La persistente interrupción del tránsito petrolero por el Golfo está reduciendo la producción, drenando inventarios y elevando la volatilidad del crudo. Para Chile, el principal riesgo está en el costo de los combustibles, el transporte y las presiones inflacionarias.
El mercado mundial del petróleo volvió a entrar en una zona de alta tensión. La prolongada interrupción de los embarques a través del Estrecho de Ormuz llevó a recortar nuevamente las perspectivas de suministro para 2026, mientras los inventarios que han permitido amortiguar la crisis continúan disminuyendo a un ritmo acelerado.
La oferta mundial llegó en julio a cerca de 101,5 millones de barriles diarios, pese a una recuperación frente al mes anterior. El nivel continúa alrededor de 6,3 millones de barriles diarios por debajo del registrado un año antes y buena parte de esa diferencia corresponde a producción del Golfo que todavía permanece fuera del mercado.
El escenario importa para Chile porque el precio internacional del petróleo y de sus derivados es uno de los componentes que terminan influyendo en los valores internos de gasolinas, diésel, transporte de carga y múltiples costos productivos.
Oferta mundial de petróleo retrocede con fuerza
La estimación actual considera que el suministro global podría caer en promedio 4,3 millones de barriles diarios durante 2026, hasta ubicarse en torno a los 102 millones de barriles por día. El deterioro se aceleró después de nuevas interrupciones marítimas y de la imposibilidad de normalizar de manera sostenida el tránsito por Ormuz.
El Golfo sigue siendo el principal foco de la crisis. Cerca de 8,3 millones de barriles diarios de producción permanecen paralizados respecto de los niveles previos al conflicto, mientras los embarques volvieron a reducirse durante julio.
Las exportaciones de la región retrocedieron hasta unos 15 millones de barriles diarios durante ese mes, luego de haber alcanzado niveles cercanos a los 20 millones de barriles diarios al inicio de julio. Hacia el cierre del período, los embarques habían caído a alrededor de 12 millones diarios.
La magnitud del impacto se explica por el peso de Ormuz dentro del comercio energético. Antes de la crisis circulaban por esta ruta alrededor de 20 millones de barriles diarios de petróleo y productos derivados. Durante los meses más críticos de la interrupción, ese flujo llegó a reducirse a una fracción de sus niveles habituales.
Inventarios pierden capacidad para contener el shock
Uno de los puntos más delicados es la reducción de las reservas disponibles.
Los inventarios mundiales observados disminuyeron en 69 millones de barriles durante julio, equivalentes a unos 2,2 millones de barriles diarios. Con ello, las existencias bajaron de 7.900 millones de barriles por primera vez desde abril de 2025.
Entre fines de febrero y fines de julio, la reducción acumulada alcanzó aproximadamente 410 millones de barriles, reflejando el uso intensivo de los stocks para compensar la pérdida de producción y los problemas de transporte marítimo.
La situación ya venía deteriorándose durante el segundo trimestre. En abril, las existencias terrestres habían caído en unos 170 millones de barriles en medio de las dificultades para mover petróleo a través de Ormuz.
Este fenómeno es relevante porque los inventarios funcionan como una reserva de seguridad frente a interrupciones temporales. Mientras menores sean esas existencias, más sensible queda el precio internacional ante un nuevo ataque, una reducción adicional de producción o problemas en las rutas marítimas.
El mercado enfrenta déficit durante el tercer trimestre
El balance entre producción y consumo también se deterioró.
Para el tercer trimestre se proyecta actualmente un déficit cercano a 1,8 millones de barriles diarios, más del doble de lo estimado apenas un mes antes.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos también observa un escenario de inventarios descendentes durante 2026. Su estimación apunta a una reducción promedio equivalente a 5,1 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre y a otros 2,2 millones diarios durante el tercero.
El efecto ya se está reflejando en el mercado. Este miércoles 12 de agosto, el Brent operaba cerca de US$89 por barril, mientras el WTI se ubicaba en torno a US$84, en una jornada marcada nuevamente por ataques a embarcaciones y dudas respecto de una normalización del suministro desde Medio Oriente.
Durante julio, además, los precios llegaron a presentar una amplitud cercana a US$40 por barril entre sus niveles mínimos y máximos, con un peak próximo a US$105 en uno de los episodios de mayor tensión del mes.
Por qué el problema de Ormuz puede sentirse en Chile
Chile está lejos geográficamente del conflicto, pero no queda aislado de sus efectos económicos.
El precio de los combustibles comercializados en el país está conectado con las referencias internacionales, los costos de importación y el tipo de cambio. Por eso, una crisis prolongada que mantenga elevados los precios del crudo y de productos refinados puede terminar presionando los costos locales.
Los primeros sectores expuestos son el transporte de carga, transporte de pasajeros, minería, agricultura, construcción y actividades industriales intensivas en diésel. Un aumento persistente también puede trasladarse gradualmente hacia los precios finales de bienes que requieren transporte y distribución.
Existe, sin embargo, un elemento que mejora la posición de abastecimiento chilena frente a episodios de tensión marítima. ENAP mantiene contratos de largo plazo con productores argentinos para recibir petróleo de Vaca Muerta a través del Oleoducto Trasandino, acuerdos que pueden cubrir alrededor de 35% de su demanda anual de crudo y que estarán vigentes hasta junio de 2033.
Ese suministro terrestre reduce parte de la exposición logística al transporte marítimo, aunque no elimina el efecto que una subida global del petróleo puede tener sobre los precios de referencia internacionales.
Refinación agrega una segunda presión sobre los combustibles
El problema no está limitado al petróleo crudo.
La menor actividad de las refinerías de Medio Oriente y Asia está reduciendo también la disponibilidad de productos terminados, especialmente diésel, gasolina y combustible de aviación. El procesamiento mundial de petróleo se mantuvo durante julio cerca de 5 millones de barriles diarios por debajo del nivel registrado un año antes.
Esto significa que incluso una eventual estabilización del precio del crudo no necesariamente eliminaría inmediatamente las presiones sobre los combustibles refinados.
Para hogares y empresas chilenas, la evolución relevante durante las próximas semanas estará determinada por tres variables: la capacidad de recuperar el tránsito por Ormuz, la velocidad con que vuelva la producción del Golfo y el nivel al que logren estabilizarse los inventarios mundiales.
Mientras esas tres condiciones no mejoren de manera consistente, los precios internacionales de la energía seguirán expuestos a movimientos bruscos, con potencial impacto sobre transporte, costos empresariales y presupuesto familiar en Chile.










