Las bajas temperaturas en Santiago volvieron a instalar una preocupación recurrente en la capital: el deterioro de la calidad del aire y el aumento de enfermedades respiratorias en plena antesala del invierno. Durante esta semana, la Región Metropolitana registró las jornadas más frías del año, con mínimas cercanas a los 3°C, nubosidad persistente y una ventilación atmosférica prácticamente inexistente, configurando un escenario que especialistas describen como especialmente riesgoso para la salud.
La situación ya comenzó a reflejarse tanto en los indicadores ambientales como en las consultas médicas. El 10 y 11 de mayo se decretó alerta ambiental debido al incremento de material particulado fino MP2,5, mientras hospitales y clínicas observan un aumento sostenido de cuadros respiratorios asociados a virus estacionales, bronquitis y descompensaciones en pacientes crónicos.
El fenómeno responde a una combinación de factores atmosféricos y sanitarios que suelen intensificarse en otoño, pero que este año aparecieron de manera particularmente temprana. La mezcla entre aire frío, humedad, contaminación acumulada y permanencia en espacios cerrados está creando condiciones ideales para la circulación viral en Santiago, una ciudad cuya geografía dificulta la dispersión de contaminantes durante episodios de inversión térmica.
La inversión térmica mantiene contaminantes atrapados sobre Santiago
Según explicó la investigadora del Centro Agrimed de la Universidad de Chile, Paula Santibáñez, el episodio de frío registrado esta semana tuvo características distintas a otros sistemas fríos habituales en la zona central.
El desplazamiento del anticiclón del Pacífico permitió el ingreso de aire frío desde el sur, pero acompañado de humedad marítima, favoreciendo la formación de neblina y nubosidad baja sobre la cuenca capitalina. Esa configuración provocó un enfriamiento persistente durante gran parte del día y redujo considerablemente la ventilación atmosférica.
La consecuencia más visible fue la acumulación de contaminantes cerca de la superficie debido a la inversión térmica, fenómeno en que una capa de aire cálido impide que el aire frío y contaminado ascienda y se disperse.
En Santiago, rodeado por cordones montañosos, el efecto se intensifica. Emisiones vehiculares, humo de calefacción y partículas industriales permanecen suspendidas a baja altura justo en momentos donde las personas pasan más tiempo en interiores.
El doctor en ciencias atmosféricas de la Universidad de Magallanes, Jorge Carrasco, explicó que la nubosidad también influyó en el comportamiento térmico. Aunque evitó mínimas aún más extremas durante la noche, actuó como una barrera que impidió el aumento de temperatura durante el día, dejando máximas que no superaron los 10°C.
Los especialistas descartan que el fenómeno tenga relación directa con un eventual evento de El Niño. Según indican, el Pacífico aún se mantiene en una fase neutra y las condiciones actuales responden principalmente a dinámicas atmosféricas regionales propias del otoño.
El frío y el material particulado debilitan las defensas respiratorias
Mientras meteorólogos monitorean la evolución del sistema frontal y la calidad del aire, médicos ya observan el impacto sanitario del fenómeno.
La infectóloga Cecilia González, directora de Investigación Clínico-Epidemiológica de RedSalud, explica que el frío genera condiciones biológicas favorables para la propagación viral. Las bajas temperaturas resecan las mucosas respiratorias, debilitando la primera barrera de defensa frente a virus y bacterias.
A ello se suma un comportamiento típico de invierno: mayor permanencia en espacios cerrados y menor ventilación, factores que facilitan la transmisión de enfermedades respiratorias.
Sin embargo, los especialistas advierten que la contaminación atmosférica agrava considerablemente el escenario. El material particulado fino MP2,5 logra penetrar profundamente en bronquios y alvéolos pulmonares, generando inflamación persistente y debilitamiento crónico de las defensas respiratorias.
El médico broncopulmonar Felipe Rivera, de Clínica Dávila, señala que el frío también reduce la irrigación sanguínea de las mucosas respiratorias, disminuyendo la presencia de anticuerpos y células defensivas en las vías aéreas.
La combinación entre contaminación y bajas temperaturas explica por qué Santiago suele presentar cuadros respiratorios más severos que otras ciudades con condiciones térmicas similares.
Adultos mayores y niños concentran el mayor riesgo sanitario
Los grupos más vulnerables siguen siendo los adultos mayores, niños pequeños y personas con enfermedades crónicas como asma, EPOC, cardiopatías o pacientes inmunosuprimidos.
Ante el aumento de circulación viral, los especialistas reiteran que la vacunación temprana continúa siendo la principal herramienta preventiva. Los expertos recuerdan que el organismo necesita entre dos y tres semanas para desarrollar protección efectiva tras la inoculación.
Entre las principales recomendaciones para enfrentar las próximas semanas destacan:
Mantener ventilación periódica en espacios cerrados.
Evitar el uso de calefactores altamente contaminantes.
Utilizar mascarilla ante síntomas respiratorios.
Reducir exposición prolongada al aire libre durante episodios críticos.
Mantener esquemas de vacunación al día.
Evitar cambios bruscos de temperatura.
El invierno meteorológico aún no comienza oficialmente, pero las condiciones observadas durante mayo ya anticipan una temporada compleja para la salud respiratoria en Santiago, especialmente si persisten los episodios de contaminación y escasa ventilación atmosférica.







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