La línea de apoyo antártica retrocedió y se perdieron 12.820 km² de hielo apoyado en 30 años: el punto crítico que vigilan los satélites

La línea de apoyo (grounding line) —la frontera donde el hielo deja de estar apoyado en el lecho y comienza a flotar— está mostrando retrocesos relevantes en sectores específicos de la Antártida. Un estudio liderado por Eric Rignot (Universidad de California, Irvine) compiló un registro satelital de 1992 a 2025 y cuantificó una pérdida de 12.820 ± 1.873 km² de hielo “apoyado” entre 1996 y 2025, con un promedio de 442 ± 64 km² por año, mientras gran parte del litoral se mantuvo estable en el mismo período, de acuerdo con el trabajo publicado en PNAS y disponible en este registro del estudio en PubMed.

La señal no es uniforme: el propio registro indica ausencia de migración de la línea de apoyo en más del 77% del largo costero antártico, pero concentra el retroceso en zonas vulnerables de la Antártida Occidental, partes de la Oriental y la Península Antártica.

Qué mide la “línea de apoyo” y por qué define la estabilidad del hielo

En glaciares que terminan en el océano, la línea de apoyo marca el punto donde el hielo pasa de estar “anclado” al suelo a flotar. Cuando esa línea migra hacia el interior, la porción de hielo apoyado disminuye y se reorganiza la geometría que frena el flujo glaciar hacia el mar.

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El concepto es clave porque el estudio no evalúa solo el “borde visible” del hielo, sino el desplazamiento de la zona de transición entre hielo apoyado y flotante, que es una referencia directa para entender cambios en estabilidad y balance de masa.

El balance 1992–2025: estabilidad mayoritaria, pero con pérdidas medidas en áreas críticas

El registro satelital del trabajo cubre 1992–2025 y reporta que la estabilidad domina el panorama general: más del 77% del largo costero no mostró migración detectable de la línea de apoyo. El contraste aparece en los sectores donde sí se observó retroceso, que concentran la pérdida acumulada de hielo apoyado.

Datos centrales reportados por el estudio para 1996–2025:

  • Pérdida total de hielo apoyado: 12.820 ± 1.873 km².
  • Ritmo promedio de pérdida: 442 ± 64 km²/año.
  • Distribución regional de la pérdida: 62% atribuida a Antártida Occidental y 28% a Antártida Oriental.

Dónde se observan los retrocesos más grandes: Amundsen, Getz y glaciares puntuales

Los mayores retrocesos se agrupan en la Antártida Occidental, especialmente en el entorno del mar de Amundsen y el sector Getz, además de segmentos de la Península Antártica y zonas de la Antártida Oriental.

Entre los retrocesos máximos informados por el registro, destacan mediciones por glaciar (variación aproximada respecto de su posición histórica en el período de estudio):

  • Smith: hasta 42 km de retroceso.
  • Pine Island: alrededor de 33 km.
  • Thwaites: alrededor de 26 km.

Este patrón encaja con lo que se viene observando en sistemas sensibles del oeste antártico; en contexto, una referencia reciente sobre mediciones directas cerca de esa zona de transición es la campaña descrita en esta perforación planificada en Thwaites para instrumentar el área cercana a la línea de apoyo.

El factor submarino: corrientes relativamente cálidas y lechos que facilitan el retroceso

El estudio atribuye la concentración del retroceso a sectores donde la batimetría y los canales submarinos facilitan que aguas oceánicas más cálidas alcancen las zonas profundas cercanas a la línea de apoyo, especialmente donde el lecho presenta pendientes “hacia el interior” (retrograde), lo que aumenta la vulnerabilidad a retrocesos sostenidos.

En esa misma lógica, trabajos sobre el relieve submarino antártico han enfatizado cómo cañones y corredores del fondo marino pueden canalizar intrusiones de aguas como la Circumpolar Deep Water hacia áreas próximas a plataformas de hielo; un ejemplo de ese enfoque está en este análisis sobre estructuras submarinas y su relación con la circulación en torno a la Antártida.

Cómo se midió: radar satelital e interferometría para ver cambios donde el ojo no llega

El registro se construyó con interferometría diferencial basada en radar de apertura sintética (SAR), combinando observaciones de misiones como ERS-1/2, Sentinel-1, RADARSAT (incluida la constelación), ALOS PALSAR-2, COSMO-SkyMed e ICEYE, entre otras listadas por el propio trabajo.

La Agencia Espacial Europea sintetizó el alcance de este resultado y su vínculo con la observación por radar (incluyendo Sentinel-1) en un reporte técnico donde también cita a Rignot; en esa nota, el glaciólogo afirmó: “Este trabajo no habría sido posible sin el apoyo incondicional de agencias internacionales para poner a disposición observaciones de las regiones polares”, según el resumen de la ESA sobre el estudio y Sentinel-1.

Qué puntos siguen bajo vigilancia: zonas sensibles y un foco abierto en la Península Antártica

El estudio identifica “puertas de entrada” donde el retroceso podría acelerarse por la combinación de océano, topografía y geometría del lecho. Al mismo tiempo, reporta un punto que no queda completamente explicado por el patrón oceánico dominante: el noreste de la Península Antártica, citado como excepción en la concentración de retrocesos.

En paralelo, el hecho de que el retroceso se concentre en regiones específicas refuerza la lectura de una Antártida con respuestas regionales diferenciadas, una idea que también se aborda desde otra perspectiva en este análisis sobre la diferencia entre Antártida Occidental y Oriental y en el seguimiento del rol de glaciares clave del oeste en el nivel del mar, como se resume en esta nota sobre el umbral de 65 cm asociado a Thwaites y el foco científico.

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