
El sistema de embalses monitoreado en nueve regiones alcanzó 6.451 millones de metros cúbicos al 10 de agosto, mientras la acumulación nival se ubicó por encima de sus registros históricos. El escenario mejora las perspectivas para generación hidroeléctrica, riego y disponibilidad de agua durante la temporada de deshielo.
Chile entró en la segunda mitad del invierno con una posición hídrica más favorable que hace un año. Los 25 embalses monitoreados a nivel nacional almacenaban 6.451 millones de metros cúbicos de agua al 10 de agosto de 2026, cifra que representa un aumento de 23,02% frente a los 5.244 millones de metros cúbicos registrados durante agosto de 2025.
La recuperación no se limita a los reservorios. La acumulación de nieve entre Coquimbo y Biobío muestra un superávit promedio de 60% en altura del manto nival respecto del período histórico 1991-2020, mientras que el equivalente en agua de la nieve se encuentra 29% por encima del promedio.
El comportamiento de ambas variables adquiere relevancia para actividades intensivas en recursos hídricos y energía, incluida la minería, porque una mayor disponibilidad superficial y mejores reservas cordilleranas pueden reducir parte de la presión sobre las cuencas durante la primavera y el verano. También entregan mejores condiciones para la generación hidroeléctrica, componente que influye directamente en el funcionamiento y los costos del sistema eléctrico que abastece a las operaciones industriales del centro y sur del país.
Embalses alcanzan 6.451 millones de metros cúbicos
La red considerada comprende 25 embalses distribuidos en nueve regiones. Del total, 64% tiene como uso principal el riego, 16% la generación eléctrica, 12% el abastecimiento de agua potable y 8% combina generación y riego.
El volumen total disponible equivale aproximadamente a la mitad de los 12.893 millones de metros cúbicos de capacidad agregada de los reservorios monitoreados. Dentro del conjunto, únicamente el embalse Peñuelas, en la Región de Valparaíso, permanece bajo el umbral de 20% de ocupación, con 16,2 millones de metros cúbicos y un nivel equivalente a 17% de su capacidad.
La situación contrasta con el comportamiento de varios reservorios del norte y centro del país. En Coquimbo, Recoleta, Cogotí, Culimo y Corrales se encuentran al 100% de capacidad, mientras La Paloma, el mayor embalse de la región considerado en el monitoreo, acumula 243,9 millones de metros cúbicos, equivalentes a 33% de su capacidad.
La recuperación en Coquimbo es especialmente relevante debido a la prolongada presión hídrica que ha enfrentado la región y a la competencia por el recurso entre consumo humano, agricultura y actividades productivas. Pese al repunte de algunos embalses, los niveles de La Laguna y Puclaro, ambos en la cuenca del Elqui, continúan en 24%, lo que muestra que la mejora no es homogénea entre sistemas.
Reservas hidroeléctricas mejoran en Maule y Biobío
El estado de los principales reservorios asociados a generación eléctrica también muestra condiciones favorables.
En la Región del Maule, cinco embalses concentran una capacidad total de 3.210 millones de metros cúbicos y almacenan actualmente 2.262,4 millones de metros cúbicos, equivalentes a 70,48% del volumen disponible.
Colbún destaca con 1.366 millones de metros cúbicos acumulados y 88% de ocupación, mientras Laguna del Maule registra 666,5 millones de metros cúbicos, correspondientes a 49% de su capacidad.
Más al sur, la Región del Biobío concentra algunos de los mayores reservorios vinculados al sistema eléctrico. Lago Laja, Ralco y Pangue suman una capacidad de 6.839 millones de metros cúbicos y almacenan cerca de 2.399 millones.
Ralco se encuentra al 97% de su capacidad, con 1.137 millones de metros cúbicos, mientras Pangue alcanza 99%. Lago Laja, en cambio, registra 1.179,7 millones de metros cúbicos, equivalentes a 21% de su capacidad total de 5.582 millones.
La evolución de estos reservorios será observada por el sector eléctrico durante los próximos meses. Una mayor disponibilidad de agua para generación hidroeléctrica puede favorecer la participación de esta tecnología en el sistema y complementar el crecimiento de las energías renovables variables, especialmente solar y eólica.
Para la minería, particularmente las operaciones conectadas al Sistema Eléctrico Nacional, la disponibilidad hidroeléctrica es una variable relevante porque incide en la composición de la generación, el despacho de centrales y las condiciones generales del mercado eléctrico.
Nieve supera ampliamente los promedios históricos
El segundo componente que refuerza el escenario hídrico es la acumulación nival.
Las mediciones disponibles entre las regiones de Coquimbo y Biobío arrojan una altura promedio de nieve de 159 centímetros, frente a un promedio histórico de 99 centímetros, lo que representa un superávit cercano a 60%.
Las diferencias son particularmente marcadas en algunos puntos de la cordillera de Coquimbo. Cerro Olivares, en la cuenca del Elqui, registra 85 centímetros de nieve frente a un promedio de 19 centímetros, equivalente a un superávit de 357%. Quebrada Larga, en la cuenca del Limarí, alcanza 144 centímetros frente a un registro histórico de 42 centímetros, con un superávit de 240%.
El equivalente en agua de la nieve también presenta una situación favorable. El promedio de las estaciones incluidas alcanza 503 milímetros, frente a los 390 milímetros del período histórico, situándose aproximadamente 29% por encima del nivel habitual.
Este indicador resulta especialmente relevante porque aproxima la cantidad de agua almacenada en forma de nieve que posteriormente puede incorporarse a ríos, embalses y sistemas acuíferos durante el proceso de deshielo.
Una señal favorable, pero con diferencias entre cuencas
Las precipitaciones acumuladas también muestran una situación heterogénea. De 76 estaciones consideradas en el monitoreo, 42 registran superávit respecto del promedio 1991-2020.
En la macrozona norte, 15 de las 21 estaciones evaluadas presentan precipitaciones superiores al promedio histórico. En la zona centro, comprendida entre Valparaíso y Maule, 18 de 28 estaciones se encuentran en superávit, mientras ocho mantienen déficit.
El escenario entrega una base hídrica más sólida para enfrentar los meses de primavera y verano, aunque todavía existen cuencas y reservorios con niveles inferiores a sus referencias históricas.
Para la industria minera, la evolución del manto nival y de los embalses seguirá siendo una variable estratégica. La disponibilidad de agua condiciona decisiones operacionales, infraestructura hídrica y planificación de largo plazo, especialmente en las regiones del norte y centro del país, donde coinciden grandes faenas mineras, agricultura, centros urbanos y ecosistemas sometidos a una elevada presión sobre las cuencas.
La atención durante las próximas semanas estará puesta en cuánto de la nieve acumulada se conserva hasta el inicio del deshielo y en la capacidad de los sistemas de almacenamiento para transformar las precipitaciones del invierno en disponibilidad efectiva de agua para la próxima temporada.






