
La organización de trabajadores reportó problemas de conectividad, energía y suministros básicos en operaciones del centro y norte de Chile. Los casos más complejos se concentraron en Los Pelambres, Caserones y Andina.
La Coordinadora de Trabajadores de la Minería (CTMIN) pidió reforzar las medidas de seguridad y fiscalización en las faenas afectadas por el sistema frontal, luego de reportar trabajadores aislados, cortes de energía, dificultades de comunicación y restricciones para ejecutar cambios de turno en distintas operaciones mineras del país.
La organización planteó que la continuidad productiva debe quedar subordinada a la protección de las personas cuando las condiciones meteorológicas impidan garantizar accesos seguros, evacuaciones, alimentación, agua potable, calefacción, energía de respaldo y comunicaciones.
El llamado se produce después de varios días de lluvias, nevazones, viento blanco, crecidas de cursos de agua y activación de quebradas en regiones con una alta concentración de operaciones mineras. La emergencia puso a prueba los planes de invierno de compañías, contratistas y organismos fiscalizadores, especialmente en faenas cordilleranas donde las rutas pueden quedar interrumpidas durante periodos prolongados.
Los Pelambres concentra uno de los principales reportes
Uno de los episodios expuestos por CTMIN se registró en Minera Los Pelambres, operación de cobre ubicada en la provincia del Choapa, Región de Coquimbo.
La coordinadora sostuvo que más de 510 trabajadores y trabajadoras permanecieron refugiados entre el hotel mina y el sector COM debido a las condiciones meteorológicas y a las restricciones de desplazamiento dentro de la operación.
Dentro de ese grupo, más de 360 personas habrían enfrentado interrupciones eléctricas, dificultades en los sistemas de respaldo y limitaciones relacionadas con el acceso a agua potable, alimentación, calefacción y comunicaciones.
Otros 90 trabajadores debieron ser evacuados a través del túnel de correas, sin contar con la posibilidad de retirar previamente ropa o pertenencias personales. El episodio volvió a instalar la discusión sobre la capacidad de las faenas para mantener refugios autónomos y sistemas redundantes durante contingencias de larga duración.
Los Pelambres había activado su Plan de Invierno y habilitado instalaciones para alojar al personal presente en las áreas de mina y planta. La operación también mantuvo equipos destinados al seguimiento de caminos, infraestructura y condiciones meteorológicas.
Las diferencias entre los antecedentes entregados por la empresa y los reportes levantados por representantes de los trabajadores deberán ser revisadas por los organismos competentes. El foco estará puesto en determinar si los sistemas de respaldo y los recursos disponibles resultaron suficientes frente a la intensidad y duración del evento.
Apagón y viento blanco en Caserones
CTMIN también reportó una situación compleja en Caserones, faena de cobre ubicada en la cordillera de la Región de Atacama y operada por Lundin Mining.
La contingencia habría incluido un apagón general, nevazones intensas y condiciones de viento blanco, mientras parte del personal permanecía en refugios situados a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar.
El aumento del caudal del río Pulido, la acumulación de nieve y la activación de quebradas afectaron la conectividad terrestre y dificultaron la ejecución normal de los cambios de turno.
Caserones suspendió temporalmente sus actividades ante la imposibilidad de garantizar condiciones seguras para el desplazamiento del personal. La medida refleja uno de los principales desafíos de las operaciones de alta montaña: la producción depende no solo del estado de las instalaciones, sino también de caminos, energía, comunicaciones, campamentos y servicios externos capaces de operar bajo condiciones extremas.
En este tipo de faenas, una interrupción vial puede impedir el ingreso de suministros, prolongar la permanencia de las dotaciones y retrasar la salida de trabajadores que ya completaron sus jornadas programadas.
Andina y operaciones del norte bajo seguimiento
Los antecedentes recopilados por la coordinadora también incluyen a trabajadores que habrían permanecido aislados durante varios días en División Andina de Codelco, operación emplazada en la cordillera de la Región de Valparaíso.
La faena enfrenta riesgos asociados a nevazones, bajas temperaturas, viento y restricciones de tránsito por rutas de montaña. Estos factores obligan a coordinar anticipadamente el transporte, los cambios de turno y la disponibilidad de instalaciones para alojar personal cuando los accesos quedan interrumpidos.
