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El Niño se fortalece y anticipa una primavera más lluviosa en la zona central de Chile

El fenómeno de El Niño se intensifica, lo que podría traer una primavera más lluviosa en la zona central de Chile, con proyecciones de precipitaciones superiores a lo normal.

El Niño se fortalece y anticipa una primavera más lluviosa en la zona central de Chile
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El fenómeno seguirá intensificándose durante los próximos meses y aumenta la probabilidad de precipitaciones sobre lo normal entre Coquimbo y La Araucanía, con especial atención sobre septiembre y octubre.

Chile podría enfrentar una primavera 2026 marcada por una mayor presencia de lluvias en buena parte de la zona central y centro-sur. El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico y las proyecciones internacionales apuntan a que podría alcanzar una intensidad muy elevada durante los últimos meses del año, modificando el comportamiento habitual de las precipitaciones y temperaturas en distintas regiones del país.

El escenario no significa que todas las semanas serán lluviosas ni permite anticipar desde ahora temporales específicos. Sin embargo, las señales estacionales muestran condiciones favorables para acumulados superiores a los normales desde Coquimbo hasta La Araucanía, mientras los efectos serían diferentes en los extremos norte y sur del territorio.

El Niño podría alcanzar una intensidad excepcional

El calentamiento del Pacífico ecuatorial se ha acelerado durante los últimos meses. NOAA mantiene un escenario de fortalecimiento de El Niño y estima una probabilidad superior al 90% de que el evento llegue a una categoría muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte, período que coincide con la primavera y el comienzo del verano en Chile.

Las proyecciones climáticas también muestran una alta probabilidad de que El Niño permanezca activo durante lo que resta de 2026 y continúe durante los primeros meses de 2027. Los modelos dinámicos evaluados por el International Research Institute for Climate and Society han proyectado anomalías superiores a 2 °C en la zona Niño 3.4, una referencia utilizada para evaluar la evolución del fenómeno.

Para Chile, la intensidad del fenómeno es relevante porque El Niño modifica la circulación atmosférica y puede favorecer configuraciones más propicias para precipitaciones en la zona central. Sin embargo, su presencia por sí sola no determina cuándo lloverá ni garantiza que cada sistema frontal sea intenso.

Septiembre y octubre aparecen bajo especial vigilancia

Uno de los períodos que concentra mayor atención es el comienzo de la primavera. Las proyecciones estacionales apuntan a condiciones favorables para precipitaciones sobre lo normal desde la Región de Coquimbo hasta La Araucanía durante el trimestre agosto-septiembre-octubre.

Entre septiembre y octubre podrían observarse excedentes importantes de precipitaciones en sectores de la zona centro-norte, central y centro-sur. Algunos escenarios climáticos considerados para el período muestran anomalías acumuladas que podrían ubicarse entre 80 y 100 milímetros por encima de los valores habituales en determinadas áreas.

Esto no implica necesariamente un temporal capaz de dejar esa cantidad de lluvia en pocas horas. El excedente también puede distribuirse en varios sistemas frontales de intensidad moderada durante semanas sucesivas.

Esa diferencia resulta clave para hogares, agricultores, empresas de transporte y autoridades, porque el impacto de varios episodios separados puede ser considerable si los suelos mantienen altos niveles de humedad o si ríos, quebradas y sistemas de evacuación de aguas reciben nuevas precipitaciones antes de recuperar su capacidad.

Maule a La Araucanía tendría una señal más clara

La incertidumbre meteorológica seguirá siendo alta en zonas como la Región Metropolitana, donde la geografía y la interacción entre cordillera, valle y costa pueden modificar considerablemente el comportamiento de cada sistema frontal.

Más hacia el sur, la señal estacional aparece más definida. Desde la Región del Maule hasta La Araucanía existe una mayor probabilidad de registrar excedentes de precipitaciones durante la primavera, un escenario que deberá evaluarse junto con los pronósticos de corto plazo a medida que se acerquen los eventos.

Para el sector agrícola, una primavera más húmeda puede tener efectos mixtos. Las precipitaciones contribuyen a la disponibilidad de agua y recuperación de sistemas naturales, pero eventos persistentes también pueden dificultar labores agrícolas, cosechas, aplicaciones y desplazamiento de maquinaria, dependiendo de la zona y del momento en que ocurran.

Atacama y Coquimbo enfrentan un escenario sensible

Las regiones de Atacama y Coquimbo también aparecen dentro de las zonas donde podrían registrarse precipitaciones sobre los rangos habituales.

El antecedente adquiere especial importancia después de los episodios de lluvias ocurridos durante el invierno en el norte y centro-norte. Nuevas precipitaciones sobre terrenos húmedos o sectores vulnerables pueden aumentar el riesgo de crecidas de quebradas, remociones en masa, cortes de caminos e inundaciones repentinas.

En estas regiones, incluso cantidades de agua menores que las registradas habitualmente en el centro-sur pueden generar impactos significativos debido a las características del terreno y de las cuencas.

Al mismo tiempo, la mayor disponibilidad de agua también podría favorecer las condiciones necesarias para una temporada activa del desierto florido, especialmente en sectores donde las precipitaciones acumuladas permitan la germinación y desarrollo de especies durante la primavera.

Podrían repetirse las tormentas eléctricas

Otro fenómeno que podría ganar presencia durante la primavera son las tormentas eléctricas.

Chile ha registrado durante las últimas semanas episodios de actividad eléctrica asociados a sistemas meteorológicos en zonas donde estos eventos son menos frecuentes. Con un ambiente más inestable y mayor disponibilidad de humedad, podrían volver a presentarse tormentas en sectores del centro y centro-norte durante los próximos meses.

Estas situaciones requieren especial atención porque pueden combinar precipitaciones concentradas, ráfagas de viento, descargas eléctricas y eventualmente granizos, factores capaces de afectar caminos, faenas al aire libre, infraestructura energética y actividades agrícolas.

El escenario cambia hacia el extremo sur

El comportamiento esperado no sería uniforme en todo Chile.

Mientras la zona central y centro-sur presenta una tendencia favorable a mayores precipitaciones, Aysén y Magallanes podrían registrar condiciones más secas respecto de sus valores habituales.

También existe una señal diferente para el extremo norte durante el verano. Hacia diciembre y enero, el invierno altiplánico podría presentar menor intensidad, un comportamiento compatible con algunos de los efectos típicamente asociados a El Niño.

Las temperaturas no necesariamente subirán de inmediato

Un El Niño intenso tampoco significa automáticamente una primavera extremadamente calurosa en todo el país.

Las proyecciones estacionales disponibles para la zona central muestran temperaturas que podrían mantenerse dentro de los rangos normales o incluso ubicarse temporalmente bajo esos valores, especialmente cuando exista mayor nubosidad y presencia de sistemas frontales.

La atención sobre las temperaturas aumenta hacia el verano 2027. Los eventos de El Niño pueden favorecer escenarios con máximas elevadas durante esa estación, por lo que diciembre, enero y febrero serán meses relevantes para evaluar cómo evoluciona el calentamiento del Pacífico.

Por ahora, la principal señal para Chile está puesta en una primavera potencialmente más húmeda entre Coquimbo y La Araucanía, con septiembre y octubre como meses especialmente relevantes. La intensidad real de cada episodio solo podrá determinarse mediante pronósticos meteorológicos de corto plazo, por lo que el fortalecimiento de El Niño debe entenderse como una señal de mayor probabilidad climática y no como una predicción anticipada de temporales específicos.