Los envíos de carbonato, hidróxido y sulfato de litio casi triplicaron el desempeño de igual período de 2025, impulsados por mejores precios y una demanda sostenida desde Asia.
Las exportaciones chilenas de litio cerraron el primer semestre de 2026 con retornos por US$ 3.218 millones, su mayor registro para una primera mitad de año desde 2023. El resultado confirma una recuperación relevante para uno de los segmentos estratégicos de la minería no metálica nacional, luego de un 2025 marcado por precios más bajos y una menor contribución del mineral a la canasta exportadora.
El desempeño considera los principales productos que Chile coloca en los mercados internacionales: carbonato de litio, hidróxido de litio y sulfato de litio. La mejora estuvo asociada principalmente al repunte del precio promedio del mineral, que pasó desde niveles cercanos a US$ 9 mil por tonelada en el primer semestre de 2025 a alrededor de US$ 19 mil por tonelada en igual período de este año.
El cambio de escenario vuelve a instalar al litio como un factor relevante para la minería chilena, no solo por su aporte en divisas, sino también por su efecto sobre ingresos fiscales, contratos asociados al Salar de Atacama, proveedores especializados, logística química y posicionamiento del país en la cadena global de baterías.
Las cifras detrás del repunte
El salto frente al año pasado es significativo. Entre enero y junio de 2025, las exportaciones chilenas de litio alcanzaron US$ 1.118 millones. En el mismo período de 2026, el monto llegó a US$ 3.218 millones, lo que implica que el valor exportado prácticamente se triplicó.
El producto dominante volvió a ser el carbonato de litio, con US$ 2.352 millones durante los seis primeros meses del año. Esta categoría mantiene su peso estructural dentro de la oferta chilena, dada la escala productiva del Salar de Atacama y su rol en la industria de materiales para baterías.
El dato que destaca con mayor fuerza es el avance del sulfato de litio, que llegó a US$ 711 millones en el semestre. En igual período del año anterior, este producto había totalizado US$ 94 millones, por lo que su expansión muestra una mayor diversificación dentro de la canasta exportadora del mineral.
El registro semestral se ubica por debajo de los niveles extraordinarios observados en 2022 y 2023, cuando el mercado operaba bajo precios récord, pero marca un quiebre frente al ajuste vivido durante 2024 y 2025. En la primera mitad de 2023, los envíos llegaron a US$ 3.861 millones, mientras que en igual período de 2022 alcanzaron US$ 4.384 millones.
China mantiene el liderazgo como destino
China volvió a concentrar la mayor parte de las compras de litio chileno. En el primer semestre, el país asiático adquirió US$ 1.754 millones en carbonato de litio, equivalente al 55% del total comercializado desde Chile en esa categoría.
El peso de China confirma la dependencia comercial que mantiene la industria chilena respecto de la cadena asiática de baterías, donde se concentra una parte sustantiva de la refinación, fabricación de celdas y producción de vehículos eléctricos. Aunque China también ha aumentado su propia producción de litio y desplazó a Chile del segundo lugar mundial en producción, sigue siendo un comprador clave para la oferta nacional.
Corea del Sur y Japón también figuran entre los principales destinos del litio chileno, con una participación conjunta equivalente al 14% del total enviado, por US$ 446 millones. Ambos mercados son relevantes por su presencia en la industria de baterías, electrónica avanzada y manufactura automotriz.
Estados Unidos, en cambio, registró compras por US$ 48 millones en carbonato de litio durante el período. La cifra muestra una participación aún acotada en comparación con Asia, pese al interés de Washington por fortalecer cadenas de suministro de minerales críticos fuera de China.
Un mayor peso dentro de las exportaciones chilenas
Durante el primer semestre, Chile exportó bienes por cerca de US$ 60 mil millones. Dentro de ese total, el litio representó alrededor del 5%, una participación mayor que la observada en igual período de 2025, cuando llegó a 2%.
El avance es relevante porque devuelve al mineral parte del espacio perdido tras la corrección de precios que siguió al auge de 2022. Aun así, el cobre continúa siendo el eje dominante del comercio exterior minero chileno, con retornos semestrales cercanos a US$ 30 mil millones y una incidencia muy superior en la balanza exportadora.
La comparación entre ambos minerales muestra dos dinámicas distintas. El cobre sostiene una base productiva amplia, con operaciones de gran escala, contratos de largo plazo y presencia consolidada en los mercados industriales. El litio, en cambio, sigue mostrando una alta sensibilidad a los ciclos de precios, a los ajustes de oferta y a las decisiones de compra de la cadena de baterías.
Para Chile, esa volatilidad representa un desafío. El repunte de 2026 mejora el balance del sector, pero también confirma que el país necesita avanzar en producción, procesamiento, permisos, tecnología y acuerdos comerciales para capturar mayor valor en un mercado que seguirá siendo estratégico para la transición energética.
Precios, oferta y demanda explican el cambio de tendencia
La recuperación del valor exportado se explica principalmente por la mejora del precio. El mercado internacional del litio encontró mayor equilibrio durante 2026, luego de un período de sobreoferta, acumulación de inventarios y presión bajista sobre las cotizaciones.
Entre los factores que han incidido en el ajuste de oferta aparecen paralizaciones de operaciones en China, restricciones regulatorias, cambios en políticas de exportación de algunos países productores y revisiones de producción en proyectos de roca dura en Australia. Ese escenario redujo parte de la presión que había golpeado al mercado durante 2024 y 2025.
Por el lado de la demanda, la electromovilidad sigue siendo el principal motor estructural. A ello se suma el crecimiento de los sistemas de almacenamiento energético, cada vez más relevantes para estabilizar redes eléctricas con mayor presencia renovable. También comienza a ganar peso la demanda asociada a centros de datos, inteligencia artificial e infraestructura crítica, sectores que requieren respaldo energético y soluciones de almacenamiento de gran escala.
Para la minería chilena, el punto central es que el litio ya no depende solo del ciclo automotor. La ampliación de usos en almacenamiento estacionario puede sostener nuevas fuentes de demanda, aunque el mercado seguirá expuesto a cambios tecnológicos, sustitución de químicas, políticas industriales y competencia de otros países productores.
Qué implica para la industria chilena
El mejor semestre desde 2023 entrega una señal positiva para operadores, proveedores y autoridades, pero no elimina los desafíos de fondo. Chile mantiene ventajas geológicas y de costos en salares, especialmente en el Salar de Atacama, pero enfrenta presiones crecientes en materia ambiental, uso de agua, relacionamiento territorial, permisos y velocidad de desarrollo de nuevos proyectos.
La recuperación de precios puede mejorar los incentivos de inversión, acelerar decisiones operacionales y elevar la recaudación asociada a contratos vigentes. También puede fortalecer el interés por tecnologías de extracción directa, eficiencia hídrica, trazabilidad y procesamiento de mayor valor agregado.
Sin embargo, el mercado seguirá observando con atención la capacidad del país para aumentar producción de manera sostenible. La competencia regional, especialmente de Argentina, avanza con una cartera amplia de proyectos en salares y un marco de desarrollo más flexible. Australia mantiene liderazgo en volumen mediante roca dura, mientras China continúa integrando producción, refinación y demanda industrial.
En ese contexto, el resultado del primer semestre confirma que Chile conserva una posición relevante en el negocio global del litio, pero también que esa posición debe administrarse con visión de largo plazo. El precio volvió a jugar a favor, pero la competitividad futura dependerá de la capacidad de convertir recursos en producción, producción en valor industrial y valor industrial en encadenamientos para la economía minera nacional.