También se registraron detenciones y afectaciones en operaciones vinculadas a los valles del Huasco y Elqui. Entre las instalaciones mencionadas se encuentran Mina Los Colorados, Planta de Pellets y Puerto Guacolda II, componentes relevantes de la cadena productiva y logística del mineral de hierro en Atacama.
La aplicación de medidas especiales se extendió a otras operaciones, entre ellas Antucoya y Los Bronces. Aunque las condiciones variaron entre cada faena, el sistema frontal obligó a revisar desplazamientos, rutas, disponibilidad de equipos y exposición del personal en sectores de mayor riesgo.
Seguridad antes que continuidad operacional
La emergencia reactivó una definición central de la normativa laboral: la protección de la vida y la salud de los trabajadores debe prevalecer sobre la continuidad de las labores.
Cuando existe un riesgo grave e inminente, las empresas deben suspender las actividades afectadas y adoptar medidas para evacuar a las personas. Los trabajadores también pueden interrumpir sus funciones y abandonar el lugar cuando consideren, por motivos razonables, que continuar trabajando representa un peligro para su integridad.
La existencia de un sistema frontal no constituye automáticamente una imposibilidad absoluta para operar. Sin embargo, cada empresa debe evaluar las condiciones específicas de sus instalaciones, accesos, servicios básicos y medios de evacuación.
La disponibilidad de agua potable es especialmente relevante. Una faena que no pueda garantizar este suministro debe adoptar medidas correctivas inmediatas y evaluar la suspensión de las labores mientras persista la deficiencia.
CTMIN solicitó la intervención del Gobierno, la Dirección del Trabajo y Sernageomin mediante fiscalizaciones, investigaciones y medidas correctivas. La revisión podría abarcar la activación oportuna de los planes de invierno, las condiciones de los refugios, la autonomía energética y la capacidad real de evacuación.
Planes de invierno bajo presión
Antes de la llegada del frente meteorológico, las autoridades habían solicitado a las compañías activar sus planes preventivos y revisar instalaciones críticas. Sernageomin mantuvo monitoreo sobre faenas, depósitos de relaves y sectores expuestos a remociones en masa.
El episodio mostró que los planes de contingencia no pueden limitarse a disponer maquinaria para despejar nieve. También requieren sistemas eléctricos redundantes, reservas suficientes de combustible, agua, alimentos y medicamentos, además de enlaces de comunicación alternativos y personal capacitado para responder ante emergencias simultáneas.
La planificación debe considerar, además, a los trabajadores de empresas contratistas. En muchas operaciones, estas dotaciones participan en mantenimiento, transporte, alimentación, limpieza industrial, perforación y servicios críticos, pero pueden enfrentar diferencias en alojamiento, información y acceso a recursos de emergencia.
Los cambios de turno constituyen otro punto sensible. Trasladar personal durante nevazones, crecidas o baja visibilidad puede generar riesgos superiores a los que se busca evitar. Mantener trabajadores en faena, en tanto, exige disponer de condiciones adecuadas para extender su permanencia sin deteriorar el descanso, la alimentación o la salud.
Qué deberá revisar la industria minera
La magnitud del sistema frontal convertirá esta emergencia en una prueba para los protocolos climáticos de la minería chilena. Las fiscalizaciones deberán establecer si las medidas preventivas se activaron con suficiente anticipación y si los recursos disponibles respondieron a las condiciones reales del territorio.
También será necesario revisar la coordinación entre empresas, sindicatos, autoridades regionales, organismos de emergencia y operadores de caminos. La información levantada desde terreno resultó decisiva para identificar problemas de energía, conectividad y suministros que no siempre son visibles desde los centros corporativos.
Para una industria que concentra parte relevante de su producción en zonas cordilleranas y desérticas, la adaptación frente a fenómenos meteorológicos extremos dejó de ser una tarea estacional. La seguridad operacional dependerá cada vez más de infraestructura resiliente, decisiones preventivas y protocolos capaces de detener la producción antes de que una contingencia climática se transforme en una emergencia laboral.