde una posición más sólida, tras haber logrado la convergencia de la inflación a la meta a comienzos de 2026.
Esto entrega cierto margen de acción a la política monetaria, aunque el Banco Central ha optado por una estrategia prudente, evaluando la evolución del escenario “reunión a reunión”. El foco estará puesto en detectar señales de persistencia inflacionaria o de una mayor transmisión hacia los precios internos.
Impacto en minería y costos productivos
Para la minería chilena, el alza del petróleo y de otros insumos energéticos implica un aumento directo en los costos operacionales. Combustibles, transporte y energía eléctrica son componentes clave en la estructura de costos del sector, por lo que la presión inflacionaria puede afectar la competitividad, especialmente en un entorno global incierto.
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Además, el encarecimiento de insumos como fertilizantes y productos químicos también puede tener efectos indirectos en industrias relacionadas, ampliando el impacto económico del shock externo.
En este contexto, el dato de IPC de marzo será una señal clave para anticipar la trayectoria de la inflación en los próximos meses y definir el rumbo de la política económica en Chile.




